Segunda parte de la entrevista realizada a José López Calvo, para raíces de El Liberal.

En unas vacaciones del año 1951, José López Calvo regresa a Cuenca y conoce a Celia, la que hoy es su mujer. Era el mes de  Agosto y, Celia, estaba en el grupo de amigas en el que se incluía una prima hermana del músico. Llega hasta nosotras, saluda a su prima y no sé ni cómo ni por qué pero, de repente, nos quedamos nosotros dos solos y nos pusimos a pasear por carretería.

Carretería era la calle central de una ciudad que uno la recuerda en blanco y negro aunque, de vez en cuando, dejaba irradiar su poderío a la paralela Colón –por el cuartel de la Guardia Civil- en la que estaban los talleres de Alsina, el almacén de los Zarceños y, poco más allá, en el cruce de Sánchez Vera, la fábrica de hielo. Por el otro lado, el derecho según bajamos, la Casa de Socorro y el parque.

López Calvo con uno de sus nietos

Era la calle de todas las tiendas, del cine España, del café Colón, del bar La Martina… Calle que desembocaba en la plaza de Cánovas de urinarios públicos, la posada de Santa Luisa, el despacho central de la oficina de Renfe y el enorme cartel de Carretero e Hijos.

José López Calvo, lo ha dicho él, como estudiante en la escuela era bastante malo. Sin embargo, en lo que verdaderamente le gustaba, que era la música, resultó todo lo contrario.

El Director

En el año 1953, es el número uno de su promoción al acceso al cuerpo técnico de directores, llamémosle, civiles. De tierra, como él dice. Pero, cuatro años más tarde, en 1957, también es el número uno de su promoción para directores militares con tan solo veintisiete años. Y además bien, añade López Calvo.

 Tuve que superar buenos exámenes. Yo creo que la Virgen de las Angustias hizo algo ahí y, mi madre, mi madre que también está por ahí, cerca, alguien que me protege. Ocurrió la cosa más rara del mundo. Uno de los ejercicios era el toque de corneta. No tenía ni idea y le dije a uno, ¿me dejas los toques…? Me los dejó, claro.  Los miro solo una vez y cuando voy al examen, lo clavo. Y eso que eran muchos toques. No los había visto más que una vez y, los demás, que lo sabían, estaban asombrados por lo que había hecho. Es que los dije todos.

Pero José López Calvo iba con vistas a ocupar la plaza de director y superar, así, el escalón que suponía ser brigada que, en otros términos, era ser especialista o músico de primera.

En 1958 se casa en la iglesia de El Salvador porque, Celia, vivía en Andrés de Cabrera. José López ya era teniente recién terminado el curso a directores militares pero, Madrid, aquél Madrid los mata porque en esa época era muy difícil encontrar vivienda por lo que se trasladan a Ibiza en unos años en los que comienzan a desaparecer, por órdenes superiores, las bandas de música militar.

Los López Calvo, cada vez que cumplen trienio, van de destino en destino. De Ibiza a Barcelona en el año 1962, año de deslumbrante actividad literaria hispanoamericana en España. De Barcelona a Huesca de grandes recuerdos para Celia, luego a Toledo y ya, desde ese destino muy especial para él, a Madrid. Madrid.

Villancicos de Federico Muelas

En cuenca, por esas fechas, eran célebres las tertulias del café Colón a las que asistían celebridades intelectuales de la época, entre las que se encontraban Federico Muelas y González Ruano quien, en su libro “Memorias: mi medio siglo se confiesa”, retrata perfectamente tanto el escenario como sus contenidos . Conocía a todos. A Muelas le hice un par de villancicos, sí. Es que se juntaron algunas cosas para que ello fuera posible. Por un lado, Federico y, por otro, Pífano, un militar que era el director del coro de TVE  y que me conocía, claro. Me dijeron que si podía ponerles música y claro que les puse música a alguno de ellos y, aunque no era villancico, también hice el Grillo y la Carcoma. Eran unas letras preciosas.

