
Opinión. Todavía queda un largo camino por recorrer y creíamos que no. A Maica García
César Cerrillo
Es cierto que en las últimas décadas se ha producido en nuestro país un progreso en derechos sociales que hace un tiempo era inimaginable, pero la realidad cotidiana demuestra que, aún queda un camino largo que recorrer, noticias como la no renovación por el Club Natació Sabadell de la waterpolista Maica García, son ejemplo de ello.
Resulta alarmante que, en pleno siglo XXI la decisión de ser madre siga traduciéndose en una penalización laboral para las mujeres. Como la propia jugadora ha expresado con tristeza, jamás imaginó que dar a luz pudiera condicionar o forzar el punto final a más de tres décadas de entrega total a una misma camiseta. Si con Maica García, pilar fundamental de todos las victorias de la selección nacional (oros olímpicos y mundiales) y del CN Sabadell en los últimos 16 años, sucede esto, que no puede ocurrir con deportistas y trabajadoras instaladas en el anonimato.
Hay muchas razones para condenar la decisión del CN Sabadell, entre otras, más allá de la transgresión del orden legal establecido, la conducta del CN Sabadell para con Maica García es (i) una muestra de falta de sensibilidad humana y deportiva, prescindir de una leyenda indiscutible del club mediante una decisión fría y unilateral en el momento en que regresa tras dar a luz, evidencia una desconexión total con los valores sociales más elementales que debieran regir un club centenario y (ii) el mensaje que se transmite a las futuras generaciones es que, conciliar la maternidad con la carrera profesional sigue acarreando un precio, que muchas pueden verse obligadas a pagar con su propia exclusión.
La no renovación de Maica García no representa un simple ajuste de plantilla, sino un claro retroceso en la protección de los derechos laborales de la mujer en el deporte y en otras ámbitos profesionales. Con este acto, el CN Sabadell no solo pierde a un pilar indiscutible dentro de la piscina, sino que sufre una quiebra moral, dejando al descubierto que, los valores del deporte se desvanecen cuando no se sostienen con hechos.
En definitiva, el caso de Maica García y el CN Sabadell no debe entenderse como un caso aislado ni como una mera discrepancia sobre planificación deportiva, sino como un síntoma preocupante de la desprotección estructural que aún sufren las mujeres trabajadoras. Cuando un club deportivo, en este caso, o una empresa prioriza el pragmatismo a corto plazo sobre el derecho a la maternidad, no respeta el principio de igualdad de género que debe presidir toda relación laboral. Dar carta de naturaleza a este tipo de actuaciones, supondría consolidar un precedente peligroso, en el que ser madre continúe siendo incompatible con el ejercicio de cualquier profesión.
