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Tras veinte días de viaje con mil doscientas ovejas merinas, a través de una Cañada Real que cambia de nombre según dónde estés, llegamos a nuestro destino, Las Majadas, no sin antes dejar atrás el Barranco del Maíllo -que nada tiene que ver con el paraje del mismo nombre en la Sierra del Agua-, tras pisar lapiaces inverosímiles y  la Tiná del Rojo al abrigo del Cerro Concejo aunque bien es verdad que, si no seguimos al ganado, podemos acercarnos a este punto a través de un carril inmundo que se abre por Navalafuente: un sabinar herido desde el último nevazo que, como sabemos, dejó también por los suelos a gran parte de la población albar.

Con las ovejas van Rubén, el hijo de Grati Usero, y Juan Manuel Valerio, de Vílches (Jaén), al que conocimos el pasado año: llevo to la vida entre animales. Tengo 27 años y he echao en esto un montón de ellos. En verdad es que me he hecho esto unas tres veces. Ahora con Grati, otra con los Belenchones y, la más divertida, con Alicia Chico, una de las mejores en esto del ganado bravo.

Las ovejas buscan sombra en la Fuente de la Taza

A Rubén se le ilumina la cara cuando pasamos la Tiná del Rojo, un cambio de rasante que afeita orografías y eso que, los recuerdos, los malos, son inevitables: por Ciudad Real todo bien pero, por la provincia de Cuenca, sobre todo por Belmontejo, mal, muy mal porque nos tratan como si fuéramos delincuentes. Vienen detrás de nosotros, amenazándonos…vamos una vergüenza año tras año. Es el único lao porque aunque en la Hinojosa está estrecho el camino, no se meten y podemos controlar pero, en Belmontejo, es que llegamos y la gente mirándonos como si fuéramos delincuentes, sí, como si hubiéramos hecho algo malo, sí. Si es que se han comido la vereda y, ahora, ¿por dónde pasamos…?. Ya les dije, voy a llamar a la Guardia Civil para que constaten la anchura que hay aquí para poder pasar. Muy mal.

Grati, me dijo al pasar por Cuenca, que en Mota de Altarejos habían hecho una zanja profundizando el vado de un riachuelo de tal manera que, los animales, que ya conocían el paso, iban como todos los años sin percatarse del peligro actual: sí, ha sido el pasar Mota de Altarejos. Hay un royo por el que pasaban los animales pero, alguien, lo ha profundizao, han hecho una especie de pozo y ahora las ovejas no pueden pasar. Hay que dar la vuelta por un terraplén en el que se pasa muy mal. Y menudo problema. El agua, a la yegua,  le llaga hasta la barriga y así pasa, que se ahogan las ovejas como les ocurrió a los Cardo el año pasado, dice Rubén. Es joder por joder.

Esto hay que consultarlo con Jesús Garzón, añade Grati, por es una pena. O se ahogan las ovejas o hay que meterlas por el sembrao y con la Guardia Civil, no queda otra, dice. Nos han tomao una manía que no sé de dónde viene. Y encima insultando y con agresividad. Un desastre. Hasta han arrancado los mojones.

Las ovejas de Grati y de Rubén, una vez en la Fuente de la Taza convertida en buitrera, subieron por una especie de desfiladero hasta alcanzar la meseta superior delimitada por el roquedo y la carretera. Estaban en casa y, además de hierba, la naturaleza las obsequió con gamones que otrora alimentara al cerdo, y peonías silvestres que por aquí llaman duelecabezas como a la amapola denominan ababol.

Ya en el pueblo, vacío, uno recuerda tiempos de dula y muérdago. De enormes mastines trashumantes armados de carranclas, a la altura del cementerio, después de haber pasado por la vereda en la que entonces, sí, había fósiles. ¿Ahora?, la gente tiene bastante con esquivarse.