Y no. No me estoy refiriendo a la composición de Serrat precisamente. Me refiero a ti, virus del demonio. ¡Ya ves! Yo que me las prometía tan felices de no tener que volver a ponerte en la palestra de mis escritos…¡toma… otra vez más y las que aún me rondará la puñetera morena!

Por estos andurriales manchegos , al menos por mi barrio –desconozco en primera persona lo que sucede en otros – la cosa tuya  y tus supuestos efectos no para de estar en el candelero dando la tabarra, un día sí y al siguiente más aún.

Francisco R. Breijo-Márquez
Francisco R. Breijo-Márquez

¡Anda que no vas a dar el peñazo por obra y gracia de los expertos en ti y que casi nadie sabe quienes son; esos que a lo único a lo que se dedican es a especular empirizar y proclamar tesis infalibles cuando ni siquiera han elaborado una hipótesis nula que pueda ser revocada  por unas conclusiones irrebatibles!

O eso dicen, porque lo que es a mí, amigo mío, no me las dan con ese queso tan soso. Ni me toman el pelo, entre otras cosas porque ya me va clareando la terraza, mal que me pese.

La distancia interpersonal, el uso de máscaras, lavarse las manos (del resto no dicen nada) son criterios cambiantes más o menos cada ocho horas, cuál fármaco que se prescriba, normalmente. Poco más o menos y sin intención personal de exageración.

Son tantos y tan variados los mal llamados “protocolos” (si consideramos que ‘protocolo’ viene a significar una serie de normas de obligado cumplimiento, mi oficio nada tiene que ver con el término, pues bien, sabido queda que “cada persona es un mundo y sus reacciones son distintas”.

O sea que, huelga el término “protocolo”; guía o directrices sí, eso sí … Pero son tantos los que envían que ya ni recuerdo el primero que recibí; y el último tampoco. Yo creo que ni lo he leído, de áspero e incomprensible que me resulta.

Un disparate total – y hasta parcial si me apuras – todo lo que a ti se refieren, mi querido virus – sí, querido: ya sabes  también que ‘el roce hace el cariño’; y tú, coñazo, no dejas de rozarme, de abrazarme…de embozarme, o sea que clara la llevo contigo virus demoníaco y cansino – y pregonan en cualquier lugar que se precie, atemorizando al personal más de lo debido y mucho más lo que conmina el decoro más universal.

Estoy seguro de que no haces otra cosa todo el día -noche incluida – que a partirte la caja, si es que tienes, y regodearte junto a tus millones de semejantes con las salidas y conclusiones, nunca bien demostradas científicamente, que se nos ocurren a esa especie que se ha dado en denominar “humana”. ¡Como si te viera!

¿Te diste cuenta del hecho de que toda persona tiene sus propios e irrefutables criterios sobre ti? Igual que todos llevamos un seleccionador de futbol mucho mejor que el que esté.

La última, amigo mío,  es de traca. Al menos para mí, compañero del alma compañero.

Resulta que, desde que tuviste la ocurrencia de provocar una primera ola – esto va por oleaje, mareas, fases lunares y similares según puedo captar por lo que puedo ver y valorar – pues los que estamos contra ti y tus felonías, nos apartábamos de tu contacto tan solo atendiendo a los llamados ‘pacientes’ (pacientes somos todos, aunque unos posean más paciencia que otros: yo, amigo mío, soy de los otros) por medio del teléfono.

Que, dependiendo de la hora de llamada, la tal puede ser infructuosa o no. Muchas son  infructuosas puesto que llamar a horas tan intempestivas como las nueve menos cuarto es  poco menos que una falta de respeto. Hombre, por Dios, que todavía no se han despertado y, por tanto, ni un mal café despejante les ha dado tiempo a preparar. Y eso que habían solicitado consulta previa días antes de la irreverente llamada. ¡Habrase visto qué falta de delicadeza  del médico! : Un respeto oiga, aunque solo sea por el cola-cao caliente, que, si se ponen a contar sus cuitas al teléfono, se puede enfriar y.…ya no es lo mismo, ya no es lo mismo, por Dios.

