Vídeo al centro del nevazo.

 

El día después, 12 de Abril, tras el corte genérico de carreteras desde Villalba de la Sierra para arriba, me cruzaba –camino de Vega del Codorno- con niveladoras, camiones quitanieves y vehículos todo terreno de la empresa que intentaba reparar, por todos los medios, la rotura del cableado eléctrico causado por la caída de varios pinos que se lo habían llevado por delante. Las frases del día eran dilocuentes: es que nos quedamos sin gas oil y sin gasolina porque la gasolinera de Tragacete no tenía luz y a ver qué hacíamos, me contaba Rodrigo Molina, alcalde de Vega del Codorno. La gente, los de la eléctrica, se tuvo que hospedar en alguna casa rural y calentarse con leña como en los años cincuenta y ya tenemos una máquina, por fin, una máquina que pueda llegar hasta la avería porque, por ese carril, hay un metro de nieve y si no es así, los operarios no pueden llegar, me decía.

Una pareja de buitres secan sus alas en un colmillo rocoso en la curva más abajo del ventano del Diablo y, la niebla, es densa cuando alcanzo el cruce de la Ciudad Encantada a la que no se puede acceder. El embalse de La Toba está lleno, la carretera está limpia y casi en Huélamo, un zorro se cobija entre unas piedras que sirven de muro de contención. Aquí, en Huélamo, la luz llegó anoche, a las diez de la noche (noche del día 11) y mire usted, qué pena con los congeladores, los frigoríficos y sin calefacción. No estamos preparados ya para estas cosas, me dijo una mujer que caminaba con mucho cuidado porque, salvo las rodadas de algún vehículo, las calles eran un manto de nieve que casi me lleva al desastre.

Huélamo a vista de dron

El camión quitanieves acababa de darse la vuelta a la altura de la cruz que hay a la entrada del pueblo y nos esperaba Tragacete, pasado el paraje de Los Chorros que era, eso, un cúmulo de charcos junto a la carretera, sin limpiar, que va a Albarracín. En Tragacete, las máquinas municipales limpiaban las calles que acumulaban medio metro de nieve y ya, más allá, la ruta a la Vega. Una carretera en la que, además de la nieve, la caída de albares sobre el pavimento constituía una auténtica pesadilla. Las motosierras hicieron el trabajo y, las máquinas, en su limpieza, dejaban más del metro de nieve a cada lado de una carretera que era un hervidero de coches de la compañía eléctrica.

A unos cinco kilómetros de la Vega, a la derecha, encontré el carril por el que la retro de Tragacete había logrado llegar hasta el lugar en donde se habían roto los cables. Queda muy poco para que todo funcione, me dijo un operario de la eléctrica. Sólo una especie de abrazadera o enganche que una los cables”.

En Vega del Codorno los cinco niños no tuvieron clases y, la gente, estaría en sus casas. El bar El Rincón estaba a oscuras y se respiraba desasosiego. Dos días sin luz, sin teléfono y sin televisión. Me han dicho que se han caído no sé cuántos pinos por ahí, por el repetidor, y que ha hecho ciscos los cables, decía Nati. Y ahora viene la otra cara del problema. Mi hermano Luis y, yo, hemos tenido que tirar todo lo que había en los congeladores porque se ha estropeado, añadía Nati que, hoy, tiene mejor cara porque desde las cinco y media de ayer, tiene luz, teléfono fijo y puede ver la tele. Los niños siguen sin ir al cole porque, hoy, están de excursión en Cuenca.