Entre 1979 y 1982, un grupo de jóvenes formados en la Escuela de Magisterio recorrió la provincia de Cuenca a lomos de un carro de inspiración lorquiana. Su objetivo era llevar el teatro a las zonas rurales y democratizar el acceso a las artes escénicas. Ahora, la Diputación Provincial acoge hasta el próximo 27 de junio «El Legado de los Cómicos del Carro», una muestra que recupera la memoria de aquella aventura cultural y la acerca al público actual en la capital.
La iniciativa ha sido impulsada por la Asociación de Teatro Musical Trigo y Azucenas, originaria de Santa María del Campo Rus. En el salón de exposiciones del Palacio Provincial se despliega una cuidada selección de fotografías, recortes de hemeroteca, carteles originales de la época y la pieza central del proyecto: los paneles originales restaurados del antiguo remolque. Este vehículo sufrió el desgaste de la intemperie y fue desmantelado tras la etapa del actor madrileño Cristián Casares con el grupo conquense, pero la asociación ha logrado salvar este testimonio material único de la historia escénica local.

La muestra culminará el mismo día de su clausura con una representación teatral nocturna en la propia escalinata de la Diputación. El elenco cuenta con 25 personas entre actores, músicos y técnicos, lo que pone de manifiesto el arraigo de la propuesta. Tanto la diputada de Cultura, María Ángeles Martínez, como la directora del grupo teatral, Concepción Rubio, han incidido en que no se trata de un simple ejercicio de nostalgia. Al contrario, es una acción participativa que reivindica la necesidad de llevar dinamismo a los municipios más pequeños de Cuenca.
De las plazas de los pueblos al Palacio Provincial
La llegada de esta exposición a la Diputación de Cuenca supone la consolidación de un proyecto que en Liberal de Castilla hemos seguido de cerca a través de la actualidad cultural de nuestra provincia. Revisando la hemeroteca reciente, se puede observar cómo la obra musical que acompaña a este legado no surge de la nada, sino que lleva meses rodando y conquistando las plazas de nuestros pueblos. Municipios como Castillo de Garcimuñoz, Villar de la Encina, San Clemente, Villaescusa de Haro y Casas de los Pinos han sido testigos de esta recuperación escénica antes de su desembarco institucional en la capital.
Esta trayectoria documentada demuestra una evolución fundamental para entender el panorama cultural conquense. Lo que empezó a finales de los años setenta como un experimento ambulante —cuya memoria ha sido reconstruida ahora gracias a la labor de archivo del actor original Charly Ladrón de Guevara— se ha transformado hoy en un motor de cohesión social. El éxito previo de Trigo y Azucenas en la comarca de La Mancha conquense confirma que el espíritu de aquellos primeros cómicos sigue vigente, logrando que el patrimonio teatral se convierta en un presente vivo para las nuevas generaciones de la provincia.

