por Yolanda Calvo

Ayer comenzó una nueva edición del Sonorama, que cumple 21 primaveras, 21 años ya poniendo en el mapa musical nacional a Aranda de Duero, una preciosa y encantadora ciudad para la que este festival ha supuesto todo un revulsivo. Da gusto disfrutar del ambientazo y el buen rollo paseando por sus calles, degustando sus viandas y licores, y visitando sus impresionantes bodegas subterráneas y sus ya míticos escenarios de la Plaza del Rollo y, sobre todo, la Plaza del Trigo.

Josele Santiago “Me sigue pareciendo alucinante que las gilipolleces que se me ocurren en casa le interesen a alguien”
Josele Santiago repite por cuarta vez en el Sonorama (Escenario Burgos, 22:00)

Uno que cumple más de 20 primaveras sobre un escenario, 33 para ser exactos, es Josele Santiago, que mañana repite por cuarta vez en el Sonorama (Escenario Burgos, 22:00), sumando sus actuaciones con Los Enemigos -una allá por los orígenes del festival cuando aún se celebraba en un pequeño campo de fútbol junto a la ermita de la Virgen de las Viñas, y otra con el feliz reencuentro Enemigo- como en solitario. La única pega que ponemos a los programadores del festival es que la actuación de Josele durará menos de una hora, que a los fans les sabrá a muy poco a buen seguro (desde aquí invitamos al Sonorama a que abran el grifo).

La separación de Los Enemigos rompió el corazón a sus fans, pero Josele se encargó de consolarnos con su indiscutible trayectoria sin su banda de toda la vida, que ha merecido el reconocimiento de medios de comunicación, críticos y sobre todo, de sus fieles seguidores, que le persiguen allí donde vaya. El Liberal de Castilla celebra la vuelta al Sonorama de Josele con su quinto elepé, Transilvania, con una entrevista en la que nos confirma, para infinita alegría nuestra, que Los Enemigos vuelven a entrar a un estudio en septiembre para grabar el que será ya su 10º LP y que verá la luz en 2019, y que en octubre grabará un directo con sus canciones en solitario en el Conde Duque.

Llevas ya una gira muy larga e intensa con Transilvania, ¿no te cansa o aburre ya después de tantos años en la carretera?

A mí me sigue gustando mucho salir a tocar, no me he cansado todavía ni creo que me canse, aunque ya llega una edad que es el cuerpo el que manda. Es verdad que el Transilvania ha generado mucho movimiento, pero tampoco son las giras tan tremendas y agotadoras de antes, ahora me retiro a mis aposentos después de tocar. Es verdad que tengo varios frentes abiertos, pero no me puedo quejar.

Has hablado de la edad, ¿crees que un músico debe retirarse llegado a cierta edad, como ha anunciado Rosendo recientemente, o hay que tirar hasta que el cuerpo aguante, como los Stones?

Cada uno es cada uno, yo de momento sigo, y Rosendo ya tiene una edad (le comento que el carabanchelero aún es muy joven y contesta entre risas: “ya verás cuando tú llegues a su edad). La música gusta mucho, pero es verdad que es muy dura, nunca puedes dejar de componer, y el cuerpo es un dictador y cuando no puedes lo mejor es parar, aunque el mío de momento responde y a mí me sigue gustando mucho tocar delante de gente y salir a la carretera. Me sigue pareciendo alucinante que las gilipolleces que se me ocurren en casa le interesen a alguien, siempre es una alegría.

Te has consolidado como uno de los artistas más destacados del panorama musical nacional, tanto por la crítica como por tus fans y compañeros de profesión, ¿cómo llevas ese reconocimiento, estás satisfecho de lo que has conseguido?

No pienso mucho en ello, siempre estoy pensando en la próxima canción. Sí que me hace mucha ilusión el reconocimiento de mis compañeros de profesión, siempre ayuda y anima, pero tampoco es mi prioridad, yo escribo para la gente. Da igual estar en Segunda o en Tercera, el caso es estar. Con tocar delante de 200 personas, seguir actuando en invierno y tener varios frentes abiertos con la banda, acústicos, etc. a mí ya me vale, aunque es un poco esquizoide (risas).

Dices que nunca paras, ¿ya tienes canciones para tu próximo disco, en solitario o de Los Enemigos?

Estoy en ello, retirado en medio del campo en Galicia escribiendo, “asalvajao”, que es lo que me gusta a mí, llenando papeleras, pero siempre con la antena puesta a ver dónde puede surgir algo. Tengo a los Enemigos esperando, a ver si grabamos algo después del verano, a finales de septiembre entraremos en estudio. El material que estoy escribiendo me gusta.

 (A estas alturas han interrumpido la entrevista varias veces dos gigantesco perros Terranova “muy majos” que se le suben encima a Josele y le llenan de babas).

La separación de Los Enemigos fue un shock para tus seguidores, aunque con el tiempo parece que afortunadamente ha servido para coger aire, tomar impulso y cogerlo con más ganas. Es como en las parejas.

No se puede estar trabajando a disgusto en nada, y menos en la música, sin capacidad de sorpresa, llega un momento que no se aprende. La única manera es abrirse y cambiar de aires. Han sido 10 años que nos han venido muy bien a todos. Nos hemos encontrado más maduros y mejores aciertos, fue lo mejor que pudimos hacer. Nunca hemos ocultado que volvimos por la pasta, pero nos hemos encontrado muy a gusto. Más que un matrimonio somos como una familia, como hermanos.

