A la trashumancia la pintan de color de rosa pero la realidad es bien distinta

Manolo Cardo

Hasta donde uno llega, Noviembre, además de triste era frío. Los sabañones, a pesar de los guantes de lana que no todos teníamos, salían como por ensalmo produciendo picores varios aunque era peor para las chicas porque, además de sufrirlos, les salían lo que llamaban cabras: unas manchas rojizas que aparecían de rodillas para abajo por efecto del calor de la lumbre. A las mujeres no se les notaba porque, las medias de lana, eran la continuación del pañuelo coronado a veces, muchas, por un rodete en el que ponían el cántaro lleno de agua, llevándolo así, en equilibrio, de la fuente a la casa porque en ambas manos llevaban más cántaros, botijos o cubos.

La única fiesta fuera del domingo, que casi nunca era el once, solía ser la de la matazón y, siempre, en mañanas anticiclónicas de cielos despejados y nieves, a veces, con un frío espantoso que era frenado por la lumbre en la que, antes de chuscarrar al gorrino con aliagas, las mujeres calentaban agua con la que limpiar al cerdo dejándolo blanco con la ayuda de algunas tejas y cuchillos afeitadores.

Al margen del dulero que recogía animales por la mañana a toque de cuerno, este, más o menos, era el escenario para el mes de Noviembre que dejaba esquilmado el suelo, de tantos hielos,  por lo que los ganaderos, como ya hicieran sus antepasados, tenían que buscar una solución si no querían acabar con las existencias de la recolección del año. Así que, la solución, era la de siempre. Huir del frío y de la nieve  y llevar al ganado a tierras más cálidas en las que puedieran pastar los animales reduciendo, a dos, las cuatro estaciones del año al eliminar las más extremas: invierno y verano.

Aitor Cardo

Manuel Cardo, de Vega del Codorno, lo explica muy bien: bajamos al ganado ahora, en estos primeros días de Noviembre porque en el Valle de Alcudia no hace el frío que por aquí arriba, en la Sierra. Es como un otoño nuestro y, si van bien las cosas, hay pasto de sobra. Luego, en Mayo, regresamos porque ocurre el fenómeno contrario. Allí hace mucho calor y, las ovejas, están mejor en la Sierra. Por aquí, por el río Cuervo, están más frescas.

Es la trashumancia recorriendo cañadas reales, veredas o cordeles en las que, Manolo, entre unas y otras cosas se ha dejado ya más de media vida porque lleva en esto casi los años que tiene. Bueno, realmente andando toda la ruta lleva nueve años pero, antes,  la hacía hasta Chillarón en donde embarcaban al ganado con destino a Mestanza y, luego, en camiones hasta que la situación económica no permitía el enorme desembolso sin contar, claro está, con el padecimiento de los animales al viajar en esas jaulas.

Claudia Cardo

Manolo, con mil seiscientas ovejas, hace la trashumancia en familia. Los veintitrés días que dura el viaje lo hará en compañía de sus hijos, Aitor y Claudia, y de su hermano Antonio que, como siempre, va de hatero encargándose de instalar el pastor eléctrico y de tener todo a punto, bebida y comida, en los lugares previstos para el descanso o para pasar la noche en el hotel de las mil estrellas como dice. Más adelante se incorporará  Cristian, un fotógrafo de Puertollano que hará el camino hasta el final.

El Liberal de Castilla ya se hizo eco, la primavera pasada, del problema suscitado por la falta de lluvias (https://www.liberaldecastilla.com/trashumancia-manuel-cardo-traslada-las-ovejas-camiones-falta-agua-define-este-video-lo-la-vereda/) y de esta pertinaz sequía que, para analizarla, habría que volver atrás más de treinta años. Un problema, el de la falta de agua, que obligó a Manolo a realizar el viaje de regreso, en camiones, hasta la Vega del Codorno. Problema que, quizás, se más grande: de momento iremos para abajo despacio, con la esperanza de que llueva que, parece ser, será este mismo sábado. Ya veremos.

Antonio Cardo

En la pasada primavera, la decisión de hacer el viaje en camiones fue porque, desde Mestanza a Socuéllamos, no había agua y, lo más probable es que, ahora, te encuentres la misma situación o peor. Yo no sé de qué forma pueden ayudarte gentes, ayuntamientos, voluntarios…         Si quisieran involucrarse en ello, muy fácilmente porque poniendo cada cual un poquito de su parte, todos los problemas solucionados. Hay camiones que pueden llevar una cuba y, en una hondonada, echársela al ganado para que beba. No hacen falta bebederos ni recipientes de ningún tipo. Sólo una hondonada, las rodadas de un tractor en la misma vereda, una poceta es más que suficiente para echar agua y que beban las ovejas como si se tratara de un charco, claro. Y hoy, cualquier ayuntamiento tiene un vehículo. Una pick up, un tractor, un vehículo en el que transportar una cuba con agua para el ganado. Si hubiera un abrevadero mejor pero, si no, en cualquier lugar, como digo

De aquí para abajo, me cuenta Manolo, hay abrevaderos en La Hinojosa aunque me parece que se ha roto la tubería y no tiene agua, en  Rada de Haro, las Pedroñeras, las Mesas y ya, en la provincia de Ciudad Real, en Socuéllamos. Pero desde aquí hacia adelante, ná de ná. Desde ahí, por Manzanares, Tomelloso, Argamasilla de Alba…tenemos que buscarnos la vida hasta Mestanza aunque hay algunos sitios que tenemos controlaos y yo creo que sí, que vamos a tener agua. Algún día puede que lo pasemos realmente mal pero, en fin, habrá que solucionarlo puntualmente.

Dicen que esto del pastoreo y de la trashumancia es idílico. El campo, la naturaleza y esas cosas. Por eso hay tantos pastores por ahí. Sobre todo españoles. No, de bonita nada. Hay quien lo pinta de color de rosa pero la realidad es bien distinta. No hay fiestas. Ninguna. La jornada laboral es de sol a sol y, si hay problemas, las veinticuatro horas del día haga sol o caiga lluvia. Ya hablamos en otro momento de las dificultades por las que atravesamos los ganaderos y las trabas que ponen las distintas administraciones. Y si esas proceden de otra comunidad, ni te cuento. Y bueno, si a eso añades que hay cuatreros, sí, como lo oyes, gente que te roba sesenta o setenta ovejas te dan ganas de hacer una barbaridad.

Manolo, Aitor, Claudia y Antonio, los Cardo, salieron ayer de Vega del Codorno con destino a Mestanza en el Valle de Alcudia. En la tarde de hoy, jueves, llegarán a la Sierra del Agua para descansar, mañana, en Las Majadas. Con las mil seiscientas ovejas viajarán por la Cañada Real de Rodrigo Ardaz  hasta el refugio de Villalba de la Sierra para dormir, ya el domingo, en los collados de Embid  junto al río Júcar, cerca ya de Cuenca capital. Deja atrás la Sierra, el Parque Natural de la Serranía de Cuenca. Deja atrás la paz y comienza la aventura que incluye cruces de carreteras  con los consabidos cortes de tráfico que muy pocos conductores comprenden, vados de ríos y, sobre todo, en esta ocasión,  la incertidumbre del agua que uno espera que no falte.

Vídeo realizado el 12 de Noviembre del año 2013 durante estas primeras etapas.