En su discurso de toma de posesión, el actual Presidente del Gobierno realizó un gran número de propuestas que, tras los primeros 100 días de gobierno merece la pena analizar y valorar su grado de cumplimiento, ya que según expresó él mismo, todas ellas tenían un carácter de extrema urgencia.

Más de cien días de gobierno del PSOE, desde el calor de las promesas al frío realismo
Yolanda Ramírez Juárez

Dado que son muchas las promesas realizadas por el actual Presidente del Gobierno, voy a centrarme exclusivamente en las de carácter laboral, estrechamente relacionadas con el empleo y la economía del país.

Bajo la fórmula genérica de “derogar la reforma laboral del Partido Popular y aprobar un nuevo Estatuto de los Trabajadores”, Pedro Sánchez ideó las siguientes propuestas, que de forma contundente prometió cumpliría, a sabiendas de que la realidad era tozuda:

“Derogar con carácter inmediato, los aspectos de la reforma laboral del Partido Popular que establecen un modelo de empleo precario y de bajos salarios”…

“Aprobar con base en el Diálogo Social un nuevo Estatuto de los Trabajadores”… “concebido como una carta de derechos de los trabajadores”…

“Eliminar la figura de los falsos autónomos”

“Terminar con la figura de los falsos becarios”

“Luchar contra la precariedad estableciendo claramente tres tipos de contratos”

“Garantizar la igualdad salarial”… “entre trabajadores de empresas principales y de servicios”…

“Recuperar la negociación colectiva como instrumento de igualdad y de equilibrio de poder”

Tras estos primeros 100 días de gobierno no parece atisbarse ninguna acción de gobierno que apunte a la puesta en marcha de acciones legislativas, que permitan apuntar a que cualquiera de estas medidas pueda ver la luz en un plazo relativamente breve y con liquidez.

Hasta el momento, todas las  cuestiones aprobadas o planteadas en el Consejo de Ministros tienen más un sabor de marketing y de gestos hacia la galería, que nada tienen que ver con los temas de fondo que afectan en temas esenciales como el empleo, la economía o a las cuestiones sociales, que a propuestas que puedan hacerse realidad y ver la luz; salvo si exceptúa  la adaptación del incremento de las pensiones al IPC, que debe haber dejado bastante mal sabor de boca en los sectores que se movilizaron por este tema, las de aquellos que se corresponden con las percepciones más bajas, y cuyo incremento obviamente no se resuelve por la vía de subirlas un punto o punto y medio, prueba de ello es que se vuelven a movilizar.

Además, el ritmo de descenso del paro registrado, aunque se continúa produciendo, lo hace a un menor ritmo. Mientras en 2017 la media mensual de descenso fue del 9,31%, y en los meses de enero a mayo de 2018 lo hizo a una media del 7,05%, en los meses de junio a agosto, pese a ser meses de creación de empleo por la estacionalidad, el descenso medio del paro registrado en estos meses, que coinciden con los 100 primeros días de gobierno, el promedio de descenso ha sido, tan sólo, del 5,97%.

En agosto, en Catilla-La Mancha, el incremento del número de desempleados ha sido de 1.477, creciendo en todas las provincias salvo en Guadalajara donde bajó en 33, lo que me parece totalmente insuficiente, pero continúa demostrando que en nuestra provincia seguimos haciendo la cosas algo mejor a la luz de estos datos, aunque todavía quede mucho por hacer.

Pese a estos preocupantes datos, parece que, en materia económica, en el Ejecutivo de Pedro Sánchez se va imponiendo una buena dosis de realismo, a pesar de las presiones de buena parte de los socios que le llevaron a la presidencia, y van siendo conscientes de que cualquier alteración profunda que contribuya a un importante desequilibrio de los costes laborales, no sólo no sería bien vista por Bruselas, sino que podría tener efectos muy negativos sobre nuestra economía y que, por tanto, las mejoras en el plano laboral han de ir necesariamente acompañadas de otras medidas, como por ejemplo mejoras de la productividad, de una mayor cualificación de nuestro aparato productivo que cualifique los empleos …etc y, en definitiva, de la generación de una mayor competitividad, por la vía de la excelencia, la innovación y la puesta en valor de nuestros productos y servicios.

Todo esto, se ve perfectamente plasmado en las primeras valoraciones que el propio Pedro Sánchez está haciendo de sus primeros 100 días de gobierno cuando dice que como parte de sus ejes de gobierno son “ambición y realismo”, para “en esta legislatura ir sentando las bases de la gran transformación que necesita España hasta 2030”.

Tengo la sensación de que para la mayoría de sus actuales socios de gobierno e incluso para la mayoría de sus potenciales votantes, ese aplazamiento del bienestar social hasta el 2030 resulte un plazo excesivamente largo, máxime cuando se han hecho promesas casi milagrosas en materia de recuperación de niveles de bienestar, equivalentes a la etapa anterior a la crisis económica.

Si las prisas nunca son buenas para nada, mucho menos lo son si van acompañadas de vaivenes e improvisación, porque ello incide directa y negativamente en la transformación de un país, muy necesitado de cambios y evolución. Ahora bien, cambios que para ser llevados a cabo requieren de la sensatez y la mesura que el buen gobierno exige, lejos de una lógica de codazos y empujones que producen más la sensación de un “quítate tú para que me ponga yo” y “lo que tú haces lo derogo, sólo porque lo has hecho tú”, en lugar de la búsqueda mediante el consenso que permita hacer frente a los grandes retos que nuestro país tiene para su modernización, y dar alguna oportunidad a la posibilidad de hacer frente a los grandes retos que el futuro nos presenta.

Guadalajara es una provincia de oportunidades y de futuro, por ello espero que desde este gobierno se le dé la posibilidad de reivindicar y alcanzar el lugar que se merece y se invierta lo necesario para generar empleo, desarrollar nuestra economía, mejorar la productividad y hacer de nuestra provincia una imagen de excelencia y de referencia.