Borja Ruiz, investigador y director teatral, es uno de los miembros fundadores de la compañía vasca Kabia Teatro, un grupo que ha conseguido un sello de identidad propio que se ve reflejado en sus trabajos, el último ‘Alicia después de Alicia’, basada en el personaje de Lewis Carroll. Con esta obra han ganado el premio Ercilla a la mejor producción vasca y viajarán en unos días a Brasil para participar en el festival Cena Contemporânea. A su regreso Borja Ruiz y la actriz Juana Lor viajarán a Cuenca para impartir sendos cursos en las II Jornadas Nacionales de Formación Escénica Cuenca a Escena.

Borja Ruiz “Aprendiendo a manejar el espacio y el tiempo abriremos nuestro horizonte creativo”¿Cual es el primer recuerdo relacionado con el teatro que le viene a la cabeza?

Creo que mi primer recuerdo probablemente sea viendo a José Luis Gómez haciendo ‘Informe para una Academia’ porque me o puso mi padre cuando tendría unos diez u once años. Aquello era teatro filmado pero creo que me impactó lo suficiente como para seguir haciendo teatro muchos años después. Ver a ese mono-hombre moverse de esa forma y hablar de esa forma me despertó las ganas de indagar.

¿Comenzó pronto a actuar?

Lo más clásico era comenzar en la ikastola. En la asignatura de literatura se hacían obras de fin de curso y yo siempre estaba ahí para actuar. Después comencé a hacer un curso con la compañía Gaitzerdi, con catorce años. A los 16 comencé a hacer espectáculos con ellos. Esa compañía al principio era un grupo independiente pero se fue profesionalizando y yo me fui profesionalizando con ellos.

¿Se puede decir que Gaitzerdi y Borja Ruiz crecieron juntos?

Gaitzerdi ya llevaba tiempo, empezó en 1988 y yo empecé a hacer cursos con ellos cuando llevaban una década. De alguna forma sí que me ligué al teatro profesional gracias a Gaitzerdi, sobre todo por el teatro de calle. Después creamos Kabia, al principio dentro de Gaitzerdi hasta que crecimos lo suficiente para hacer vida  autónoma.

¿En Gaitzerdi solamente actuaba o ya empezaba a implicarse en labores de creación?

Es diferente cómo se creaba en Gaitzerdi a cómo se trabaja en Kabia. En Gaitzerdi la responsabilidad creativa recaía mucho en los actores. Tu formación no era solamente ser actor en los diferentes formatos sino también creador. Vives la creación teatral desde todos los puntos de vista, no solamente desde la interpretación. En Gaitzerdi interpretabas un personaje, estabas pensando en la puesta en escena, en los objetos que ibas a utilizar… Realmente fue una muy buena escuela.

¿Cómo llega el momento en el que nace Kabia y decide volar sola?

En 2006 nos juntamos una serie de personas que teníamos una inquietud muy similar, la de investigar en el hecho teatral y sobre todo dar tiempo a las creaciones para que puedan surgir con una atmósfera y un gusto diferente. Estábamos acostumbrados, todavía lo estamos, a crear espectáculos en dos o tres meses. Nosotros queríamos romper esa inercia y crear espectáculos con un proceso de maduración más largo. Al principio eramos cinco y a los dos años éramos diez. Teníamos un impulso por investigar y por general a nivel grupal un teatro propio con las herramientas que tenemos. Eso fue lo que nos unió, porque en realidad si analizas la trayectoria personal de cada uno de nosotros somos muy diferentes. Había personas que venían de la danza y del ballet clásico, otros que tenían un trabajo ligado al teatro de calle, del clown, de un teatro más textual… Había una especie de mixtura de lenguajes muy diferentes. Si no hubiésemos tenido ese impulso por investigar conjuntamente habría sido difícil que nos juntásemos. Dar tiempo a los espectáculos nos ha permitido que todos esos lenguajes se juntasen en el lenguaje de Kabia.

¿Cuánto tiempo le dedican a cada espectáculo?

En los espectáculos de gran formato tardábamos dos años. ‘Alicia después de Alicia’, que ha sido nuestro último gran trabajo, ha sido un proceso de un año y medio desde que hay un primer fogonazo de idea hasta que eso se convirtió en un espectáculo. También es cierto que hemos ido rompiendo esa inercia, para buscar diferentes lenguajes y no estancarnos ni en las cuestiones creativas ni en las de proceso. Hemos hecho piezas breves como ‘El árbol de Hirosima’, que la creamos en un mes. En realidad ‘Alicia después de Alicia lo hemos hecho en tres fases, no como con ‘Decir lluvia y que llueva’, que fueron dos años. Intentamos que cada obra sea diferente y nos rete de una forma especial cada vez.

En ‘Alicia después de Alicia’ han hecho un trabajo innovador especialmente en lo visual…

Sobre todo ha sido un trabajo de muchísimas personas. En total éramos unas 30 personas implicadas en diferentes partes. Y lo que hay es mucho talento y mucha generosidad, si no sería imposible hacer un espectáculo como ‘Alicia después de Alicia’, porque sabemos que estamos jugando con un lenguaje propio pero que intentamos que atrape al espectador. Está lleno de retos y para afrontarlos tienes que tener a gente con talento que te acompañe y que sea muy generosa, porque si no, no sale. El equipo se entregó a corazón abierto.

¿Va estar ya siempre detrás de los espectáculos o de vez en cuando le apetece subirse a las tablas?

