Se acercan los días de nuestra Feria y fiestas en honor a nuestro patrón, San Julián.
Días de encuentro y de tradición. Días en los que los conquenses volvemos a mirar a nuestro patrón y a recordar la huella que dejó en nuestra ciudad más de ocho siglos después de su muerte.
San Julián no fue un hombre corriente. Segundo obispo de Cuenca, dedicó su vida a los demás, especialmente a los más necesitados. Fue un hombre de concordia, de entrega y de servicio. Pero, sobre todo, fue una persona que nunca se resignó ante las dificultades de su tiempo. Quizá por eso su ejemplo sigue teniendo tanto valor hoy.

Porque, igual que San Julián fue mucho más de lo que le tocó vivir, Cuenca también es mucho más de lo que vemos cada día.
Los conquenses convivimos con preocupaciones y retos que nos acompañan desde hace tiempo. Somos conscientes de que nuestra ciudad tiene asuntos pendientes y en demasiadas ocasiones vemos pasar oportunidades que deberían haber llegado ya. Pero también sabemos algo: que pocas ciudades pueden presumir de la belleza, la historia, el patrimonio y el entorno natural que tiene la nuestra. Pocas cuentan con el talento, la capacidad de trabajo y la calidad humana de quienes viven en ellas.
Por eso, Cuenca es mucho más que sus dificultades.
Es mucho más que aquello que no termina de funcionar como debería. Mucho más que los proyectos que se anuncian y tardan demasiado en hacerse realidad. Mucho más que la sensación, demasiado frecuente, de que nuestro enorme potencial sigue esperando su momento.
Y quizá ahí esté el riesgo: acostumbrarnos.
Acostumbrarnos a escuchar todo lo que Cuenca puede llegar a ser sin acabar de creerlo nosotros mismos. Acostumbrarnos a conformarnos con menos de lo que merecemos como ciudad.
San Julián nos enseñó precisamente lo contrario. Nos enseñó que las dificultades no están para contemplarlas, sino para superarlas. Que siempre hay margen para mejorar la realidad cuando existen convicción, esfuerzo y confianza.
Por eso, al celebrar estos días a nuestro patrón, me gustaría lanzar una invitación a todos los conquenses: recuperemos el orgullo de serlo.
No un orgullo conformista ni nostálgico. Un orgullo ilusionado y exigente. El orgullo de quienes conocen el valor de su ciudad y quieren verla avanzar. El de quienes creen que Cuenca no debe resignarse a ser menos de lo que puede llegar a ser.
Porque Cuenca es mucho más.
Tiene un enorme potencial, y por eso o puede ser más y debe ser más.
Y, siguiendo el ejemplo de San Julián, debemos creer que el futuro no se espera ni se reclama: el futuro se construye.
Que estos días de celebración nos sirvan para disfrutar, para encontrarnos y también para recordar que la mejor manera de honrar a nuestro patrón es mirar hacia adelante con confianza.
Porque Cuenca es mucho más.
Y porque estoy convencida de que lo mejor de Cuenca aún está por llegar.
¡Viva San Julián y viva Cuenca!
Por Bea Jiménez, diputada nacional y Presidenta del Grupo Municipal Popular en el Ayuntamiento de Cuenca