Y a continuación, a por otro disco de Josele…

Sí, para mí ya es la única manera, cada vez estoy más a gusto con esta fórmula, alternando con los acústicos, los directos…

Viendo tus actuaciones da la impresión de que siempre hay muy buen rollo con los músicos, como con David Krahe, que no solo pides talento a tus acompañantes musicales.

La experiencia une, todos hemos pasado por lo mismo y acabamos congeniando, muchos de mis mejores amigos son compañeros de banda y de profesión. El caso de David es muy especial, yo era muy amigo de su madre Teresa, que en paz descanse, y hay un rollo personal muy fuerte por encima de la relación profesional, además es muy buen músico, muy majo, muy currante y un compañero inmejorable.

¿Qué sientes al volver a un escenario del Sonorama?

Bueno, ya es la cuarta vez. Me prometieron una vez una caja de vino y aún estoy esperando, ahí queda eso.

Como público, ¿qué te parecen este tipo de festivales, vas alguna vez? Últimamente parece que si quieres ver al grupo que te gusta y escuchar su último disco solo puedes hacerlo en macro-festivales.

La verdad es que no, porque me mareo, las multitudes nunca me han gustado, me agobio mucho. Es verdad que si te interesa un solo grupo tienes que pagar una pasta y comerte a todos los demás, pero siempre se descubren cosas, y un artista que a priori no te llamaba la atención luego te sorprende, y porque los discos siempre son más fríos, luego el artista en directo se crece y ofrece una actuación más grasienta, más visceral y orgánica.

¿Qué música estás escuchando ahora, qué te ha sorprendido más, o mientras compones no te gusta escuchar nada para no “contaminarte”?

Últimamente estoy escuchando música muy rara, grupos alemanes de los 70, un tío afgano que colaboró con Ry Cooder y que no me acuerdo cómo se llama y me tiene flipado, ahí está todo… Y con esto no quiero asustar a nadie, pero me gusta desconectar del rock para limpiarme y descubrir nuevas cosas. Estoy escuchando lo último que ha hecho Amable Rodríguez, que tiene un disco que es una maravilla y lo estoy escuchando mogollón. También el último disco de Big Star, mucho folk, la Increíble Street Band, y como siempre, Miles Davis, John Coltrane, que a mí me siguen transportando. Y para conducir, el maestro Javier Krahe, que es una maravilla porque te descojonas de la risa y entran los kilómetros solos.

¿Recuerdas algún concierto tuyo con especial cariño?

El último que dimos David y yo en un chiringuito de playa en la ría de Pontevedra con el sol poniéndose, y eso que solo cobramos unas sardinas a cambio. Esto poder hacerlo de vez en cuando está muy bien, aunque también hay que comer.

¿Y algún disco tuyo?

Sí, por ejemplo, de mis discos en solitario, “Loco Encontrao” me parece fantástico y apenas se conoce, salió con pocas copias y en 2008 con la crisis, y pagamos la novatada con la discográfica. De Los Enemigos le tengo mucho cariño a “Sursum Corda”, que me parece estupendo y es un gran olvidado, nació con vocación de hermano pequeño y ahí se quedó. Pero si hay alguno favorito de la gente por algo será. “La vida mata” la gente lo tiene asociada a una etapa de su vida, pero tiene otros discos a la altura, como el “Nada”, que me parece muy completo y me encanta. “Un tío cabal tiene muy buenas canciones pero nació con muchos problemas y que en directo ganan mucho, y que nunca faltan. Sin embargo hace mucho que no tocamos nada de “Tras el último no va nadie” y no se echa en falta.

¿Te comes mucho el tarro elaborando el repertorio de cada concierto, te gusta cambiar de actuación a actuación?

Sí, porque si no es un coñazo. El orden de las canciones es fundamental, no obedece a unas reglas determinadas, más allá de las tonalidades y los ritmos, unas canciones funcionan y otras no. El equilibrio es complicado y no sé muy bien a qué obedece. Hay que hacerlo solo y darle muchas vueltas. A veces tres canciones con la misma tonalidad funcionan. Últimamente terminamos con un medio tiempo “No es igual” del Vida inteligente, que funciona muy bien, no sé por qué. Y no hay que dejarse llevar por apetencias personales. A lo mejor te has cansado de “John Wayne”, pero la gente la quiere oír, han pagado su entrada y hay que tenerlo en cuenta, hay que sorprenderla pero también darle lo que quiere, es complicado.

¿Siempre sabes cuándo una canción está lista?

Sí, pero es muy difícil, y nunca es la primera vez que dices “ya está terminada”. Te puedes tirar un par de días convencido, te acuestas tan contento y luego ves que todavía queda. De algunas canciones tengo cuatro o cinco versiones. A la hora de escribir, gran parte del trabajo consiste en borrar, a lo mejor te has obsesionado con una estrofa o un verso pero hay que hacer de tripas corazón y meter tijera. Con lo que más se aprende es con lo que sobra, viendo dónde está el nervio y la chicha o la grasa, se aprende borrando.

¿Se puede ser fan con 60, 70 años…?

Supongo que sí, aunque yo nunca me he sentido muy fan de nadie, de ir a todos los conciertos, solo a Dr. Feelgood y a Iggy Pop, que siempre que venía iba a verlo. Le vi por primera vez con 14 años en el año 1979 en el cine Alcalá Palace, que no sé ni cómo me dejaron entrar. Fue un concierto muy intenso, estaba en plena forma, muy cachas, parecía el Capitán América el jodío, yo creía que me daba algo, y ahí ya me quedé pillado. Aunque ahora cada vez voy menos a conciertos.