La Guardia Real

López calvo en Cuenca. Año 1983

Los años pasan muy deprisa. Estudia composición con don Julio Gómez  en el Conservatorio de Madrid porque era gratis al tratarse de un militar. Se pagaba, solamente, un duro. Era otro mundo y ya, en Madrid, José López Calvo ingresa como capitán en la Guardia Real en el año 1976 pasando, a comandante director, al año siguiente con cuarenta y seis años. Seis años más tarde, curiosamente, vendría a Cuenca al frente de la Guardia Real. Era el Jueves Santo del año 1983 y aquel día, Cuenca entera grabó en su memoria el Miserere que juntos, Guardia Real, Banda de Cornetas y Tambores del Ejército del Aire y la Banda de la Guardia Civil cantaron en la calle Fermín Caballero. Era el año, lo repito, de 1983 en el que enterramos a Marco Pérez, nuestro imaginero como López Calvo es nuestro músico: lo he pretendido y las marchas son marchas que me han costado sangre porque no son marchas corrientes. Me he preocupado de que tuviesen armonización única, un contrapunto especial. Nada de baratijas para mi Cuenca. Cada marcha que hago para Cuenca ha sido de llorarlas, de vivirlas como si fueses poemas sinfónicos. Y no, no he sido de ninguna hermandad. Solo de la de los músicos, la del Prendimiento, a la que mi hermano le hizo la marcha esa tan bonita. Y ahí estamos todos los músicos que tiene su cosa por ser el Beso de Judas.

Las Marchas

Audio de López Calvo

No es la primera vez que un músico, un compositor, nos dice que el cielo se baja cuando escucha su música desde la acera. Eso es maravilloso, único. Allí, en Cuenca, como los directores saben en qué lugar me encuentro, ponen a tocar a las bandas en donde vivía Valentín, el de la escuela Milla, encima de Radiolux. Se me caen las lágrima. Es que son alumnos míos: Juan Carlos Aguilar, por ejemplo, que estudió conmigo fuga y son buenos. A mí me gusta escuchar marchas, siempre marchas. Tenemos marchas muy buenas, no solo las mías. Nos hemos preocupado mucho de escuchar y de conocer otras cosas. Ya con don Jesús Calleja, nos íbamos a tal o cual sitio porque nos habían dicho que tocaban marchas muy buenas. Entre ellas la que dirigía José Faus en Granada, de tipo andalucista.

En su homenaje

Uno, desde ciertas distancias musicales, empareja a la mayoría de las marchas con la copla de toda la vida. Es más, una Rocío Jurado hubiera triunfado con alguna de ellas si hubiera tenido letra. Ahhh, eso es porque se popularizó una marcha que tocan en Jaén, “El Abuelo” (a Nuestro Padre Jesús)). Entonces esa, por su impacto, ha marcado huella en todos los compositores y, por eso, tienen ese sello. Es por esa marcha, la del Abuelo que marca muy bien el forte que tocan los bajos, las tubas…

Y las Turbas. Por un viejo turbo y Por tu cara de pena…son muy sentidas. Por un viejo turbo está basado en el “ay que le da que le da”. Se la  dediqué a Jose María Muro que éramos como hermanos y sentíamos a Cuenca de manera especial. Del Requiem por un músico me impresionó el que fue sacristán de San Francisco cuando le oí el tema del Dies Irae. Tenia un vozarrón que me impactó, con mi padre muerto y eso me inspiró. Ha gustado mucho, sobre todo a los músicos. Es que nuestra Semana Santa es la más grande del mundo pero, estando enfermo como estoy, y así, de esta manera, no puedo irme a mi Cuenca a oír eso, mi música porque yo persigo a la banda. Es que voy con ellos, detrás, siendo un músico más y a vivir esa música. Mi hermano Julián tiene mucha inspiración, añade.

Homenaje

José López Calvo

A José López Calvo se le han hecho homenajes, sí. Pero de ellos, el del año 2009 en el Teatro Auditorio de Cuenca, fue especial. El que me hicieron con la Guardia Real es imborrable, imborrable. Es lo mejor que me han hecho. Ya digo que tengo una desgracia muy gorda. Llevo ya siete años así, y no doy más de si.

Estuve con José López Calvo el pasado día 19 de Marzo. El día anterior, el 18, había cumplido 88 años y por eso recordó que ese día, el del Padre, Justiniano le había puesto en los papeles de manera oficial. Nacer y decir adiós es todo uno. Por eso cantamos un poco el villancico ese que dice que no volveremos más, aunque no venía a cuento. Pues yo qué sé. Me gustaría que me recordaran como músico militar, no. Como músico de la Semana Santa. Con eso me conformo.

Hace siete años un ictus le partió por la mitad. Un infarto cerebral que llegó por la nuca. Celia, su mujer, me dice que además de tener paralizado todo el lado izquierdo, no ve nada bien y está perdiendo mucho. A pesar de todo, sigue durmiendo con la radio y según lo que haya oído, así se levanta, comenta Celia.

Tuve la suerte de estar con él, de hablar y de tararear algunas marchas. Con eso, yo, me conformo.

Audio de López Calvo