El Gobierno de Castilla-La Mancha ha abonado 29,1 millones de euros a los productores de cultivos herbáceos de la provincia de Cuenca en el último ejercicio de la Política Agraria Común (PAC). El delegado provincial de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, Rodrigo Fernández, ha confirmado estas cifras durante una visita a diversas explotaciones cerealistas que encaran la recta final de la siega. La campaña actual ha resultado especialmente exigente, ya que ha registrado un descenso de la producción cercano al 25 por ciento en comparación con el año anterior.
Reparto de los fondos
Estas ayudas europeas, articuladas a través de los ecorregímenes y cuyo pago completó la Consejería en el mes de junio, buscan mejorar la rentabilidad de las explotaciones de los agricultores conquenses. El importe total reconoce de forma directa la aplicación de prácticas agrícolas que protegen el suelo y fomentan un modelo de trabajo más sostenible.
La distribución de este bloque de apoyo económico se divide en tres líneas de actuación:
14,6 millones de euros destinados a la rotación de cultivos con especies mejorantes
11,7 millones de euros para la creación de espacios de biodiversidad en las fincas
2,7 millones de euros asignados a la práctica de la siembra directa
Prevención de incendios
Fernández ha aprovechado su recorrido por las explotaciones de la provincia para agradecer al sector su compromiso con el mantenimiento de la actividad en los municipios. Además, ha destacado la responsabilidad de los profesionales del campo al acatar las restricciones vigentes por el alto riesgo de incendios forestales. Estas limitaciones de seguridad condicionan el ritmo de trabajo habitual en las semanas de cosecha, pero resultan indispensables para evitar emergencias en el medio natural de la provincia.
Evolución del campo conquense
El archivo histórico de Liberal de Castilla refleja cómo las campañas de cultivos herbáceos en Cuenca llevan años enfrentándose a fuertes oscilaciones en sus rendimientos debido a la inestabilidad meteorológica. La última reforma de la PAC introdujo la figura de los ecorregímenes como un mecanismo indispensable para sostener la viabilidad de las fincas, exigiendo a cambio un mayor compromiso medioambiental. La consolidación de estos 29 millones en ayudas confirma que los agricultores locales han logrado adaptar sus métodos tradicionales a las estrictas normativas europeas, logrando un respaldo económico que amortigua las caídas de producción en años difíciles.


