Vídeo. Maderadas en el Escabas

 

Paulino Córdoba

El 17 de Julio, del año 2007, organizado por la Diputación Provincial, Ayuntamiento de Proego y el Museo Regional de los Gancheros y de la Madera de Cañizares, se programó el IX Encuentro “Pinos y gancheros, embajadores de Cuenca” en el que se incluía un buen número de actividades.

En Cuenca, en el Centro Cultural Aguirre, hubo mesa redonda en la que participaron José Luis Guindo, cronista oficial de Aranjuez, Consuelo Martínez Correcher, hija y nieta de madereros, Raúl Torres y el cineasta Luis García Berlanga.

Se proyectó la película “Gancheros” y, al día siguiente, ya en Priego, Consuelo Martínez Corracher se refirió al oficio de ganchero, se proyectó la película “Maderadas”, se homenajeó a los gancheros de la zona para pasar al domingo en el que hubo encuentro de gancheros, dulzainas y, que uno sepa, la primera recreación de maderada por el río escabas surgiendo, así, lo que en años sucesivos sería una atracción de primer orden: las maderadas en Priego, organizadas por la Asociación Gancheros de la Comarca de Priego.

Hoy, doce años después, esas maderadas son mero recuerdo. Nos lo confirma Paulino Córdoba, tesorero de la citada Asociación, al tiempo que nos pone en antecedentes tales como la misma madera: “había que ir al monte a cortarla. Una vez cortados los pinos, teníamos que pelarlos y limpiarlos de ramas, Esa producción de madera nos duraba algunos años pero, llegado el momento, la madera ya no vale y hay que volver al monte a hacer esas faenas. Somos muy pocos y, ya, mayores, no podemos”, dice Paulino.

En este punto hablamos de las asociaciones culturales, de sus diversidades. De lo que aportan y del trabajo que conlleva. “Si. Ese es el principal escollo, el problema y lo que nos echa atrás. Hoy día estamos muy pocos, cuatro en Priego y, los demás, por ahí.  Somos menos gente aunque hay jóvenes, hijos de los que participan, o nietos, que colaboran lo justo. No se comprometen. Es que es laborioso y, ya en el río, peligroso”.

Maderadas. Siglo XIX

Las maderadas por el río, no dejan de ser la recreación histórica de una época que se vivió hasta hace unos 90 años aunque, su origen, sea anterior a los árabes. Como toda recreación transmite parte de la realidad de la época aunque, en este caso, se quedara lejos porque si el trabajo de los gancheros, río abajo, duraba meses y en aquéllas épocas, en nuestro caso el sufrimiento era de un día, Escabas abajo…sin contar con los trabajos previos. “Es un sufrimiento esta recreación de la vida del ganchero. Los del Alto Tajo lo llevan mejor porque no tienen tanto trabajo como nosotros. Allí son 5 pueblos y de cada uno de ellos, van 4 o 5 personas, fíjate. Más que suficiente. Y encima, el río Tajo por ahí arriba es más dao para hacer estos de las maderadas porque está limpio. Aquí, por Priego, hay que limpiar las orillas para entrar, salir, meter la madera…Estas cosas antes no existían porque los ríos bajaban limpios. Y, a ello, se une el que el Escabas no tiene tablas como el Tajo. Son pequeñas, hay que coger los niveles y, hasta que sale la madera es muy, muy laborioso”, asevera Paulino.

 

Es la vida misma. Casi, la historia de nuestros pueblos que poco a poco fueron cerrándolos hasta vaciarlos por la falta de infraestructuras, y por no sembrar “especies” que impidieran la erosión humana haciendo más fácil el arraigo de nuestras gentes.

Todo comenzó en el año 2007 con un grupo de personas que, ilusionadas, querían dar más vida a un pueblo que, además de la cerámica y del mimbre, fue famoso por sus gancheros río abajo. Pero esas mismas personas se hacen mayores y, lo que es peor, se sienten solas. “Es que es inevitable. No podemos. No damos más de sí. El ayuntamiento colabora un poco, la Diputación otro poco…Necesitamos dinero, sí, pero necesitamos mucho más a personas que pongan el hombro para llevar al santo. Nosotros descendemos de gancheros y, eso, nos tira. Pero a los jóvenes estas cosas les da igual”, dice finalmente Paulino.

Maderadas en el río Júcar, a la entrada de Cuenca.

Maderas de Cuenca. El río que nos lleva

La madera de Cuenca, de los montes de Cuenca, ya era reconocida antes del siglo X por su cantidad y, sobre todo, por la calidad de su pino negral que protagonizaría, siglos después, construcciones tan notables como el Alcázar de Toledo, el Real Sitio de Aranjuez, El Escorial, el Palacio Real de Madrid etc. así como los grandes buques que se hicieron en las Atarazanas de Denia o el Arsenal de Cartagena.

El acarreo fluvial de troncos, fue usual en muchos ríos de Europa. En España, se dio en el Turia, el Gállego, el Segre, el Ebro, el Tajo, el Júcar, Turia y Segura porque, el Guadalquivir apenas tuvo uso.

Se buscaban buenos pinares, calidad de la madera y cursos fluviales capaces de soportar este tráfico y, al mismo tiempo, conectar la montaña prácticamente con el mar porque, allí, en las alturas de los montes, tenía lugar la corta, el pelaje del pino (quitar la corteza y las ramas) y, ya, llevarlo al río con ayuda de mulos o caballos uncidos.

En el caso que nos ocupa, el río Escabas se unía al Guadiela en el Molino de las Juntas y, más allá (no existía Entrepeñas ni Buendía), al río Tajo que, por Aranjuez, Toledo, Talavera…llevaba la madera hasta Lisboa.

En el agua, tras el encambrado para que flotaran mejor, entraba la labor de los gancheros, unos 100, que serían los encargados de conducir la maderada, río abajo, constituida por miles de troncos que podrían ocupar unos 25 kilómetros de río. Una longitud supervisada continuamente por la “delantera”, responsable de abrir camino acometiendo auténticas obras de ingeniería, el “centro” que se ocupaba de evitar que los pinos se enredaran y pudieran formar una presa, y la “zaga” que iba desmontando lo que habían hecho los primeros.