Roger Chartier

Fue al final cuando la palabra taladró a esta sociedad y cultura letrada. Michéle Petit, a la que le entusiasman las emociones y las referencias, se refirió a una biblioteca venezolana en la que, Jenny, refugiada política en Cuenca, trabajaba promocionando la lectura. “Agradezco tus libros”, dijo, “y aunque hay muchos kilómetros entre África y Venezuela, en los libros tenemos ese espacio en el que cabemos todos”.

Fue como un relámpago en el turno de preguntas porque, entre lágrimas, como pudo, fundió ser y biblioteca de la que tuvo que salir con una maleta en la que introdujo su propia vida y algunos libros que, en muchos barrios, no sabían de su existencia porque no los había. Tener la oportunidad de enseñar nos ayuda a superar momentos, nos ayuda a ver colores, a conectarnos y a descubrirnos.

Cuando uno se encuentra con este título, Sociedad y Cultura letrada, le asaltan de repente tantas cosas que, casi, se simplifican al juego del cara o cruz porque, el asunto, a estas alturas, no sé si va más allá de la palabra, del núcleo familiar, de la lectura, de la escuela y de la sociedad en general con sus luces y sombras. “La idea es adecuar a la sociedad entera, a todos, y hacer que la sociedad sea una sociedad letrada si se entiende, así, de esa manera, una sociedad que utiliza la escritura y la lectura para un conocimiento de sí mismo, más adecuado, y una posibilidad de trasformar lo que hasta ahora impide identificar a los individuos lectores y escritores como instrumentos pensantes en el mundo en el que estamos”, responde Roger  Chartier, al que entrevistamos en la Biblioteca que, desde hace meses, lleva el nombre del desaparecido y recordado Pedro Cerrillo.

“Estamos en tránsito. Referirse a una sociedad y a una cultura que puede ser letrada, tiene el sentido de un proyecto que, a la vez, es trayecto de idas y de vueltas, de itinerarios múltiples. Mucho de lo que ha de venir ya está escrito, pero sin duda que queda mucho por escribir y, de ahí, que tengamos un desafío enorme sobre lo más básico. Desafío que es pedagógico, social, lleno de enseñanzas, de aprendizaje que deberá extenderse a lo largo de toda la vida” expresaba el profesor José Antonio Caride, de la Universidad de Santiago de Compostela, cuando sacábamos punta al título genérico del Congreso: Sociedad y Cultura Letrada. ¿Estamos en ella o, por el contrario, nos alejamos ante tanta oferta digital?

Elisa Yuste, Araceli García y Sandra Sánchez

En este Congreso se ha debatido, mucho y bien, sobre el poder de la palabra porque, en la gran mayoría de las culturas, el origen de las cosas está en ella, en la palabra y, con ella, el arte de combinarla con otras hasta lograr un significado, una comunicación que solo se logra con el lenguaje. La palabra nombra, al nombrar, y al ordenar, crea. Hay palabras para todo. Para ser oídas y palabras escritas para ser leídas. Escritura y lectura. La llave que abre la puerta del entendimiento. Vivimos, sí, en una sociedad letrada en la que, como dice el profesor Caride, lectura y pedagogía deben ir unidas: “no hay pedagogía que no construya comunicación. Que lo haga con las mejores palabras, con las que permiten agrandar la mirada, describir, interpretar y mostrar los sueños del mundo que tenemos que construir, el mundo posible para que la Humanidad se dé la oportunidad de reconciliarse con ella misma y con el planeta en el que vivimos. Debe ser aprendido y, por ello, la pedagogía no puede inhibirse. Ha de comprometerse y responsabilizarse con lo que esto significa en sus teorías y en sus prácticas”.

Sociedad y Cultura Letrada, ha sido un Congreso Internacional organizado por el CEPLI (Centro de Estudios de Promoción de la Lectura y Literatura Infantil) de la facultad de Ciencias de la educación y Humanidades de la Universidad de Castilla-La Mancha, en el campus de Cuenca, dirigido por Santiago Yubero quien, entre otras cosas, ha hecho de introductor-presentador de la práctica totalidad de los conferenciantes de muy alto nivel como Roger Chartier, uno de los investigadores más reconocidos en el ámbito de la historia de la cultura con una amplia trayectoria profesional: historiador de la cuarta generación de la Escuela de Annales, profesor de la Universidad de Pensilvania y director de la Escuela de Escuela de Estudios Superiores de Ciencias Sociales de París (EHESS). Un hombre cuya preocupación historiográfica, siempre vinculada a las transformaciones sociales y políticas producidas en la historia europea, se ha centrado en el estudio de las prácticas de escritura-lectura, los modos de producción de lo escrito (del papiro al códice, del libro a las pantallas) y la apropiación y reconstrucción de significados por parte de los lectores de épocas diferentes.

