El Grupo Municipal Popular del Ayuntamiento de Cuenca ha exigido la apertura excepcional de los aparcamientos del antiguo hospital Virgen de la Luz de cara al histórico partido de ascenso de la Unión Balompédica Conquense este domingo. El concejal popular, Juan Guadalajara, ha advertido que la afluencia masiva de aficionados amenaza con colapsar por completo los accesos y alrededores del estadio de La Fuensanta si no se habilitan estas alternativas de estacionamiento inmediatas.

Desde la oposición acusan al equipo de Gobierno socialista, encabezado por el alcalde Darío Dolz, de mantener bloqueada una infraestructura clave por pura desidia y falta de gestión. Según denuncian los populares, los plazos que el regidor suele anunciar como «inminentes» se traducen sistemáticamente en meses de parálisis administrativa. Esta lentitud deja cientos de plazas cerradas a escasos metros del campo de fútbol, privando a la ciudad de la solución más lógica y cercana para evitar el caos circulatorio durante el fin de semana.
Un problema crónico de movilidad en el entorno hospitalario
Esta reclamación puntual se enmarca dentro de un conflicto urbanístico y político mucho más amplio. Tal y como ha documentado el archivo de liberaldecastilla.com durante el último año, la gestión de los espacios del Virgen de la Luz es un punto de fricción constante entre el Ayuntamiento, la Junta de Comunidades y la oposición. La reordenación de la zona ha generado promesas de actuación que los vecinos de Cuenca siguen sin ver materializadas.
La evolución de este debate muestra un patrón de bloqueo institucional. El Partido Popular ya solicitó formalmente al Consistorio que gestionara con la Junta la apertura de estas plazas de aparcamiento durante la anterior eliminatoria de la fase de ascenso del Conquense. Aquella petición fue desoída, y la falta de avances desde entonces refleja cómo la incapacidad para resolver el uso transitorio de las instalaciones del antiguo hospital termina impactando directamente en el día a día de la ciudad.
Al mantener clausurado este espacio disuasorio, el Gobierno local no solo ignora las propuestas de la oposición, sino que condena a los aficionados y a los residentes del barrio a enfrentarse a un embudo de tráfico previsible en uno de los eventos deportivos más importantes del año para Cuenca.

