Gabriela se desenvuelve como pez en el agua con los programas de diseño gráfico, si bien la creación artística no era la suyo. De formación informática, a Gladys le fue fatal con la pintura en el bachillerato. Como el que acude a un museo, lee un libro o ve una película, Santiago sabía lo justo y necesario sobre el tratamiento del color. Sin embargo, todos ellos han descubierto algo en común: la creatividad. A la que han dado rienda suelta en el taller de dibujo y pintura de Yebes y Valdeluz. Bajo la dirección del artista plástico José Luis Sosa, hasta el próximo 29 de junio el Centro Cultural de Valdeluz acoge una exposición con los diferentes universos de los alumnos. Que son el resultado de experimentar con las técnicas pictóricas que mejor se adecuaban a sus habilidades y en las que han estado enfrascados a lo largo del curso. Acrílico, pastel, acuarela o lápiz, en la pintura han encontrado un espléndido vehículo de expresión plástica y emocional.

El Centro Cultural de Valdeluz descubre al espectador la creatividad de los alumnos del taller de pintura
Uno de los retos de esta experiencia artística y emocional ha sido la elaboración de libros de artista a partir del poema de una amiga, que cada uno resolvió de acuerdo a sus emociones e interpretaciones

Sosa admite que no tuvo que depurar ningún defecto, corregir métodos ni aleccionar a sus discípulos para que se decantasen por una determinada solución, técnica o elaboración. Por un estilo u otro. Para no influir en los criterios, permitió que cada uno explorara las cualidades de acuerdo a su creatividad. “Cuando el maestro está presente, es un problema”, acepta. Porque él mejor que nadie sabe que si se hubiese involucrado directamente en esa faena, el resultado hubiera sido el suyo. “Al contrario, lo que he buscado y conseguido es que cada uno encontrase el ritmo y mano para transmitir y reflejar su propia personalidad”, explica el responsable del taller, que se considera a sí mismo no un profesor sino un “orientador y educador”. En varios casos, la evolución ha sido enorme pues llevaban años sin coger un lápiz y se han atrevido con la acuarela, una de las artes pictóricas más complejas.

Especialmente admirable es el caso de Santiago, que a sus 73 años aún tiene la motivación y empeño necesarios para situarse frente al caballete. Es la voz de la experiencia. “Cuando era joven tenía más ruido y compulsiones, más ganas de comerme el mundo. Quería hablar. Ahora, escucho”, cuenta. Al ver el resultado de sus obras, declara orgulloso que eso es lo que necesita contar al mundo. Hoy, busca retratar la depresión. Pero sin fealdad. “Lo que ha salido de dentro de mi tiene mucho color; igual que escribir un poema, pintar es sacar cosas de la memoria y ponerlas a la vista de la consciencia”, explica. Imágenes que estaban ocultas y navegando en un segundo plano, que hacían ruido y molestaban pero que, al expresarlas y reproducirlas sobre el lienzo, se convierten en parte de la vida y se acomodan con el resto de las cosas. “Es un crecer, una ayuda, un descubrimiento. Un modo de filosofar. Cuando me enfrento a un cuadro desconozco de antemano qué va a salir. Es el lado oscuro, líneas y colores que no me angustian y que luego acomodo para que expresen mi mundo interior”, precisa.

Un reto que aceptaron los alumnos del taller de dibujo y pintura de Yebes y Valdeluz fue crear piezas de arte cuyo concepto implicase una conexión de ideas. A partir del poema escrito por una amiga, que sirvió de fuente de inspiración para todos. Son los llamados ‘libros de artista’ donde se conjuga imagen y texto, predominando por lo general aquella sobre este. Una forma de expresión a modo de simbiosis de múltiples combinaciones que se expresan en distintos lenguajes y soportes de comunicación. Eso le da un sentido lúdico y participativo a la obra pues el libro de artista se puede ver, tocar, hojear, sentir, manipular y hasta oler. “Ha sido un proceso de creatividad en estado puro donde cada uno resolvió ese desafío partiendo de un mismo punto y en base a un criterio interpretativo de emociones, sentidos y mensajes”, explica José Luis Sosa, director del taller.

Todos los participantes en esta experiencia confiesan que ha supuesto una “oportunidad” de juntarse y empezar a reconstruir desde cero. “Es muy gratificante que nuestros artistas tengan un espacio en el que puedan crear y expresar. Y que un artista de la talla y valía humana de Jose Luis Sosa les ayude a separar la cáscara del grano”, afirma Juan Antonio Perojo, concejal de Cultura. Porque muchos de los alumnos no sabían lo que guardaban dentro y se han quedado sorprendidos. “Había una mano que desarrollar. Así que este viaje ha sido todo un descubrimiento”, concluye el edil.