La Real Academia Conquense de Artes y Letras (RACAL) ha exigido la paralización de la proyectada reconfiguración del Jardinillo de la Plaza de la Hispanidad, una actuación enmarcada dentro de las inminentes obras de remodelación de la calle Carretería en Cuenca. Durante su asamblea de este mes de mayo, la institución ha calificado el diseño municipal de «disparate urbanístico» y de «agresión a la memoria ciudadana». Los académicos denuncian la opacidad del Ayuntamiento en la elaboración del proyecto, la ausencia de un debate público real y el riesgo inminente de deterioro que sufrirá este céntrico enclave verde si se ejecuta la eliminación de su histórica verja protectora y la apertura de nuevas veredas peatonales.
El pronunciamiento de la RACAL advierte además sobre otra de las intervenciones contempladas en el plan: la instalación de un espacio escénico permanente en el tramo inicial de Carretería. Según la institución, esta infraestructura cultural generará molestias constantes al vecindario debido a la concentración de festejos en una zona ya de por sí saturada.

El peso de la historia en el debate de Carretería
Las hemerotecas y el archivo reciente de Liberal de Castilla reflejan cómo la remodelación de la calle Carretería ha sido uno de los focos de debate urbanístico más intensos en Cuenca durante el último año. La transición de esta arteria principal y las distintas propuestas para su revitalización chocan ahora con la preservación del patrimonio material. El espacio que hoy ocupa la Plaza de la Hispanidad no es una simple rotonda de tránsito, como parece plantear el nuevo diseño técnico, sino el resultado de más de un siglo de ordenación urbana.
Tal y como documentan los registros históricos locales, el origen de este enclave se remonta a 1906. En aquel momento, el Consistorio conquense decidió adecentar el final de Carretería, junto al antiguo convento de San Francisco, transformando un terreno fangoso en un primer parterre ajardinado protegido por una valla de estética modernista. Dos décadas después, durante la dictadura de Primo de Rivera en 1927, el espacio adquirió su carácter solemne con la instalación del monumento del escultor Marco Pérez, erigido para honrar a los soldados conquenses caídos en la Guerra del Rif (1921-1926). Con el paso de las décadas, la plaza ha ido acumulando homenajes de distintas épocas políticas —desde Fermín Galán hasta la actual bandera del Estado— consolidándose como el principal cruce peatonal y simbólico del centro de la ciudad.
De espacio de duelo cívico a zona vulnerable
La evolución del Jardinillo explica la contundencia del rechazo actual. La RACAL argumenta que la pervivencia del monumento de Marco Pérez y el respeto ciudadano que ha mantenido hasta hoy —esquivando el vandalismo que sufren otras zonas de Cuenca— se debe en gran medida al aislamiento disuasorio que proporciona esa verja centenaria.
El proyecto de permeabilizar el jardín trazando caminos interiores amenaza con destruir uno de los pocos pulmones verdes consolidados en el centro de Cuenca. La actualidad municipal choca frontalmente con la herencia histórica: lo que nació hace más de cien años para proteger el naciente arbolado de una ciudad agrícola, corre el riesgo de desaparecer bajo un concepto de urbanismo moderno que, según los expertos de la Academia, ignora la memoria del lugar y perjudica el descanso de los vecinos al transformar un espacio de duelo cívico y sombra en un escenario de tránsito masivo y ruido permanente.

