Vídeo. Camareras de la Amargura (2009)

A Conchi, camarera de la Virgen de la Amargura, se le escapan las palabras porque, como las emociones van por delante, las frases, la palabra, quieren adelantarse para ir de la mano sin conseguirlo.

Marisa Carralero y, a su derecha, Conchi Serrano

En aquella España en blanco y negro, en aquellas peticiones del oyente de la única radio que había en la ciudad, Radio Nacional de España, ponían de vez en cuando una canción titulada “De tu boda, ¿qué?”, cuyo estribillo “te vas a quedar, solo pa vestir, santos en el altar” no cuadra con Conchi porque se casa con Pedro en la segunda mitad de los años 70 y, al poco tiempo, comienza a ayudar a don Emilio (Sáiz) que hacía la labor de mayordomo al ser el encargado de vestir a la Amargura: “sí, es que nos llevábamos muy bien con Matilde y, eso, incidió en que de la noche a la mañana me viera junto a él en esto de vestir y desvestir a nuestra Virgen. Le ayudaba en lo que podía. Él la vestía y, mi tío Mariano, le ayudaba con la toquilla algo que, desde entonces, es mi asignatura pendiente. Y como se me daba bien coser, pues le hice una enagua a nuestra imagen que le gustó mucho a don Emilio. Fíjate que eran los tiempos en los que, el san Juan, estaba debajo del coro y llevaba, por cinturón, el de la gabardina de don Emilio. Qué tiempos. Luego don Emilio se retiró por la edad y, tras el tiempo en el que estuvo Carmen Zomeño, ya me quedé sola. Eran los primeros años 80 y, don Emilio se nos fue el Martes Santo del 7 de Abril de 1984, justo cuando salía la Magdalena”.

Hay un montón de anécdotas en torno a la figura de don Emilio Sáiz Díez, profesor de dibujo en el Instituto Alfonso VIII  y una de las personas más importantes en la reconstrucción de la Semana Santa de Cuenca durante la posguerra además de benefactor de, entre otras, de la V. Hermandad del Santísimo  Cristo de la Luz al regalarle la vivienda de la calle de San Vicente convertida, hoy, en sede de la Hermandad en la que, desde el año 2016, instala el belén que don Emilio tenía en la casa de Carretería.

Pero volvamos a lo nuestro y a la labor de las camareras: “es que, además de guardar y cuidar ropa y ajuares, también limpio la sede. Subimos todos los martes y la dejamos como los chorros del oro”.

En el vídeo, grabado en el año 2009, aparecen, junto a Conchi, Marisa  Carralero y Encarnita Sanchíz encargándose, esta última, de la toquilla además de recitar un breve poema. Algo que, desde siempre, ha sido la cuesta arriba de Conchi: “pues qué quieres que te diga. Que ahora mismo la toquilla la pone mi prima Marisa que viene a hacerlo, a propósito desde Córdoba. Antes, sí, era Encarnita pero desde hace unos años esa labor la hace Marisa y la hace muy, muy bien. Marisa la deja guapísima. Le ha cogido el tranquillo y la deja preciosa. Es que tiene pasión por esto. Lleva conmigo muchos, muchos años. Mi padre nos hizo un arcón de madera para dejar las ropas y ya estaba  ella conmigo. Guardamos todo en un armario y el manto, los mantos de La Amargura y el de San Juan los llevamos a la Puerta de Valencia”.

De izquierda a derecha: Encarnita Sanchíz, Marisa carralero y Conchi Serrano

Hay una ética, no escrita, por la que nuestras imágenes deberán desfilar a la castellana. Sobrias, elegantes pero, sin aires andaluces: “eso me lleva por la calle de la Amargura porque soy una acérrima defensora del estilo castellano. No me gustan los barroquismos ni que se carguen ciertos acentos y, por eso, defiendo a ultranza la toquilla. He tenido mis más y mis menos, sí, con estas cosas, claro que sí, pero ahí la tienes”.

Si nos fijamos bien, hay grandes parecidos entre la Soledad del Puente (1941) y la Virgen de la Amargura (1942) ambas de Luis Marco Pérez. Imágenes que, cuando están en el suelo, a tu altura, desatan la pasión que llevas dentro. “Ay, mira. Cuando bajan a la imagen me emociono. Pero cuando me quedo sola ante ella, sola, sola, no solo le hablo y le pido cosas, sino que me gusta acariciar su rostro con mi mano mientras limpio su cara de pena. Le hablo mucho y le pido más aunque no me hace caso. Mi dirá que soy una pesada. Que siempre igual cuando la tengo ante mí para la función y cuando la preparo para la procesión.

Le pregunto a Conchi si cambia algo de un año para otro: “pues cambia, cada año ves algún detalle distinto y lo aplicas. Pero una de las cosas que más se han notado es el de las flores en las andas. Van preciosas gracias a que, un día, vino Paula, de la Mezquita, vió, se subió a las andas y ahí está el resultado. Llevamos 4 años con unas andas divinas. Eso ya emociona y si encima le añades lo bien que llevan el paso, pues la lágrima es fácil. Y no solo en la salida sino que, desde cualquier punto de la acera, la emoción manda mucho”.

Sin embargo, este año, la emoción y los sentimientos van por otro lado. “Esperaremos al año que viene y que, en estos momentos  tan difíciles que estamos viviendo, que no nos pongamos enfermos, que termine esta pesadilla cuanto antes y que ganemos la batalla a este virus que es muy cruel. Ya te lo digo yo”.

Vídeo grabado en el año 2009 en el que, casi al final, José Bodoque, representante de la Junta de Cofradías e la Hermandad, rccita el poema “La dulczura de su amor”.

 
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