Rosa María Caballero reivindica en Navalón el orgullo de pertenecer a un pueblo “donde están nuestras raíces”
El salón de baile, a la derecha, nada más pasar la última curva, se convirtió en un espacio para el reencuentro, la emoción y la memoria con motivo del pregón de las fiestas patronales en honor del Santísimo Cristo de la Fe, pronunciado por Rosa María Caballero Torrijos, teniente de alcalde de Fuentenava de Jábaga y vecina natural de esta localidad.
Rosa Mari, profesora de Educación Primaria con 35 años de trayectoria docente, inició su intervención con palabras de agradecimiento al alcalde de Fuentenava de Jábaga, José Luis Chamón, por haber pensado en ella para anunciar las fiestas, así como al alcalde pedáneo, Abel Zarzuela, a los concejales, a la Asociación Cultural La Muela —que celebra su trigésimo aniversario—, al coto de caza y a todos los vecinos y visitantes que llenaron la plaza.
La pregonera dedicó también un reconocimiento especial al doctor Juan José Pérez, “Juanjo”, de la clínica Almed, a quien atribuyó haberle salvado la vida años atrás. Un agradecimiento que reflejó el tono personal y cercano de un pregón construido desde la experiencia y el afecto hacia su pueblo.
Un pregón como despedida de la vida municipal
Rosa María Caballero explicó que aceptar el pregón suponía para ella mucho más que cumplir un encargo. Lo definió como “un regalo de despedida” de su labor como concejal, una responsabilidad que, según señaló, ha procurado ejercer “con dignidad y dedicación”.
Con emoción y sentido del humor, confesó los nervios que le produjo la propuesta y reconoció que había dado muchas vueltas a sus palabras antes de subir al escenario. Sin embargo, dejó claro que no pretendía presentarse como una persona más merecedora que sus vecinos de ocupar ese lugar, porque, a su juicio, todos los habitantes de Navalón han contribuido a que la localidad siga conservando su personalidad.
“Todos tenemos una historia”, vino a resumir la pregonera, en referencia a quienes vivieron en el pueblo en el pasado, a los vecinos actuales y a las nuevas generaciones llamadas a mantener viva la localidad.
Recuerdos compartidos de la infancia
Natural de Navalón, Rosa Marí quiso hablar en nombre de quienes crecieron allí y compartieron juegos en la calle, tardes interminables, bailes, risas y confidencias. Su pregón se alejó deliberadamente de una narración histórica o de una evocación nostálgica basada únicamente en fotografías antiguas para centrarse en las vivencias cotidianas que forman la memoria colectiva de un pueblo.
Recordó las tardes de verano que se alargaban hasta que las madres y las abuelas llamaban a los niños desde las puertas de sus casas; las carreras, las bromas y las historias de miedo junto a la pila. También evocó los preparativos de las fiestas, los ensayos de teatro, la búsqueda de canciones para la misa, la decoración de la iglesia con flores y el aprendizaje de los bailes tradicionales con la ayuda de las mujeres mayores.
Para Caballero, aquellos momentos aparentemente sencillos siguen teniendo un valor especial porque cada verano vuelven a hacerse presentes. “Hay recuerdos que no envejecen”, señaló en su intervención, al defender que el pasado de Navalón no es una pieza detenida en el tiempo, sino una parte viva de su identidad.

Las raíces que unen a los vecinos
Uno de los ejes centrales del pregón fue la idea de las raíces. La pregonera rechazó la afirmación de que cualquier tiempo pasado fue mejor y subrayó que lo verdaderamente importante es aquello que permanece y da sentido al pasado: las raíces nacidas en Navalón.
Caballero recordó que muchos vecinos tuvieron que marcharse a otras ciudades por motivos laborales o para formar sus propias familias, pero que todos ellos han mantenido una conexión especial con su pueblo. “La tierra permanece”, destacó, antes de afirmar que ser hijo de Navalón constituye para ella “un privilegio”.
En ese sentido, aseguró que basta con regresar y contemplar el paisaje para recuperar la memoria de quién se es y de dónde se procede. Navalón aparece así en su discurso como un lugar de origen, pero también como un punto de retorno y de encuentro para quienes viven lejos durante buena parte del año.
Un pueblo con futuro
El pregón no se limitó a mirar hacia atrás. Rosa Marí Caballero puso el foco también en los niños y en las nuevas generaciones, a las que presentó como los “nuevos brotes” de un pueblo que continúa vivo.
La pregonera mencionó a los pequeños nacidos en los últimos años y destacó especialmente a Martina, bisnieta de Crescencio y Bene, como la nueva incorporación a una cadena familiar y vecinal que garantiza la continuidad de Navalón. Los niños, afirmó, representan el futuro de la localidad y demuestran que el pueblo “sigue vivo y aumenta cada año”.
También tuvo palabras para quienes llegaron desde otros lugares y terminaron haciendo de Navalón su hogar de verano. Personas que, atraídas por la belleza y el ambiente de la localidad, han aportado su compañía, su trabajo y su participación a la vida del pueblo. Entre ellos citó a colaboradores de las paellas, personas vinculadas a los bailes, al mus y a las actividades festivas.
La devoción al Santísimo Cristo de la Fe
La pregonera en Navalón, su pueblo, cerró su intervención apelando al carácter colectivo de las fiestas y al vínculo religioso que las preside. Vecinos, familiares, amigos e hijos de Navalón se reúnen cada año en torno a la devoción al Santísimo Cristo de la Fe, patrón de las celebraciones.
La música, los reencuentros, las comidas, los abrazos, los niños jugando en las calles y las conversaciones entre mayores fueron, para la pregonera, las manifestaciones visibles de una misma alegría compartida: la de volver a encontrarse en el pueblo.
Con un mensaje festivo y cercano, animó a los asistentes a disfrutar de las celebraciones, bailar, reír, abrazarse y aprovechar cada momento. Su intervención concluyó con los tradicionales vivas a Navalón, a la Virgen de Tejeda y al Santísimo Cristo de la Fe convirtiendo, su pregón, como inicio de las fiestas en un homenaje a la memoria de quienes construyeron Navalón, a los vecinos que mantienen sus tradiciones y a los niños que representan su futuro. Un discurso nacido de la emoción de una mujer que, aunque desarrolló buena parte de su vida profesional fuera, sigue encontrando en Navalón el lugar donde están sus raíces