Mesa redonda: promoción de la lectura en la escuela y en la biblioteca

Por eso su conferencia versó sobre El Pasado en el presente. Historia de la cultura e historia de la educación. “Se trataba de entender la historia de la cultura escrita con las ciencias de la educación. Por eso se hacía presente unas preguntas en torno al pasado dentro de los temas como relación de las normas y de las prácticas. Hay normas escolares de lectura y prácticas de lectores que pueden incorporar normas”, dijo Chartier añadiendo, además, que la clave es la reflexión. “Sí, reflexionar de cómo las perspectivas históricas pueden permitir pensar de manera más adecuada las mutaciones del presente: técnicas con la entrada de lo digital o las realidades más tradicionales como la enseñanza, la confección teórica de los objetos de investigación, la relación con los lectores y, cómo no, mejorar el mundo en el que vivimos”.

Lectura y LIJ en contextos digitales fue el contenido del conversatorio coordinado por Sandra Sánchez, directora de la Biblioteca Universitaria, en el que intervinieron Araceli García (Universidad de Salamanca) y Elisa Yuste, promotora y consultora. “Pues la idea que hemos querido transmitir Araceli y yo, es que los niños y los jóvenes que están en contacto con lo digital tienen un consumo mas pasivo, no como auténticos lectores porque, ello, no fomenta desarrollo lector. Hay mucho contenido en app o web que puede ser muy interesante para la formación del lector digital. Lo que hacemos es identificar contenidos y acercarlos a los mediadores para que los usen en tareas de mediación y, a partir de ahí, atraerlos a propuestas en papel, cosa difícil, porque ahí entra el marketing y muchos intereses”, dice Elisa Yuste. La falta de interés por las lecturas tradicionales es cada vez mayor y, por eso, “hay que hacer un esfuerzo para que los chicos no se enfrenten solos a contenidos digitales”.

En algún momento, desde el público, aprovechando coloquios, se relacionó lo digital como el río que nos lleva aunque no se sabe a ciencia cierta a qué parte. Lo cierto es que, poco a poco, se iba centrando la Sociedad y Cultura letrada en un mundo muy nuestro, social, educativo y familiar como se puso de manifiesto en la mesa redonda titulada Promoción de la lectura en la escuela y en la biblioteca en la que participaron David Martínez (Coordinador de Biblioteca Solidaria), Elisa Larrañaga, Subdirectora del CEPLI y Josep Ballester de la Universidad de Valencia que comenzó recordando el cuento de Voltaire sobre el peligro de la lectura. “Voltaire está presente en la actualidad porque, en su cuento, se refería a que, la lectura, tenía que estar prohibida.

Mesa redonda. Editar LIJ y novela gráfica en el siglo XXI

Que no se enseñase a leer porque, los estados, necesitan gente que no piense, que no vea más allá de su contexto. Que no viaje imaginativamente”, dijo Ballester leyendo a Voltaire al tiempo que daba un golpe sobre la mesa de una realidad palpable: “Es preocupante lo del  barómetro de lectura que hace el Ministerio de Cultura, los rasgos de una sociedad y la cantidad de gente que solo lee un libro al año. Fíjate en el dato de que, tras 4 o 5 elecciones, nadie, ningún político habla de la cultura ni de la educación. Tendríamos que protestar porque la lectura hace ciudadanos críticos, flexibles. Porque la lectura sirve para cambiar lo que no nos gusta. La lectura en la escuela y en la biblioteca nos ayuda a entender a domesticar lo que no nos gusta. No cambiará la realidad pero nos ayuda entenderla” dijo Josep Ballester en una mesa redonda desde la que, si Elisa Larrañaga reafirmó el papel de la familia lectora y de la poco a poco implantación de las nuevas tecnologías en la escuela, David Martínez abordaba el difícil mundo de la inmigración cuando, estos, se sienten refugiados en la lectura porque, ahí, en ese mundo lector, todos somos iguales.

