Firma invitada: Francisco R. Breijo-Márquez

No estoy parafraseando al del Nietzsche; ni mucho menos. Obra que, aún sin compartir en su totalidad, respeto. Tampoco al poema sinfónico de Strauss.

Me estoy refiriendo a la profusa morralla con que me topo un día sí y al siguiente también. Lo quiera o lo deteste…me tropiezo con ella -espero que sin embadurnarme, saliendo indemne del trance- gracias a «la libertad de libre expresión» que me permite escribir estas lineas asumiendo totalmente las consecuencias que produjere; esa malentendida que permite – por lo visto – que cada cual haga de su capa un sayo sin permiso del personal ni respeto alguno a la especie.

Y Zaratrusta habló de nuevoEsos Zaratustras de medio pelo y lengua suelta a base de vinos barateros y picados.

En más de una ocasión he tenido que repetir – una y otra vez, con prisas y sin pausa alguna- a mis allegados (no pienso poner género a mis palabras  neutras nunca más) que un servidor solo escribe sobre temas más o menos triviales por pura diversión. Y eso, si encuentro un rato de asueto que me libere de asuntos que- si bien pueden resultarme soporíferos – me son necesarios. Como este rato, por ejemplo.

U ocasionalmente, cuando una nueva me llega a revolver las tripas y soy incapaz de achantar la mui y acallar las teclas. Me supera. Entro al trapo intentando no caer en el engaño. Como es este caso y por doble partida.

Los Zaratrustas de medio pelo bellacos hasta el frenesí.

Por una parte, veo a un supuesto profesor de económicas (supuesto escribo, porque yo no me creo ya nada) de la universidad de Santiago de Compostela hacer una ‘divina’ disertación sobre el aburrido tema de la “manada” y la bendita madre que los parió. Y en ‘galego’, haciendo patria chica. No domino ese idioma -raro en mi- pero lo he entendido perfectamente (si se escuchase a mi tía Concha, por ejemplo otra vez, no lo entendería ni el Tato en su más excelsa prosapia lingüística).

Puesto que, a pesar de haberme soplado su vídeo en mas de una y dos ocasiones, voy a endilgármelo otra vez, por aquello del rigor científico. Un momento, por favor. Otros doce minutos de tostón y necedad me aguardan.

Según el tiparraco – si, el tiparraco- sus opiniones están basadas en «la objetividad de su persona, que tiene un claro concepto de la Justicia» (debe sentirse el rey del reino de los ciegos, si tan claro lo tiene).

Tengo que admitir que algunos de sus sofismas concuerdan  con mis criterios. A modo de patrón, uno también lamentaría – y mucho- que se se juzgase y legislase a base de protestas callejeras. Por supuesto. Pero con el resto de su amable disertación…¡ummm! Como que no.

El tiparraco, hace una disección de lo ocurrido no solo gilipollesca, sino que a raíz de la tal, es merecedor de expulsión ipsofáctica de sus quehaceres como profesor de lo que sea y ser devuelto a la piara de la que procede. Por tonto. Por incondicionalmente tonto.

En Psiquiatría, cuando uno la estudiaba, se clasificaba a las personas por debajo del dintel de inteligencia en “débiles mentales, idiotas e imbéciles’; por ese orden descendente. Este tiparraco es sencillamente Tonto. Término que no figura -desafortunadamente- en esa clasificación.

Sin pajolera idea de lo que dice – eso sí, haciendo un desagradable “psh-psh-psh-psh”, entre frase y frase- osa aseverar que la ‘chavala estaba sola, y ‘borracha’ con ganas de ‘marcha’.

Mira, tiparraco, una persona ‘borracha’ tiene perdida, por definición, la capacidad de discernimiento, de criterio y deseos. De hecho no sabe ni dónde coño está , y menos sus alrededores ¿Vale capullo? Eso de primera. La chavala, como tú dices, tiparraco, no podría saber saber ni a lo que va ni adonde la llevan. ¿Te suena por ventura aquello de la “amnesia post-etílica”? ¿No crees, desde tu majestad zaratrustiana, que de ahí podrían derivar sus supuestas contradicciones ante los jueces?

Sigue el tiparraco preguntándose que si el fuera un violador ¿la iba a llevar a una casa de vecinos o a un portal para violarla? Pues no.

Y ahí, en esa sentencia, no puedo estar más de acuerdo con el tiparraco – cuyo nombre me niego a transcribir, puesto que los buscadores de protagonismo y el ahí me las den todas después, no cuentan con el más mínimo de mis candorosos cariños, francamente – .

Tal y como uno sonsaca del tiparraco de barba chivesca en el vídeo de marras, lo valoro como grasiento, rechonchi y que no se come un rosco ni pagando. Por tanto – ergo, para los sutiles- tú, tiparraco, te la habrías llevado a tu sitio natural; a la piara más cercana y con parecido exquisito a tu habitat natural. Cuantos más porcinos hubiere en la piara, mucho mejor. Porque desprendes un afán de protagonismo exhibicionista que no se lo salta un ‘gypsy king’ de esos, tan machotes con vos.

Aparte de que – no puedo dejar de especular con tu aspecto y tus maneras de hablar, mal que me pese- debes desprender también un hálito de carajillo múltiple con “coñá’ de tercera y garrafón que apestaría hasta a tus propios compañeros de piara. De cinco a diez carajillos barateros mientras disertas, no bajo.

Terminas diciendo que estás a disposición para lo que fuere de menester de todo aquel que ose contradecirte o maltratar tus tontas palabras sentenciosas. Bueno pues, aquí tienes a uno. En la distancia, vale, pero gallardo y agalludo para visitar las piaras más insalubres que tengas a bien. Afrontando la mas que posible crisis vomitereril que me produzca tu pestazo. De ‘Profe a profe’. ¿Te parece?

Te citaría a primera luz mañanera, a sangre completa; pero, por lo que atisbo, a esas horas debes detener un resacón del copón maldito. Y yo nunca hago duelos con ventaja previa. Bueno, con tiparracos como tu no es necesaria ventaja alguna. Al primer golpe de intelecto te derrumbarías como cerdo en matarife.

He escrito.

P.S.- El segundo tema era la burla y escarnio a Cifuentes, imputada ahora. Pero no tengo espacio para medio marcar su defensa. Mi defensa personal y, por tanto, intransferible.