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Hay lugares en la provincia de Cuenca que, con la nieve, se crecen. Es lo que ocurre con el Nacimiento del río Cuervo o la Chorrera de Tragacete camino del albergue de san Blas y el Nacimiento del río Júcar en los que, los colores, juegan al despiste porque los blancos se mezclan con los negros y, estos, con verdes musgos entre piedras de toba y travertinos en los que se estrella el agua.

Luego está Cuenca, la ciudad, entre una naturaleza poderosa. Un circo calizo. Dos hoces que rezuman humedades medio negras a pie de un suelo polícromo que, como paleta, sirve para mezclar verdes y arcillas sobre manchas  blancas. Cuenca, nuestra Blancanieves.

 
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