El Foro Regional de Reducción del Desperdicio de Alimentos ha aprobado por unanimidad en Toledo su plan de acción para 2026, compuesto por 23 medidas. Este órgano consultivo, que reúne a representantes de distintas consejerías y entidades, ha diseñado esta planificación anual dentro del marco de la Estrategia ‘Sin Desperdicio 20-30’. La selección de las acciones se ha estructurado atendiendo a su nivel de complejidad, la disponibilidad presupuestaria y la conexión práctica entre las distintas iniciativas para garantizar un desarrollo armónico.
Durante el encuentro celebrado esta semana, se ha evaluado también el grado de cumplimiento del ejercicio anterior. En 2025, Castilla-La Mancha logró poner en marcha el 100% de las 24 medidas previstas. De ese paquete inicial, nueve ya se han dado por concluidas de manera definitiva, mientras que las quince restantes continúan activas por su mayor tiempo de ejecución y se han incorporado directamente a la hoja de ruta de este año.

Además del balance puramente operativo, el foro ha repasado las acciones de concienciación desarrolladas en los últimos meses en el ámbito de la prevención de pérdidas. Entre estas actividades destacan las campañas en redes sociales dirigidas al sector empresarial, la organización de seminarios web y jornadas informativas, así como la publicación de estudios del Observatorio de Desperdicio Alimentario y la concesión de subvenciones en diferentes convocatorias.
La consolidación de un modelo eficiente
Como muestra el archivo de Liberal de Castilla, la estrategia ‘Sin Desperdicio 20-30’ se presentó originalmente como el plan integral del Gobierno regional para reducir en un 50 por ciento el desperdicio de alimentos durante la próxima década. La validación unánime de las medidas para 2026 supone la consolidación práctica del plan trienal 2025-2027.
Esta continuidad demuestra que la administración castellanomanchega está apostando por una implantación escalonada. Al integrar las acciones pendientes del año anterior con las nuevas propuestas y combinarlas con jornadas formativas, se marca una evolución lógica que permite al tejido productivo regional asimilar los cambios normativos y adoptar sistemas de redistribución de alimentos sin que suponga un choque repentino para su actividad diaria.

