Artículo de Guido Risso

Que las formas de gobierno tradicionales están experimentando un agotamiento a nivel global producto de una fuerte crisis de legitimidad social ya no es una novedad, lo realmente conmocionante es que en menos de 30 años los sistemas políticos, tal cual los conocemos hoy, dejaran de existir y serán remplazados por redes de algoritmos, sistemas informáticos e inteligencia artificial en donde la intervención  humana -si bien no será excluida definitivamente- se verá reducida a una mínima participación.

La clásica ingeniería institucional compuesta por Parlamentos, Poderes Ejecutivos, sistemas jurisdiccionales y demás organismos burocráticos, será una vieja postal del pasado. El ser humano, empujado por un sentimiento de frustración hacia sus formas tradicionales de gobierno y un fuerte pesimismo antropológico, en un período histórico de alta innovación y fascinación tecnológica, depositará su confianza y autoridad en sistemas de toma de decisiones gubernamentales basados primordialmente en algoritmos e inteligencia artificial.

Sucede que las clásicas formas de gobernanza han generado sobre todo en las generaciones jóvenes una desconfianza extrema en el hombre. Esta generación no cree en lo humano y observa a la revolución tecnológica como el origen de una nueva era que nos resguardará de nosotros mismos. Veamos.

Hace 40 años internet no existía, nadie imaginaba algo semejante, sin embargo surgió, nadie la pidió, nadie votó por ella y aquí está, transformando como nunca antes nuestro sistema de  vida.

Del mismo modo nadie votó por la inteligencia artificial, por el desarrollo de algoritmos o por el avance de la robótica a partir de los cuales vendrá la mayor revolución política jamás imaginada.

Computadoras cognitivas, Internet, objetos conectados, inteligencia artificial, algoritmos, aplicaciones, Google, Facebook, redes sociales, serán los nuevos protagonistas políticos.

Según la organización inglesa Nesta que lleva adelante proyectos de innovación tecnológica en Europa, en las próximas décadas cerca del 70% de las actuales profesiones serán efectuadas por algoritmos, códigos informáticos y robots.[1]  También sucederá con abogados, jueces, diputados o ministros de economía y la administración y la función pública no estarán exentas a este proceso de transformación.

¿Como afectará esto a nuestros tradicionales sistemas políticos?

La prospectiva científica indica que estamos avanzando velozmente en un proceso de transferencia de autoridad a los algoritmos y estos adquieren una rápida aceptación basada en la eficacia constatada.

Daré algunos ejemplos a nivel básico.

Los espejos inteligentes de Microsoft que mediante censores escruta mis gestos, mi rostro, mi temperatura corporal o mis parpadeos constituye un flujo de información que procesada me informa como estoy, como me siento, como dormí, es decir, mediante inteligencia artificial nuestros gestos más íntimos e imperceptibles son analizados llegando a informarnos sobre nuestro propio estado de animo e incluso -en función de los resultados- de sugerirnos tomar vitaminas, hacer deporte o salir de vacaciones.

Segundo ejemplo: tradicionalmente ante el deseo de comprar un libro uno se dirige a la librería, mira, ojea páginas y elige, sin embargo Amazon, Google o Kindle en función de las compras y consultas que hemos realizado, tiene un conocimiento minucioso de nuestros comportamientos de manera evolutiva y están en condiciones de saber mejor que nosotros mismos que libro nos atraerá y en consecuencia compraríamos.

Incluso existen dispositivos que mediante sensores conectados captan y escanean nuestro rostro y expresiones mientras leemos. De tal modo se detecta que página del libro nos emocionó, cual nos enojó, cual no captó suficientemente nuestra atención, es decir, las empresas no solo saben que libro nos gustará leer en el futuro, saben como reaccionaremos frente a cada párrafo.

Del mismo modo Netflix sabe que películas miramos, cuales hemos visto más de una vez,  cuales hemos comenzado y luego interrumpido, es decir, Netflix, sabe exactamente que película o serie será de nuestro agrado.

El último ejemplo tiene que ver con un sitio de relacionamiento amoroso  estadounidense llamado Harmony en donde no es el usuario quien selecciona con quien se va a vincular, sino un software que analiza las compatibilidades en función a miles de variables.  Actualmente en los Estados Unidos, una de cada cinco parejas comienza de ese modo: por indicación de un algoritmo.

En suma, estamos viviendo un periodo de pérdida gradual de nuestras libertades tradicionales, y esto es un proceso activo, voluntariamente dejamos que la tecnología avance sobre la cotideanidad sin la suficiente conciencia para entender como esto reconfigurará nuestras conductas.

Pues la resistencia a creer que alguien exterior nos conoce mejor que nosotros mismos se rompe, por ejemplo, cuando los libros que Amazon seleccionó para vos o las series que Netflix te recomendó te gustaron realmente, pues allí el proceso de transferencia de autoridad se completó; es decir, estos algoritmos adquieren legitimidad a partir de los resultados.  Esta reducción de libertad frente a la eficacia constatada de los algoritmos ya sucede y es celebrada por toda una sociedad fascinada con la tecnología.

Otro dato significativo es que en las generaciones jóvenes la elección personal ya no es vista del modo tradicional. No se advierte como una perdida de libertad la transferencia de autoridad a un algoritmo, pues a ese algoritmo se lo observa como una extensión de la propia personalidad. La persona se expande, anexa a su parte biológica y psíquica nuevas capacidades.

Ahora bien ¿Cómo esta innovación tecnológica impactará sobre los tradicionales sistemas de gobernanza?

Gradual e imperceptiblemente iremos dejando de contar con las estructuras para poder decidir colectivamente del modo tradicional, lo cual terminará con el remplazo de los mecanismos e instituciones políticas clásicas, por redes informáticas basadas en algoritmos e inteligencia artificial desde las cuales se tomarán las decisiones de administración y gestión de gobierno al igual que las burocracias judiciales, en donde la intervención humana -si bien no será excluida definitivamente- se verá reducida a una mínima participación.