Cada 19 de octubre, el Día Mundial contra el Cáncer de Mama nos recuerda una realidad que casi todos conocemos de cerca: detrás de las cifras hay madres, hijas, hermanas, vecinas, amigas, y también hombres, que un día recibieron una llamada que les cambió la vida. En España es el tumor más frecuente entre las mujeres, con más de 36.000 nuevos diagnósticos previstos en 2025. Cada número es una familia que se reorganiza de la noche a la mañana, también en los pueblos de nuestra provincia.
Hoy se sobrevive más que nunca, y no es casualidad. Es fruto de la detección precoz, de la investigación y del trabajo de unos profesionales sanitarios a los que debemos mucho más que un aplauso. Por eso conviene repetir cada año algo que suena sencillo: una revisión a tiempo puede cambiarlo todo.
Pero la salud no puede depender del código postal. Quienes viven en los pueblos de Cuenca saben lo que significa que el hospital quede lejos, que haya que organizar un viaje para una prueba, pedir un día libre o depender de un familiar que conduzca. Para una mujer que espera un resultado, o que ya está en tratamiento, cada kilómetro pesa.

Por eso los cribados son tan importantes y por eso exigen rigor y transparencia en todas las administraciones, sin excepción. Saber cuántas mujeres participan, a cuántas se llega y con qué resultados es la única forma de mejorar. Una mujer debe tener las mismas oportunidades de diagnóstico y tratamiento viva donde viva.
Desde el Partido Popular hemos convertido esta causa en trabajo parlamentario. Hemos registrado en el Congreso una batería de proposiciones para reforzar los cribados, mejorar la prevención y aumentar la supervivencia. Una de ellas, que pedía al Gobierno mejorar la prevención, el diagnóstico precoz y la atención integral, salió adelante por unanimidad en la Comisión de Sanidad. Cuando se trata de salud, el acuerdo es posible. Y no es algo reciente: bajo un Gobierno del PP se incluyó la reconstrucción de la mama en la cartera básica de servicios del Sistema Nacional de Salud, y cuando la pandemia paralizó diagnósticos y tratamientos, reclamamos retomar los programas y poner al día los cribados pendientes.
Pero quiero decir algo más. A las mujeres que atraviesan esta enfermedad se les pide mucho. Se les pide que sean fuertes. Se les pide que no se rindan. Se les pide que sonrían cuando la familia las mira. Y demasiadas veces se las deja solas: solas ante la espera de una prueba, solas ante la distancia, solas ante el miedo, solas cuando el tratamiento termina y empieza otra batalla más silenciosa.
Necesitamos medidas concretas: cribados que lleguen a todas, pruebas diagnósticas cerca de casa, esperas que no se eternicen, apoyo psicológico y social para pacientes y familias, y una investigación con los recursos que merece. Y necesitamos algo más: que el cáncer de mama deje de recordarse solo un 19 de octubre.
A todas las mujeres que luchan o han luchado, gracias por enseñarnos lo que es la fortaleza. A las familias y a los profesionales que las acompañan, gracias por no soltarles la mano. Y a quien aún no se haya hecho la revisión: hágala. Porque ninguna persona debería afrontar esto sola.
Opinión de Esther Martínez Sancho, secretaria de Política Social del PP de Cuenca.

