La Catedral de Cuenca conmemorará el centenario del nacimiento del artista madrileño Gerardo Rueda (1926-1996) con una amplia exposición antológica que se abrirá al público el próximo 10 de octubre y podrá visitarse hasta el 10 de enero de 2027. La muestra, organizada por el Cabildo Catedralicio bajo el título ‘Gerardo Rueda. Centenario en la Catedral de Cuenca (1926-2026)’, permitirá contemplar por primera vez los cartones y bocetos de trabajo que sirvieron para fabricar los doce vitrales circulares del triforio del templo gótico, procedentes de la colección del maestro vidriero Jacinto Cuesta Sanabria.

El proyecto, comisariado por el director del templo, Miguel Ángel Albares, en estrecha colaboración con José Luis Rueda, recorre la evolución del pintor y escultor desde sus paisajes juveniles de raíz cubista hasta sus célebres collages, ensamblajes de madera, relieves geométricos y piezas de madurez. Las piezas inéditas expuestas reflejan la labor realizada sobre el plano para que el taller conquense Vítrea, bajo la dirección del maestro vidriero Henri Dechanet, trasladara los diseños a los óculos del triforio, articulando un diálogo cromático inspirado en los círculos celestes del Paraíso de Dante Alighieri. La cita se complementa con un catálogo editado por Gráficas Cuenca que recoge análisis críticos de expertos en su trayectoria como Barbara Rose, Francisco Calvo Serraller, Alfonso E. Pérez Sánchez, Donald Kuspit, Tomàs Llorens, Manuel Vicent y Serge Fauchereau, entre otros.

Esta conmemoración vuelve a situar a la seo conquense como un escenario singular de convivencia entre la fábrica arquitectónica medieval y las vanguardias de la segunda mitad del siglo XX, dentro del proyecto ‘De la tierra al Paraíso’ que el Cabildo confió a Rueda junto a Gustavo Torner, Bonifacio Alfonso y el propio Dechanet. La iniciativa enlaza de forma directa con la huella histórica del autor en la ciudad desde la apertura del Museo de Arte Abstracto Español de las Casas Colgadas en 1966 de la mano de Fernando Zóbel, reforzando la condición de Cuenca como nodo fundamental del arte contemporáneo al devolver la mirada a los vitrales en el espacio exacto donde la geometría abstracta se funde con la luz de la hoz del Huécar.

