Las calles de Sigüenza olían ayer a cantueso y a tomillo, por San Juan. “Con la de San Vicente, esta es la fiesta local más esperada del año, y sin duda, ambas, las más seguntinas, por su fuerte componente tradicional”, afirmaba ayer José Manuel Latre, alcalde de la ciudad. Si en la ciudad siempre gusta escuchar el soniquete de la sanjuanera, sea cuando sea, la tarde del 23 de junio, el perfume de la lavanda y sus notas, siempre interpretadas a dulzaina y tamboril, aderezan el olfato y el oído de un día en el que la vista se recrea, especialmente en el casco antiguo, con lo mejor de la primavera entreverado con las piedras viejas de la ciudad.

El Tinte, mejor arco de San Juan 2017 de Sigüenza
Segundo ha sido el del Barrio de la Sinagoga, y tercero el de la Residencia de La Alameda.

Este año han sido seis los barrios que han participado en los Arcos de San Juan, en los que el altarcillo en honor al santo, con su imagen en la mayor parte de los casos representada por antiguos cuadros conservados con cariño infinito en las casas seguntinas, se rodeaba por el verde de las hojas de los chopos y los colores de las rosas en cada barrio. Después de la visita a cada uno de ellos, que comenzaba a las siete de la tarde, el jurado lo tuvo difícil. Tomó su decisión, reunido en la sala de Juntas del Ayuntamiento. Lo presidía el alcalde de Sigüenza, y contaba con representación de las asociaciones de la ciudad. A su juicio, el más bonito de este año ha sido el del barrio del Tinte; segundo nominaron al de la Sinagoga, y tercero el de la Residencia de La Alameda. Cada uno de los arcos premiados fue distinguido con un bonito trofeo, obra del Taller Medieval.  A continuación,  hubo actuación de la rondalla y bailes, con sentido homenaje al gran Pepe Cerezo, que le falta a la ciudad.

Los dos primeros que visitó el jurado, pertenecían a las residencias de mayores de Saturnino López Novoa y La Alameda. Como cada año, sus respectivos responsables de la terapia ocupacional, llevaban muchos días trabajando con los ancianos una actividad que, probablemente, es la que más ilusión les hace del año.

Con puntualidad seguntina, el primer arco que visitó el jurado fue el de la Residencia Saturnino López Novoa. La dulzaina y el tamboril anunciaban que la fiesta había empezado. Y no fueron pocos los pies que se pusieron en danza, a pesar de la edad.  Al fondo del callejón de entrada estaba el arco, trabajadísimo, con una alfombra de cantueso, y con arcos hechos de papel, todos a mano, por parte de los ancianos. “Muchas horas de trabajo, y de ilusión”, resumían Esperanza Juberías y Sor Encarnación para explicar el trabajo. “Todos los años procuramos innovar, que los arcos sean originales”, seguía Juberías.  El de este año se dibujaba sobre una gran cenefa de flores, hechas con servilletas de papel de color. En el centro, la cortina y la imagen del santo. No faltaban el azul y rojo del escudo de Sigüenza, ni los cardos, en referencia a los que se ponían antaño a las mozas, seguramente por amores no correspondidos.

El jurado seguía su camino por la Avenida de Madrid, para llegar hasta el que habían hecho, precioso, los residentes de La Alameda. Este año lo cambiaron de sitio. Sentados frente a él, los mayores contemplaban lo bonito que había quedado, recién terminado de rematar. No faltaba detalle, según contaba Daniel Santos, el terapeuta ocupacional de la empresa, con guiños, delante de su estructura, a curiosos detalles. “Hemos intentando reproducir la portada de la Iglesia de San Miguel Arcángel en  Caltójar (Soria), que estaba dentro de la  diócesis de Sigüenza”, explicaba Santos. Destacados sobre poyetes estaban el cordero, los cardos y sus escardillas, con las que los agricultores los arrancaban de la tierra,  el huso y la lana, con una bufanda tejida en la residencia, precísamente con lana de oveja esquilada. “Todos los elementos los han hecho los ancianos, aunque los hemos colocado nosotros, por el calor”, terminaba Daniel. En la fachada, de muchas ventanas colgaban también bonitas guirnaldas de papel. La música de la dulzaina agradeció el trabajo de los mayores, subrayándolo con tres piezas.  Para su arco fue el tercer premio del jurado.

