Los entusiastas aventureros y amantes de la Naturaleza tienen un destino ideal en pleno Parque Natural de la Serranía de Cuenca muy próximo al hospitalario Tragacete.
¡Prepárate para una experiencia inolvidable! Se trata de la gran cascada del río Júcar denominada “el Molino de la Chorrera”, un tesoro oculto donde las aguas cristalinas se despeñan, vuelan alardeando de vigorosidad.
Este maravilloso paraje se caracteriza por su belleza natural y su riqueza paisajística como obra maestra de la naturaleza que es.
El gran salto del Júcar constituye todo un espectáculo, se convierte en un lugar verdaderamente mágico dentro de la Serranía conquense.

Se accede a pie por una vereda, que parte de la carretera al Albergue de San Blas, de casi un kilómetro de recorrido con pasarelas y guardamanos de madera. Al principio y al final hay dos zonas de esparcimiento con mesas y asientos donde reposar tranquilamente y disfrutar del excepcional entorno.
A lo largo del trayecto hay varios paneles informativos sobre la flora que allí crece constituyendo una Senda Botánica por la abundante y variada vegetación existente. En este paraíso los amantes de la naturaleza podrán hacer, mientras caminan, cientos de fotografías pues entre los pinares hay profusa vegetación de ribera, sotobosque, propia de zonas húmedas y cursos fluviales de territorios elevados y umbrosos de la Serranía, una muestra de bosques eurosiberianos dominados por el chopo o álamo temblón, sauces, avellanos, acebos, boj, tilos, aligustres, robles, nogales, espliego, endrinos, espinos, escaramujos, madreselvas e incluso tejos y pudios.
La vereda nos lleva, sin pérdida, hasta una plataforma protegida con vallas de madera ubicada en la base de la cascada desde la que puede contemplarse, con seguridad, todo el esplendor del salto de agua que se precipita desde una altura de unos 30 m.
Las sensaciones invaden al espectador: el estruendo del agua al chocar contra la roca, la humedad que flota en el ambiente, el frescor aun en los meses cálidos de verano, el espectáculo pintado en todos los tonos verdes, ocres, plata… ¡Déjate embriagar por este regalo de la Naturaleza!
El impresionante espacio constituye un ecosistema de gran valor ambiental, la vegetación interactúa con la roca caliza, el agua rica en carbonatos facilita el crecimiento de musgos que ayudan a fijar el sedimento endureciéndose y haciendo crecer la roca.
La biodiversidad específica de la pared donde se produce el salto está condicionada por su geología tobácea, el entorno de humedad constante y el relieve cárstico crea un microclima único, un ecosistema «vivo» donde los pteridófitos y briófitos -musgos, hepáticas o antocerotas que colonizaron la tierra hace más de 400 millones de años- desempeñan un papel fundamental en la formación de la toba. Destacan especies como la Palustriella commutata, el Eucladium verticillatum y la Pellia endiviifolia, que se desarrollan en las zonas más sombrías y empapadas de la pared.
También crecen numerosos helechos, como el culantrillo de pozo, en las grietas de la roca y áreas de constantes salpicaduras.
Numerosa fauna encuentra en el entorno del salto de agua y las pequeñas oquedades o «cuevas» que genera la toba el lugar apropiado para alojarse. Especies especializadas de aves como el mirlo, lavandera, avión roquero o chova son habituales. La humedad extrema favorece la presencia de anfibios, salamandras, sapos y ranas que utilizan las pozas inferiores.
Entre las mariposas podemos encontrar varias especies protegidas como Graellsia isabellae, Parnasius apollo o Erebia zapateri… Por otro lado, las inmaculadas aguas del río y las formaciones de musgo constituyen un reservorio de fauna ligada a sus aguas como libélulas, moluscos, etc. y numerosos invertebrados, larvas de insectos acuáticos como tricópteros, son esenciales para la dieta de las aves del río.
Afortunadamente este enclave está incluido en el CREA -Catálogo Regional de Especies Amenazadas- que clasifica la flora protegida de «interés especial» y en las Zonas LIC -Lugares de Interés Comunitario- y ZEPA -Zona Especial de Protección de Aves- pero no es suficiente, se reconoce su valor natural pero no se le dota de medios para evitar daños. Aun estando en pleno Parque Natural de la Serranía algunos comportamientos incívicos le causan deterioros irreversibles.
¿Cuánto tiempo aguantará “el Molino de la Chorrera” sufriendo agresiones sin recibir ayuda, sin un cuidado necesario, sin un plan de conservación, sin protección? La solución está en nuestras manos ¡declaración de “Monumento Natural” ya!
Por Agrimiro Saiz Ordoño.

