El Mad Cool Festival ha bajado el telón de su décima edición en Madrid con un balance global que supera los 200.000 asistentes durante sus cuatro días de celebración. La jornada de clausura congregó anoche a 48.000 personas en el recinto del distrito de Villaverde, marcando el final de un aniversario protagonizado por figuras consagradas de la música internacional y un claro dominio de los sonidos clásicos del rock.
Clásicos del rock y magnetismo escénico
La última noche del festival estuvo marcada por el peso de artistas históricos que cumplieron con las expectativas del público. Nick Cave & The Bad Seeds lideraron la velada con un espectáculo de gran intensidad sonora y estética oscura, que culminó con la emotiva interpretación de su clásico “Into My Arms”. Por su parte, la actuación de Pulp supuso el reencuentro de Jarvis Cocker con la audiencia madrileña tres décadas después, ofreciendo un concierto de aire cinematográfico lleno de contrastes rítmicos.
La precisión técnica y visual llegó de la mano de David Byrne, quien articuló un repertorio nostálgico recuperando himnos de su etapa en Talking Heads, alcanzando el punto álgido en el escenario Orange con “Psycho Killer”. En paralelo, The Black Crowes aportaron la contundencia del rock and roll más tradicional; los hermanos Chris y Rich Robinson hicieron vibrar el escenario Region of Madrid repasando los temas más emblemáticos de su carrera.
Transición del soul a la electrónica pura
El abanico musical de la jornada transitó por múltiples décadas y géneros para mantener activa a la multitud. Jalen Ngonda fue el encargado de abrir los escenarios recuperando el sonido soul de los años sesenta y setenta, cediendo posteriormente el testigo a Matt Berninger, quien alternó su repertorio en solitario con los éxitos que lo encumbraron al frente de The National. Poco después, la banda británica Kasabian revolucionó el recinto transformando la pista en una fiesta de guitarras gracias a himnos generacionales como “Club Foot” o “Fire”.
La programación también reservó un espacio de alto nivel para la música electrónica y de club. El escenario The Loop by Iberdrola concentró las sesiones de figuras internacionales del techno como Nina Kraviz y Richie Hawtin. La representación nacional en los platos quedó cubierta con los directos de AEREA y la DJ madrileña Luxi Villar, mientras que los escenarios de Mahou dieron visibilidad a bandas emergentes y talento joven como Bad Tomato, Break The Senses o The Reytons.
Una década de evolución cultural y compromiso social
A lo largo de sus diez años de trayectoria, el certamen ha evolucionado desde una propuesta de ocio estival hasta consolidarse como un pilar en la agenda cultural de Madrid, capaz de atraer a público nacional e internacional. Esta madurez organizativa se refleja en cómo los macrofestivales actuales integran proyectos de impacto comunitario más allá de la música en directo. En esta edición histórica, la recaudación íntegra obtenida a través del cargo simbólico de las acreditaciones se ha destinado a la investigación de la oncología infantil y terapias avanzadas en el Hospital Universitario La Paz.
Junto a esta iniciativa sanitaria, el evento ha reforzado su infraestructura de seguridad ciudadana operando un Punto de Apoyo ininterrumpido. Gestionado por las asociaciones Aspacia y Fundación EddyG, este espacio ha proporcionado asistencia profesional frente a cualquier tipo de violencia hasta el cierre de puertas. Este modelo operativo, respaldado por el Ayuntamiento, la Comunidad de Madrid y las Fuerzas de Seguridad, confirma la transformación del festival: de una simple sucesión de conciertos a un espacio integral de convivencia que ya forma parte de la historia cultural madrileña.