Me gusta más la dirección de escena, sinceramente, me reta más. Pero fíjate que hace tres años me propusieron hacer precisamente ‘Informe para una Academia’ en euskera. Y lo hice, cuando pensaba que ya nunca volvería a actuar. No lo descarto porque cuando entrenamos en Kabia yo participo como un actor más. Hay una parte de mi impulso actoral que o está apagada. Pero en esta fase estoy volcado en la dirección escénica, en cómo crear espectáculos y hacer pervivir una compañía como la nuestra, fundamentada en el colectivo y la investigación y que va un poco a contracorriente de los tiempos.

Respecto a la investigación, ¿cuándo empieza a volcarse en ella?

Creo que todo surge por un complejo (risas) porque cuando yo estaba Gaitzerdi yo tuve muy pronto el deseo de dedicarme profesionalmente al teatro pero en aquella época en el País Vasco no había escuelas de teatro oficiales reconocidas y por lo tanto toda mi formación estaba ligada a Gaitzerdi, a hacer teatro de forma independientemente. Desde el momento en el que tienes un impulso profesional y sabes que no estás recibiendo una formación reglada aparece un complejo que te dice a ti mismo que tienes que saber, de una forma muy profunda, qué te ha precedido en el teatro en el siglo anterior, qué han dicho todos los maestros antes de que yo pise un teatro. Como no tenía una formación oficial tenía que investigar lo que se ha hecho previamente. De ese complejo positivo surge el impulso por devorar todas las teorías teatrales procedentes: Grotowski, Eugenio Barba, teatros orientales… Después eso va cogiendo diferentes formas, se encamina a una labor más ligada a la teoría teatral, con publicaciones en libros y artículos. Pero no se puede separar la teoría de la práctica y cuando se genera Kabia y hay un grupo de personas poniendo de su parte para genera un teatro propio toda esa labor de investigación, que en mi caso surge años atrás por mi ansia de devorar libros, toda esa teoría se ve confrontada con una práctica real y empezamos a probar diferentes maneras de hacer teatro.

¿Esos conocimientos teóricos se podrán poner en práctica en su curso en Cuenca?

El curso que daré en Cuenca es eminentemente práctico, porque como decía Grotowski el teatro es como robar, solamente se puede aprender haciéndolo. Pero son una serie de búsquedas que están muy ligadas a un pensamiento particular en el teatro, al por qué hacemos teatro y a una serie de conceptos muy ligados a la teoría. Pero es a través del sudor que pensamos, no al revés.

¿Puede explicar los dos conceptos que conforman su curso, Movimiento y Composición Escénica?

Son conceptos que van unidos. Básicamente lo que intentamos es ver qué podemos hacer con todo lo que hay de piel para fuera. De piel para fuera están el resto de personas que nos acompañan, cómo componemos en el espacio, qué tipo de espacio podemos generar conjuntamente y cómo podemos extraer el sentido dramático del espacio. Según cómo nos movemos en el espacio generamos diferentes cuadros con diferentes sentidos dramáticos. Y la otra parte está ligada al tiempo, cómo lo utilizamos, con qué intensidad y energía nos movemos y cómo eso también está ligado a unos sentidos dramáticos que son esenciales cuando hacemos teatro. Vamos a ir a la esencia de lo que es el hecho escénico en sí, en el sentido de cómo manejamos el espacio y cómo manejamos el tiempo. Cuando aprendamos a manejarlos estaremos abriendo nuestro horizonte creativo. Vamos a trabajar con todo lo que está fuera del texto, no vamos a trabajar texto. Vamos a trabajar con el espacio y con el tiempo y veremos cómo el teatro puede surgir siendo sensible a estos dos conceptos.

¿Es un curso para profesionales del teatro o también puede ser útil para personas no iniciadas?

Estas mociones que trabajamos las pueden coger personas que no han hecho teatro nunca. Cuando se explican las cosas en lenguaje de teatro parecen más complejas pero después la práctica es muy intuitiva. Yo he hecho ejercicios con personas sin experiencia y como es todo intuición se acoplan perfectamente. Lo que sí que se necesitan son ganas de exprimir el tiempo que estemos allí explorando de verdad. Después cada uno, según su nivel, irá descubriendo unas cosas u otras. Pero no está cerrado a personas que no tengan experiencia.

¿Es complementario su curso con el que impartirá Juana Lor, su compañera en Kabia?

Completamente. Nuestros cursos se extraen del entrenamiento que hemos ido desarrollando en Kabia. Juana tiene su propia área de investigación y de entrenamiento y yo tengo otra pero las dos convergen. De hecho, las dos son partes esenciales del trabajo en Kabia, tanto en los entrenamientos como en la creación de los espectáculos.

Si desea añadir alguna cosa más…

Estoy encantado de poner un granito de arena en esta propuesta tan bonita como es la de las Jornadas Cuenca a Escena. Conozco a la mayoría de sus maestros y maestras, porque también han sido los míos: Ramón Barea, Juan Carlos Garaizabal e incluso Juana Lor. Me encanta poder compartir cursos con ellos en un entorno tan bonito, por la zona geográfica y por la zona humana y dar un espacio a hacer teatro, investigar teatro y transmitir teatro, que es lo que nos motiva. Para mí va a ser un placer.

 

Borja Ruiz impartirá el curso Movimiento y Composición Escénica en las II Jornadas Nacionales de Formación Escénica Cuenca a Escena, que se celebrarán del 5 al 8 de septiembre en la capital conquense. Más información en la página de Facebook de las jornadas y en el blog de Palanka Teatro.