La Biblioteca digital pública: presente y futuro cerraba la programación de la tarde. Una conferencia a cargo del profesor de la Universidad de Bolonia, Paolo Tinti, a la que se refirió como de “mucho futuro y poco presente”. Se trata, dijo, de una biblioteca fundada sobre los valores de las bibliotecas públicas con historia muy antigua. “Empieza en el siglo XIX y su valor es importante porque tiene la gratuidad, la libertad y la independencia de todo. Es un sistema con acceso público al saber, a la información para todos”. Es el momento de imaginar una biblioteca pública digital con informaciones que no pueden ser gratuitas e, incluso, que presente cierta dificultad de acceso a niños, jóvenes o discapacitados pero una biblioteca con gran futuro “porque la información tiene que ser difundida en todo el mundo de forma gratuita y libre. Todos debemos acceder al saber con la rapidez y fuerza del medio digital”, dijo Tinti.

Paolo Tinti

El viernes, Editar LIJ y novela gráfica en el siglo XXI congregó a representantes de tres editoriales (Kalandraka, Astiberri y SM) que, como si se hubieran puesto de acuerdo, compartían idénticas experiencias en esos lugares en donde habitan los libros y desde donde salen para soñar.  Paz Castro, del departamento de comunicación de kalandraka, destacaba esos momentos en los que, en la familia, entregamos la palabra al niño en forma de libro, estableciendo una relación que va a perdurar para siempre. Y es que el niño, como dijo Michéle Petit, antropóloga de la lectura, es un mundo en el que todo le cabe.

Michéle Petit

Es todo imaginación. “Pero las redes sociales están diabólicamente programadas para empeorar la calidad humana. Nos robotiza, nos uniformiza, perdemos identidad. Tenemos que defender la diferencia protegiéndonos como comunidad. El libro es esa casa a la que acudimos para proyectarnos a otros mundos y, eso, no te lo da un aparatejo” afirmó Castro entre risas cuando subía Michéle Petit, una de las mayores autoridades sobre la lectura a nivel mundial, para iniciar su conferencia Somos quizá ante todo animales poéticos y, claro, la pregunta era obligada. ¿Necesitamos arte y literatura para ser poéticos? “Ayuda a ser poéticos. Podemos serlo con la naturaleza, los niños, pero necesitamos también lo que estuvo antes con literatura y arte. Me interesaba trabajar sobre eso porque estoy cansada de vernos reducidos a variables bajo el neoliberalismo. De ver reducida la literatura y el arte a lo mínimo. A la rentabilidad porque no era eso lo que yo escuchaba ya que me hablaban de otras dimensiones. Es que hace más de treinta mil años que los humanos inventamos el arte antes que la moneda y la agricultura y, para recordar eso, lo que me contaban, me interesaba centrar la conferencia en eso”, dijo Michéle, cuyas principales líneas de investigación son la lectura y su función en la construcción o reconstrucción de la identidad, así como los espacios de lectura. Ha dirigido investigaciones sobre la lectura en el medio rural y sobre el papel de las bibliotecas públicas en la lucha contra los procesos de exclusión y, también, ha profundizado el análisis de la contribución de la lectura en espacios que son objeto de conflictos armados, de crisis económicas intensas, de movimientos forzados de poblaciones o de gran pobreza.

Jenny, refugiada política en Cuenca

Situaciones en las que, sin duda, ha encontrado lo que llama palabras habitables al comparar los textos leídos con una cabaña en la que se escuchan los ruidos del mundo. “Esa dimensión habitable me pareció importante rescatarla porque, la literatura y el arte son componentes especiales del arte de habitar para hacer que podamos relacionarnos de forma más amigable con palabras poéticas, llenas de belleza que ayudan a que las cosas sean habitables. Necesitamos mediación poética con el mundo” afirmaba Petit, abriendo un turno de preguntas como consecuencia de pasajes relacionados con la inmigración maltratada en Francia por culpa del lenguaje o de otros que ocasionaron historias contadas por Leti (México) cuando refugiaba a sus alumnos bajo la lectura en medio del terremoto o lo de los hijos de reclusas en cárceles chilenas . Hablamos de esa maleta cargada con el equipaje de la vida. Con lecturas que te hacen ser libre