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Los Cargos de Huélamo,  devotos de la Virgen del Rosario, salen de un año para otro sin subasta alguna aunque están “obligados” a bailar la bandera y a la invitación que, con el paso de los años, ha evolucionado del puñao de cañamones y el trago de vino a una comida multitudinaria en la que, además de los cargos, colabora el vecindario.

Representan a los tres poderes: local, eclesiástico y militar y, como si de esos tres poderes se tratara, serán tres veces las que bailen la bandera. Una antes de la misa y de la procesión. Otra poco antes de que se haga realidad una carrera única (la Joya) y, la tercera, cuando han de pasar el relevo a las puertas del Ayuntamiento.