El Gobierno de Castilla-La Mancha ha dado por controlado y ha rebajado a nivel 0 el incendio forestal de La Mierla, 18 días después de su inicio el pasado 16 de julio. Tras calcinar aproximadamente 32.000 hectáreas y obligar a evacuar 34 municipios de la provincia de Guadalajara, la emergencia desciende un escalón al desaparecer el riesgo directo para la población, las infraestructuras y las carreteras.
La delegada de la Junta en Guadalajara, Rosa María García, ha confirmado que el dispositivo del Plan INFOCAM mantendrá una vigilancia activa sobre los 120 kilómetros de perímetro afectado, donde cinco efectivos y dos medios terrestres siguen trabajando para apagar los puntos calientes y evitar reactivaciones. De forma paralela a las labores de extinción, la Dirección General de Medio Natural y Biodiversidad ya ha comenzado la construcción de fajinas y albarradas. Este trabajo de restauración hidrológico-forestal tiene un objetivo crítico e inmediato: frenar la escorrentía en caso de lluvias para blindar la captación de agua que abastece a los vecinos de La Mierla.

Evolución de los protocolos contra el fuego
Repasar la hemeroteca de Liberal de Castilla ante un incendio de 32.000 hectáreas en Guadalajara obliga a mirar hacia la historia forestal de la provincia, recordando catástrofes de magnitud similar como el fuego de Riba de Saelices en 2005. Analizar ambos escenarios permite entender la transformación en la gestión de emergencias sobre el terreno a lo largo de las últimas dos décadas.
A diferencia de crisis históricas anteriores, el manejo de este gran incendio ha priorizado un modelo preventivo mucho más agresivo para proteger la vida humana, llegando a decretar el confinamiento de 14 localidades y la evacuación de otras 34. Esta evolución del Plan INFOCAM demuestra que los protocolos actuales no solo se enfocan en perimetrar las llamas, sino que enlazan la fase final de la extinción con la recuperación inmediata del entorno. La rápida intervención actual en los cauces de La Mierla refleja este aprendizaje institucional: proteger las cuencas hídricas antes de las primeras lluvias es fundamental para evitar que las cenizas provoquen un desastre medioambiental secundario.

