Las redes sociales tienen un fuerte impacto en nuestra autoestima, pero también en nuestra memoria pues compartir en estas plataformas nuestras experiencias hace que seamos capaces de recordarlas mejor en el futuro.

fotonoticia_20160908122904_680El último estudio sobre las redes sociales se ha centrado en los efectos que éstas tienen en la memoria de las personas. “Si la gente quiere recordar sus experiencias personas, la mejor forma de hacerlo es ponerlas ‘online'”, ha declarado la responsable de la investigación, la doctora Qi Wang, profesora en la Universidad de Cornell (en Estados Unidos).

Las redes sociales, como explica Wang en el extracto del estudio, “nos proveen un importante canal para evocar recuerdos, en espacio público, y compartir con otras personas”.

Es decir, contar en Facebook o en nuestro blog personal cualquier de nuestras experiencias, ya sea lo que hemos desayunado o un altercado que hemos tenido con algún compañero de trabajo, hace más fácil que en el futuro lo recordemos. Este efecto es un efecto similar al que tiene llevar un diario o contarle a alguien algo que nos ha pasado.

Las respuestas de otras personas juegan, además, un papel importante en este efecto, tanto en papel como en digital. “Puede permitir que la gente reflexione sobre las experiencias y su relevancia personal”.

Pero compartir en una red social tiene un papel importante en la construcción de la propia persona, como ha indicado Wang. “Moldea la forma en la que recordamos nuestra experiencias y también moldea quienes somos”.

Ocurre, además, sin que nos demos cuenta. La memoria es selectiva, como Wang ha puntualizado, pero en las redes sociales esta selección es externa a nuestra mente. “Las funciones de interacción en las redes sociales pueden modelar también la forma cómo vemos nuestras experiencias, cómo nos vemos a nosotros mismos”, ha añadido.

Para realizar este estudio, pidieron a 66 estudiantes de la Universidad de Cornell que llevaran un diario durante una semana, anotando todo lo que les ocurriera, sin importar que fuera o no trascendentales, e indicar si estas experiencias las habían compartido también ‘online’. Las experiencias fueron puntuadas, además, según la importancia.

Tras el registro, los investigadores descubrieron que al cabo de varias semanas –una semana y dos semanas después del registro– los eventos compartidos ‘online’ tenían una probabilidad mayor de ser recordados en el tiempo, sin importar sus características.