Junto al castillo, en el barrio de San Juan, en la recoleta placita que lleva ese nombre, sus familias llevaban cuatro días preparando el arco. “El martes fuimos al pinar, a buscar las sanjuaneras y el tomillo, y planteamos la estructura, preparando los hierros que la soportan, y decidiendo en qué parte de la plaza quedaba mejor nuestra idea”, explicaba Eva Plaza, una de sus vecinas. El jueves, pidieron  rosas, y echaron el ojo a unas cuantas más, que no iban a pedir. Y ayer viernes, remataron la faena, colocándolo todo en su sitio. Cuando llegó el jurado, los niños del barrio pedían a la comitiva una perrilla para el arco de San Juan, que luego quedaba depositada bajo el altar. “Es lo que nos sostiene económicamente”, decía con gracia Plaza. Naturalmente, no faltó la copla de la Sanjuanera. “Es una de las fiestas más entrañables del año, en la que todos los vecinos, niños y mayores, colaboramos y disfrutamos”, terminaba Eva.

En el barrio de la Sinagoga, habían levantado hasta tres estructuras diferentes, una cruzaba la calle, de lado a lado. En el suelo, una hermosa alfombra de pétalos de rosa, verde y cantueso, embellecía el empedrado, y dejaba claro a qué barrio pertenecía el arco, rotulándolo vegetalmente. Y por fin, a uno de los lados de la calle, el altar con el San Juan. Los niños bailaban al pie de la alfombra, vestidos con los trajes típicos. Nacho Amo y Mari Hernando se sumaron con sus coplas jocosas, que arrancaron las sonrisas del jurado, a las que tocaban los dulzaineros. El barrio entero se divertía a pie de calle y lo seguía haciendo, en la cena, por la noche, en la misma calle, y esta mañana con el chocolate y los bollos.

Un poco más abajo estaba en el de la calle de Los Herreros. Allí, los dulzaineros de Sigüenza, que acompañaban al jurado, se juntaron con los de La Travesaña, para juntos, tocar unas piezas, incluida naturalmente la Sanjuanera. Tampoco faltaron los bailes. Músicas y movimientos dejaban claro el interés de las nuevas generaciones por sus tradiciones. Puesto que allí se sumaron también alumnos de la recuperada Aula de Dulzaina de Sigüenza.  Son los más jóvenes quienes fabrican este arco, de acuerdo con la experiencia oral recibida de los mayores del barrio, desde el año 2013.  Miguel Loranca, explicaba los pasos que se han dado para hacer el arco, mientras que Alberto Ruipérez contaba la parte musical, de la que él es uno de los principales artífices, como dulzainero que es de la Travesaña. “Después de la vorágine de fabricar el arco, te cambias para amenizar la tarde y tocar, entre otras piezas, la sanjuanera, que es nuestro emblema, la canción de la localidad y la canción de la fiesta”, decía el gaitero.  

El último que visitó el jurado fue el del barrio del Tinte, que a la postre se llevaría el primer premio. “Lo hemos hecho colgado todo, al aire, con una estructura de cuatro arcos superpuestos”, contaba ayer Sagrario Vela. En el más pequeño, estaba la imagen de  San Juan, que cada año cede con el mismo cariño una vecina del Tinte. “Teníamos 39 grados cuando hemos empezado a hacerlo, pero no nos hemos desanimado. Ayer fuimos a por rosas, esquivando a algunos que ya nos tienen manía”, seguía divertida. “La alfombra la han hecho los niños”, confirmaba. Después del paso del jurado, el barrio comenzaba a preparar la cena para sentarse al fresco, que por fin llegaba pasadas las diez de la noche.