Dos imágenes integran la Procesión del Encuentro y, ambas, aunque lleven caminos distintos, salen  desde la iglesia de San Andrés.

En 1.951, y a sugerencia de la Junta de Cofradías, se inician contactos para establecer una Cofradía que desfilara el Domingo de Resurrección y que fuera la encargada de realizar una talla, ambición que llegó a su fin en 1954 en que se constituye la  que se constituye la Hermandad por varios comerciantes de la ciudad pese a que, la Procesión, llevaba desfilando ya dos años antes por iniciativa de la Junta de Cofradías.
            En 1955 se incorpora al desfile la Hermandad de San Juan Apóstol con la talla de la Virgen del Amparo hasta que, cuatro años más tarde, dicha hermandad dona la talla de  la Virgen del Amparo, las andas y el resto de enseres a la Hermandad del Resucitado.
Durante los años sesenta, la Hermandad sufre una grave crisis que lleva a la Junta de Cofradías a proponer que no saliera a la calle para evitar la mala imagen de la falta de hermanos lo que provoca que, en 1966, la imagen de nuestro Señor Jesucristo Resucitado sea portada por banceros de otras hermandades. Tras unos años sin salir a la calle, en 1973 un grupo de jóvenes hace resurgir la Hermandad y, poco a poco, consigue ir saliendo de la crisis pasando las Imágenes a ser conservadas durante el año en una capilla de la Junta de Cofradías.
Por fin, en al año 1.978, la Parroquia de Santa Ana , recién construida, rescató al Señor Resucitado y a María Santísima del Amparo poniéndolos al culto hasta nuestros días, donde continúan.

En la plaza de Cánovas, de Calvo Sotelo antes, de la Constitución o del Nazareno se produce el encuentro de las dos imágenes ante miles de personas que aplauden el momento en el que, la camarera, deja caer el manto negro de luto que llevó en la procesión dejando al descubierto el verde al tiempo que la banda de música interpreta el Himno Nacional. Juntas, ya, desfilan hasta la iglesia de procedencia en donde se cierra el portón a la espera del próximo Domingo de Ramos en el que, una vez más, un nazareno llamará a golpe de aldaba para volver a empezar otra Semana de Pasión.