Pues eso, que desde que se te ocurrió hacer la primera ola en concordancia con tus similares, todas las consultas – salvo casos mayores y de mayor contundencia y necesidad – eran “No presenciales”.

Es decir, que nadie – salvo lo anteriormente explicitado – podía presentarse en ellas sin previo aviso y a traición para que el médico o la médica – ¡ya estamos! – lo vea antes y le recete unas medicinas que le habían caducado y no le daban en las farmacias, a pesar de que en el sistema informático figurasen como activas (Ahí tienes que tomar cartas en el asunto Fernando, que para eso eres el presidente del Ilustre Colegio de Médicos: una unificación de criterios entre tal Ilustre y el de los Farmacéuticos, no vendría nada mal, pero nada mal).

La cosa de presentarse como perico por su casa resulta bastante frecuente, y yo, amigo mío, lo llevo francamente mal. Me enfrento a sus solicitudes y arrabaleras demandas, les dirijo a dónde tienen que dirigirse para ser atendido con mi visto bueno y.…como si quieres más arroz, Catalina de mi alma: se arma la de dios es cristo, sin pistolas- de momento, de momento – y al final, le haces el paracetamol seiscientos o el rivotril de dos – las benzodiazepinas salen que es un primor, amigo mío – por aquello de no liarla más parda de lo que está.

Bueno, por no despistarte amigo mío, que me estoy yendo por las ramas dejando libertades a mis incomprensibles cabreos que no tienen razón de ser (para mí, amigo mío, si…y mil veces sí, pero…).

Como te decía, la última ha sido de traca valenciana en plenas Fallas permitidas. Resulta que, tanta pelea a fin de no petar las consultas y así evitar mayores y peores números de contagios y contagiados, no ha servido absolutamente para nada.

Pues en un pis pas, y gracias a la nueva campaña de vacunación de la gripe – yo no sé a qué gripe irá dirigida, ni es una cosa que me quite el sueño, amigo mío – , salgo de mi consulta y me encuentro todo, absolutamente todo el pasillo petado hasta las trancas de gente citada para ser vacunada. Como te lo digo, amigo mío. ¡Petada hasta las trancas!

¿Cómo podría yo comerme tal disparate sin que el pavo se arme en su magna expresión? Pues eso, que ni podría ni quiero poder. Siete u ocho meses de contención contra ti, se esfuma en unas horas de inmensa concurrencia.

Ni siquiera tú puedes comerte el disparate. ¿A qué no?

Yo, amigo mío, lo he puesto en conocimiento del coordinador, que el pobre y buen doctor, está tan hasta las narices de tanto malvado, ignorante y follonero personal que va a dimitir del cargo muy próximamente. No es que yo sea un chivato- los odio, y los pasillos que los junta y revuelve, ya ni te cuento, amigo virus de los co*****.  Es que me parece lo mínimo comentar tal tropelía.

Lo dicho en el título. Que no se me deja otra cosa que pensar en ti, no tanto por halagarte como para que se sepa, lo más alto y claro de lo que uno sea capaz. Y tengo voz para ello. ¡Vaya que si tengo!

P.S.- No quiero terminar esta misiva sin aportar dos cosas:

Primero solicitar disculpas a los lectores y lectoras que tengan a bien leer esto, tan embarrado como disparatado.

Y segundo, proclamar mi más sincera admiración – y espero que la de todo el personal- por todos y cada uno de los bedeles, administrativos y, en general, gente ímproba que no le queda otra que aguantar todos los días tanto las bondades como las impertinencias del personal que atienden. Mucho más en vanguardia contra ti, amigo mío, que cualquier otro personal sanitario.

¡Olé por ellos! Fueren masculinos o féminas….sin distinción. Y poco o muy poco valoran sus esfuerzos y su trabajo. ¡Otra vez mi olé y mi sombrero quitado!

Firma invitada: Francisco R. Breijo-Márquez. Doctor en Medicina.

 
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