El cementerio municipal de Sotos es desde esta semana el escenario principal de un proyecto de memoria democrática que busca cerrar una herida histórica en la localidad. El Ayuntamiento de Sotorribas ha iniciado los trabajos de localización, excavación y exhumación en la conocida como ‘Fosa 1’, con el objetivo de recuperar e identificar los restos de cuatro hombres que fueron ejecutados por arma de fuego el 4 de agosto de 1950. Esta intervención se ampara en la actual Ley 20/2022 de Memoria Democrática y responde a los registros oficiales del Mapa de Fosas estatal.
Las labores sobre el terreno están siendo ejecutadas por los profesionales de la Asociación Científica ArqueoAntro. Para hacer posible este despliegue, el proyecto cuenta con una inyección económica de 18.000 euros, financiados íntegramente por el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática. Se trata de una iniciativa liderada directamente por el consistorio local, que busca dar respuestas a las familias tras décadas de espera.

Durante la jornada, la zona de excavación ha recibido la visita de la subdelegada del Gobierno de España en Cuenca, M.ª Luz Fernández, acompañada por la alcaldesa de Sotorribas, Nuria Illana. Fernández ha subrayado la necesidad de que esta parte oculta de la historia aflore, señalando que el conocimiento del pasado y la dignificación de las víctimas son las mejores herramientas para evitar la repetición de estos episodios. Por su parte, Illana ha remarcado el compromiso histórico que supone para el pueblo culminar este proyecto tras muchos años de gestiones administrativas.
A la inspección de los trabajos también han asistido vecinos de Sotos, la senadora Carmen Torralba y el delegado provincial de Reto Demográfico de la Junta de Comunidades y alcalde de Santa Cruz de Moya, Virgilio Antón, figura clave en la preservación histórica de la provincia.
Hemeroteca y contexto histórico
La apertura de la ‘Fosa 1’ de Sotos no es un hecho aislado en la geografía conquense, sino que forma parte de un goteo continuo de intervenciones para recuperar el pasado silenciado de la provincia. Archivos e investigaciones publicadas en medios locales como Liberal de Castilla han documentado recurrentemente cómo la Serranía de Cuenca fue uno de los territorios más castigados durante la posguerra.
La fecha de las ejecuciones, agosto de 1950, sitúa estos crímenes en un contexto temporal muy específico: el ocaso de la actividad de la guerrilla antifranquista (el Maquis) en las sierras de Cuenca y la fuerte represión que sufrieron los enlaces y vecinos de las zonas rurales. La presencia en la exhumación del alcalde de Santa Cruz de Moya, municipio que es un referente nacional por su monumento al guerrillero y sus jornadas anuales de memoria, subraya la profunda conexión entre los fusilamientos de Sotos y el entramado represivo que operó en la provincia a mediados del siglo XX.
Estas exhumaciones permiten a los lectores comprender la evolución de la Ley de Memoria Democrática, pasando de ser un marco legal abstracto en el Congreso a traducirse en trabajos arqueológicos reales en los pueblos de Cuenca. Cada fosa abierta en localidades como Sotorribas añade una pieza tangible a la historia reciente de Castilla-La Mancha, transformando el luto privado de las familias en una reparación institucional y pública.

