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Caracena, dura historia ya, fue uno de esos escasos asentamientos anteriores a la repoblación cristiana y repoblada muy poco antes de que se produjera la conquista de Cuenca en 1177. Todo ello sin olvidar que el centro animador de repoblación era Huete, que formaba el Común de Villa y Tierra de Huete dividido en seis Sexmos siendo, uno de ellos, el de Caracena.

En el año 1805, se la recoge como villa perteneciente al Conde de Torrejón habitada por nueve vecinos. Cincuenta años más tare, Madoz la describe diciendo que tiene once casas de poco mérito, una sola calle, una casa palacio en ruinas del conde de la Ventosa, marqués de Miraflores, una iglesia parroquial (de la Asunción) y una ermita en ruinas bajo la advocación de la Virgen de la Carrasca. Da más datos. Que en el río Mayor había peces y cangrejos y que, por industria, Caracena tenía dos molinos harineros y un batán para telas en un lugar habitado por once vecinos que contaban con un presupuesto municipal que no llegaba a los dos reales. En la actualidad solo se conservan los restos de su iglesia parroquial de estilo románico de transición al gótico, de finales del siglo XII.

 

La iglesia románica de La Asunción

No pasa desapercibido este edificio que encontramos a la izquierda de la CM-2019, yendo a Huete, porque el ábside semicircular de piedra es una llamarada imposible de mirar.

Vista aérea de la ermita de Caracena del Valle

Una vez allí, a unos cincuenta pasos de carril, el alma es pura ruina porque el paisaje de lo que fue urbano, está cerrado por derribo a pesar de la limpieza realizada en el año 2014 a iniciativa de la Diputación Provincial de Cuenca y la Asociación SOS Patrimonio Conquense.

Estas cosas, además de por curiosidad, uno las afrenta condicionado por miles de historias como la que me llevó a ver las ruinas del viejo molino, junto al Júcar, cerca de Cólliga. Las puertas de la iglesia, o lo que queda de ellas que es pura nada, te invitaban a entrar y, a saltos, sorteando los brotes de olmos y  zarzamoras esquineras, te presentas en el ábside sin caer en que, ese acceso, tiene un arco apuntado que deja al románico besando al gótico. Lo demás, a partir de aquí, es el mundo interior salpicado de emociones contrapuestas al contemplar un altar tridentino con azules de vírgenes, hornacinas huérfanas y columnas con capiteles que uno no sabe lo que aguantarán ahí. Eso y, como me dijo Luis Puerta, la parte que se alarga hacia el oeste: el cementerio en el que reposan familiares de gentes que viven en Castillejo del Romeral porque, la iglesia, la ermita románica de Caracena, pertenece a este último núcleo de población del que Puerta, sufridor donde los haya, fue alcalde desde el año 2004 al 2012. Un hombre inquieto que a lo largo de los años ha conseguido recopilar lo que llama Las Danzas del río Mayor que verá la luz en forma de libro.

Por lo demás, lo que dicen los entendidos de arte: que la construcción del edificio se realiza en mampostería, que solo en el ábside se conservan unos pocos canecillos que por su forma, rara en la provincia de Cuenca, recuerdan a los de las iglesias vecinas de la antigua diócesis en Guadalajara… Ya he dicho que a la entrada del ábside se contempla un arco apuntado de doble rosca, apoyado en columnas de basa cuadrada con garras, fuste cilíndrico con collarino y ábaco semicónico de cono invertido muy apuntado. Como consecuencia del total abandono, y antes de ser expoliada, sus bienes, me cuenta Luis Puerta, fueron repartidos de la siguiente forma.

Pila Bautismal (Valdecolmenas)

La pila bautismal tiene su historia porque, en 1973, al ser abandonada la iglesia románica, el cura párroco de Valdecolmenas de Abajo trasladó esta pila bautismal hasta su pueblo colocándola como fuente ornamental en la plaza del mismo. Posteriormente, Patrimonio obligó al párroco de este pueblo a que esa Pila fuera conservada dentro de la Iglesia donde está ubicada actualmente.

Se trata de una pila bautismal que, aunque datada en el siglo XV, sigue las pautas de las pilas de época románica.

Retablo con escenas de la Virgen

                                                                     Retablo  (Iglesia de la Merced. Huete)

 El retablo, renacentista plateresco, ubicado en el altar mayor de la iglesia románica, lo podemos contemplar en la actualidad en la capilla lateral de la Parroquia de la Merced de Huete, junto a la sacristía.  1.569 por el entallador Diego de Villadiego y el pintor Pedro Muñoz de Aguilar

En torno a la hornacina central del mismo, hay pinturas al óleo con escenas de la Virgen y alguna otra de la vida franciscana imitando a los que se estaban haciendo en aquellos años en el convento franciscano de Huete.

                                                                       Imaginería  (Museo Diocesano)

Virgen con el Niño en los brazos, Virgen del Calvario con rostro compungido, San Juan, Nuestra Señora de la Carrasca y Corona de plata del siglo XVI.

Libros  (Archivo Diocesano)

Libro de cuentas (1601-1763), Libro de cuentas (1761-1868), Cuentas de Fabrica (1639 – 1720), Cuentas de Fabrica (1720 – 1794, Libro de Bautismos (1577 – 1611), Libro de Bautismos (1679 – 1782), Libro de Bautismos (1782 – 1852, Libro de Matrimonios (1588 – 1635, Libro de Matrimonios (1637 – 1789, Libro de Matrimonios (1790-1851), Libro de Defunciones (1590 – 1637), Libro de Defunciones (1637 – 1796) y Libros de Difuntos (1798 – 1852)