Almonacid de Zorita se prepara para vivir una de las fiestas tradicionales más bonitas del año, y sin duda, la de más arraigo en el pueblo. La organiza el colectivo más antiguo de la villa almonacileña, que es la Hermandad del Santísimo Sacramento. El primer documento que atestigua su existencia data de 1540. De  aquel año queda acreditada en el archivo parroquial una donación de censos a beneficio de esta Cofradía.

Almonacid de Zorita se prepara para vivir la fiesta del Corpus, declarada de interés turístico provincialSin embargo, el primer libro de la Hermandad que se conserva en la actualidad está fechado en el año 1714. En él se hace referencia a alguno anterior, que se ha perdido. Este documento recoge la celebración anual, y de su texto se deduce la importancia que debió tener la entidad porque, según relata, se llegaron a celebrar ‘corridas de patos’, e incluso  ‘corridas de toros’, que suscitaban el interés de gentes llegadas de otras localidades. Asimismo, el libro da cuenta de que  había baile popular, con orquestas y chirimías con motivo del Corpus Christi.

La Hermandad sufrió un bache en la época de la Desamortización de Mendizábal y años posteriores (1834) que  condujo prácticamente a su desaparición. Sin embargo, se retomó el culto al Santísimo Sacramento, que llegó hasta la Guerra Civil. El pueblo de Almonacid de Zorita quedó enclavado en zona republicana, de manera que muchas de las reliquias que había en las iglesias fueron destruidas. De nuevo comenzó un periodo de sombra para la Cofradía que se prolongó entre los años 1936 y 1964.  Fue entonces cuando un almorcileño, Manuel Toledano Parra, siendo párroco local Epifanio Herranz,  impulsó la refundación de la Hermandad. Se abrió entonces un libro nuevo,  y se reinició el culto al Santísimo Sacramento, que se  ha mantenido, de manera ininterrumpida, hasta la fecha.

Además de la propia celebración del Corpus, que tiene una liturgia concreta, los terceros domingos de cada mes tiene lugar en el interior de la iglesia de Santo Domingo de Silos  una procesión con la Custodia. La fiesta es conocida como La Minerva, al igual que en muchos otros lugares de España. La celebración del Corpus Christi tiene su origen en el Concilio de Trento. Su finalidad es proclamar y aumentar la fe de los creyentes en la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento, dándole públicamente el culto de adoración (latría) el jueves posterior a la solemnidad de la Santísima Trinidad, que a su vez se realiza el domingo siguiente a Pentecostés (es decir, el Corpus Christi se celebra 60 días después del Domingo de Resurrección). Específicamente, el Corpus Christi es el jueves que sigue al noveno domingo después de la primera luna llena de primavera del hemisferio norte. En Almonacid de Zorita, como en muchos otros lugares de España, la fiesta ha sido trasladada al domingo siguiente, para adaptarse al calendario laboral. En aquel contexto histórico fue cuando la Iglesia mostró su deseo de que se fundasen congregaciones para la veneración del Santísimo Sacramento. Entonces debió de nacer la de Almonacid de Zorita.

En 2018, la celebración del Corpus tendrá lugar el próximo domingo, día 3 de junio. Después de la eucaristía, saldrá la procesión con la custodia, bajo palio, que porta el cuerpo de Cristo. El orden de peregrinación siempre es el mismo. El desfile lo encabeza el estandarte de la Hermandad del Santísimo Sacramento, con su distintivo y escapulario y, a continuación, lo hacen  los correspondientes a todas las cofradías que existen en  Almonacid, de acuerdo con la fecha del año en la que se celebra su festividad. En torno a la Custodia, los hermanos de la Cofradía hacen una piña, arropándola con dos filas de sus integrantes, que portan antorchas encendidas.

La procesión tiene un recorrido prestablecido, que atraviesa el casco antiguo de Almonacid, con salida y llegada a la Iglesia de Santo Domingo de Silos. Los almorcileños, agrupados por calles y barrios, elaboran ocho altares, con el Corazón de Jesús como protagonista, que engalanan con imágenes, colchas y mantones en los balcones y ventanas, y con alfombras de colores en el suelo. La elaboración del último altar es un privilegio que corresponde al hermano mayor de la Cofradía. Siempre se alza frente a la portada de la Iglesia. La procesión los recorre uno a uno, y, después de una oración, los niños que han hecho la comunión, arrojan pétalos de rosas blancas y rojas en el altar y sobre la Custodia.

Unos años después de la recuperación de la tradición, en la década de los setenta del pasado siglo, llegó a Almonacid un médico, de nombre José María Madrigal, que llegaría a ser alcalde de la villa. Su  esposa, Engracia Palmero Cabrera, de origen canario, reforzó la tradición de la elaboración de las alfombras del Corpus, aportándole el toque tan original y hermoso que tienen en su tierra. Así, los barrios empezaron a elaborar aún con más cuidado sus alfombras y a extenderlas a las calles. Al principio, las decoraban con césped recién cortado, posos de café, cáscara de huevo, arena y pétalos de flores. Después, y ante la magnitud de la obra, con serrín y viruta de madera teñidos. Igualmente, al principio bastaban unos baldes para efectuar la coloración. Luego se empezó a hacer con hormigoneras.

Como dejó escrito el historiador local, Román López, ya fallecido, fue en el año 1978, va a hacer ahora cuarenta años, cuando por primera vez, todo el pueblo de Almonacid quedó unido por una  alfombra de colores ininterrumpida.  Esta hermosa decoración engalana el recorrido completo de la procesión, y une los ocho altares, situados en las calles de Cervantes; dos en la de la Virgen de la Luz, y otro en Gobernador, Trinquete y San Sebastián. El recorrido de la procesión regresa   a la calle de la Virgen de la Luz para llegar al Ayuntamiento y tomar la calle Luis Fernández de Heredia, donde está el séptimo altar, en dirección a la Plaza de la Iglesia donde se encuentra el último.

Así, la Procesión del Corpus tiene un recorrido de colores, con las alfombras hechas con los elementos mencionados. Con todos ellos se dibujan figuras y motivos de gran vistosidad y colorido sobre el asfalto y los adoquines almorcileños de las calles por las que circuye la procesión. Los hay simétricos, florales y religiosos, pero siempre diferentes, como también lo son cada año las alfombras principales de cada altar.  Precisamente es en ellas en las que los barrios se esmeran especialmente desplegando allí toda su creatividad. En total, la continuada alfombra almonacileña tiene en torno a dos kilómetros de longitud. La fiesta del Corpus de Almonacid está considerada como de Interés Turístico Provincial.