Firma invitada: Francisco R. Breijo-Márquez.

Hay autores que, para un servidor, son de lectura ceremonial.

Me resultan altamente sensatas sus palabras, y congruentes sus ideas. En su linea habitual, normalmente.

Lecturas interesantesLos principios pueden evolucionar y cambiar (sin regodeos con la frase de Groucho), los valores jamás.

Y mi abanico de autores es amplio: desde Pérez-Reverte – un irredento escéptico marcado, posiblemente, por sus experiencias de horror chuleando a la muerte- hasta Alfonso Ussía, tan noble y aristócrata él (a más de un tenista fenomenal, según él mismo refiere).

Almudena Grandes ,me resulta amena en muchos de sus artículos y muy cercana. Rosa Montero cada vez menos, la verdad.

Hasta Javier Marías me va enganchando un poco más cada día (cada semana, para ser exactos).  Ramoneda me resulta un maestro; Gabilondo ni les cuento.

Esto con respecto a los grandes escritores españoles. Al menos para mi.

Después vienen los menos conocidos a nivel nacional (o internacional). Los más próximos.

Rafael López Villar se lleva mi palma entera. Sus exposiciones claras y su exquisita sensatez, me subliman. Francisco Page -a quien ya no veo por ahí- me encanta por la amargura sarcástica con  la que expone los temas que escribe. Casarrubios no se queda atrás.

¿Otros? Mejor no hablar. Incluido, por supuesto, el firmante.

No haré nominativos. Intentar- solo intentar- hacer sangre, no lo atisbo en mi mensaje adeneíco.

No obstante y muy de vez en cuando, también hago las lecturas pertinentes (en otro caso, sería escribir sin conocimiento y malvadamente…¡tan arraigadas siempre tales posturas!).

Pero si. De vez en cuando les leo y, a veces, sonrío.

No suelen ‘mojarse’:

 “…en mi opinión”. “..quizá puede ser que se pueda…” “…considero que…”.

Sin aserción alguna que pueda revertir en su contra. Fácil y cobarde pose, pero… ahuyentado criticas adversas, a poder ser.

Me escriben sobre Dios y todas las ventajas que tiene el ser un profundo creyente para alcanzar los objetivos últimos de la pureza y excelsitud. O de filósofos que les conviene. O redundando sobre temas que otros autores, más asertos y contundentes,  han escrito largo y tendido mucho tiempo antes,  mojándose sin necesidad de querer peces.

O – y eso es lo más frecuente- de lo canallas que son unos políticos y la nobleza que derrochan los propios. Que dónde reinen los suyos, toda otra bandera sobra. Y su viceversa, lógicamente. En función de la linea editorial en la que se decante el periódico dónde publiquen. En puro vaivén.

No obstante, hay por ahí lecturas que, por fas o nefas, me interesan por cuestiones de oficio y me las empapo.

Una de ellas pertenece a un articulista que firma como Lorenzo Sentenac, que lleva por titulo “El deterioro de la atención primaria del Sescam” (‘Sescam’ son las siglas de ‘servicio de salud de Castilla la Mancha). El articulista, si no lo borda, si que le pone encajes de bolillos auténticos. Algo enrevesado e incompresible- calculo yo- para el personal no cualificado pero tan real como la entidad contra la que escribe. Sin embargo, y sin ánimo alguna de agravio, según su escrito no puedo estar de acuerdo con su título.

Algo escribí sobre el tema de la atención primaria en España.Y cómo la veía un servidor de deslustrada e imperfecta desde su nacimiento; allá por el 1986. Por tanto, o nació ya tarada o es prácticamente imposible más deterioro. No creo que una ruina pueda deteriorarse más de lo que ya es.

La atención primaria en España, fuere de la comunidad autónoma que fuere, ya nació herida de muerte. Y con abandono- y tal vez escarnio – por parte de los distintos partidos políticos que tanto prometían y seguirán haciéndolo. En estas tierras – que siempre se adornan con el Quijote – solo dos partidos, alternándose en poner a caldo al anterior con obtención de nulos resultados prácticos en sus respectivas legislaturas. Si acaso con más ‘pues anda que tú’ que los precedentes…y ya era.

Escribe Sentenac – que me da la impresión que es de mi oficio – entre otras cosas que son incuestionablemente ciertas y palpables, que la culpa de las listas de espera no es otra que la mala gestión de las guardias extra-hospitalarias en cuanto a número de horas sin parar en una atención médica continuada (y sin parar de atender) y algo sobre las ‘libranzas por guardia’ de los médicos que no están en un servicio de supuestas urgencias extra- hospitalarias. No le quito razón. Pero no le concedo toda.

Con el debido respeto y la consideración resabida, me conozco el percal a tutiplén. En todas las categorías. Desde una jefatura de departamento ganada en buena lid, hasta PEAC (que ahora no recuerdo qué significa).

El problema de las listas de espera está en la atención especializada  de consultas externas. Porque tales especialistas están hasta arriba de tanta derivación (faltan especialistas hasta la descortesía). Y que tales derivaciones suelen ser producidas por la insistencia de personas (me niego a llamar pacientes, que de eso andamos todos sobrados) muy mal educadas desde el punto de vista sanitario – y del otro normalmente también – de que quieren ser valorados por tales especialistas porque no se fían ni un pelo de la capacidad diagnóstica- terapéutica del médico de atención primaria (MEAP, creo que se sigla). Si a eso le añadimos que los susodichos especialistas suelen poner a caer de un burro viejo a los MEAP por derivar lo que catalogan de bobadas (y en muchos casos así es; en otros no; y yo he tenido más de un pollo gordo con tales) y estos se callan por no pecar…¡equilicua! Blanco, en botella y listas de espera que te crío. ¡Quién calla…suela otorgar! Y tampoco es eso…

Como conocedor de ambos campos – hospitalario y extra-hospitalario – me considero experimentado en estas lides (quizá solo sea pura vanagloria petulante, aunque no lo creo así) y de opinar con buen criterio al respecto.

A pesar de estar en acorde con el articulista, no lo estoy tanto con sus evidencias y conclusiones definitivas. Salvo en que no vislumbra diferencia entre los azules de antes y los rosados de ahora.

En cualquier caso, y como así titulo este humilde escrito, era para un servidor una “Lectura interesante”.

Ánimo pues. Pero más claro, más contundente y sin hebras que puedan perderse. De ser posible, claro está.

Francisco R. Breijo-Márquez. Doctor en Medicina. Full Professorship of Clinical and Experimental Cardiology at East Boston Hospital, Boston. Massachusetts. (On voluntary leave, currently)