Éste ha sido el fin de semana de las Águedas en Almonacid de Zorita. En 2020 se han cumplido 22 años desde la recuperación de esta tradición, cuyo origen en el pasado almonacileño se oscurece la noche de los tiempos. Cerca de un centenar de mujeres se unían a ella, recabando con ello la mayor participación de los últimos años que, además, va creciendo con las sucesivas ediciones.

Los mayores del pueblo de Almonacid cuentan que era costumbre, cuando nacía un niño o niña, recibir su venida al mundo acercando la imagen de la Santa a casa de su familia. Fue el grupo de baile de Almonacid el que rescató esta tradición ‘Aguedas’, inicialmente como fruto del trabajo de unas clases de folklore, de cantes y bailes, en las que, además, se confeccionaron las vestimentas características que aún hoy se lucen cuando llega el momento.

En la villa alcarreña la celebración empieza el viernes, como sucedía este pasado día 7 de febrero. Allí, en el Salón de Plenos, el alcalde de Almonacid, José María Cañadillas, cedía el bastón de mando del Ayuntamiento, a la alcaldesa de las Águedas, que este año volvía a salir voluntaria.

Las Aguedas de Almonacid, más concurridas que nunca
Este año, la alcaldesa de esta celebración ha sido Amelia Serrano. La fiesta, recuperada hace 22 años, ha contado una gran participación, la mayor de los últimos años.

Amelia Serrano, almonacileña de pura cepa, que viene participando cada año de la fiesta, dio un paso al frente, para encabezar todos los actos convocados en 2020. El regidor almonacileño dio las gracias a la Asociación de mujeres por la recuperación y convocatoria, año tras año, de las Águedas de Almonacid, además de acompañar en su celebración, como también lo hacía la concejala responsable del área de Mujer, Beatriz Sánchez.

Varias alcaldesas de los últimos años acompañaron a Amelia en su toma de posesión. Allí estaban Rosa Ruiz, Martina Ortega y Rocío Sánchez, tan entusiastas de estas fechas, como lo es también Amelia. Para terminar la parte más institucional de esta bonita celebración, y allí mismo, la Asociación de Mujeres de Almonacid de Zorita invitó a pastas y vino dulce a todos cuantos se acercaron al salón de plenos.

El día grande de las Águedas en Almonacid llegaba el sábado. A eso de las doce de la mañana, llegaban los músicos, los Dulzaineros Kalaberas, de Guadalajara, que llevan tantos años amenizando la celebración con sus gaitas y tambores como ediciones tiene la recuperación de la fiesta. Bien puede decirse que, sin ellos -curiosamente, todos hombres- no hay Águedas.

Este año, el camino de la comitiva musical hasta la casa de la alcaldesa de las Águedas ha sido largo. Vive en la calle del Rollo, 23, así que el pasacalles se iniciaba por la calle José Calvo Sotelo, para continuar por las de la Ronda y del Juego Pelota, hasta llegar al domicilio de Amelia, siempre cuesta arriba. Allí esperaba la alcaldesa, con su bastón. Los dulzaineros tocaban una bonita pieza, en la puerta misma de la casa, y fueron varias las que se arrancaron a bailar.

Después, la comitiva de mujeres, se encaminaba hacia la Ermita de la Virgen de la Luz, donde iba a tener lugar el oficio religioso, atravesando la Plaza del Coso, por la calles del Gobernador y de la Virgen de la Luz. Resonaban las chirimías, rebotando entre las paredes almonacileñas camino del templo. En medio del altar, a media altura, la imagen de la patrona de Almonacid, tan querida por los hijos del pueblo, y, a un lado, sobre una hornacina sobre el suelo, la talla de la Santa Agueda.

Según la tradición cristiana, Santa Águeda de Catania fue una virgen y mártir del siglo III. Su festividad se celebra el 5 de febrero, por ser este el día de su muerte, después de sufrir martirio, en tiempos de persecuciones contra los cristianos, decretadas por el emperador Decio.  El procónsul de Sicilia, Quintianus, rechazado por la Santa, ordenó que torturaran a la joven y que le cortaran los senos.  Después fue arrojada sobre carbones al rojo vivo y revolcada en la ciudad de Catania, Sicilia (Italia).  Según cuentan, el volcán Etna hizo erupción un año después de la muerte de la Santa en el 252 y los pobladores de Catania pidieron su intervención logrando detener la lava a las puertas de la ciudad. Desde entonces es patrona de Catania y de toda Sicilia y de los alrededores del volcán e invocada para prevenir los daños del fuego, rayos y volcanes.  También se recurre a ella con los males de los pechos, partos difíciles y problemas con la lactancia, y, en general se la considera protectora de las mujeres.

Ofició la misa, el párroco local, José María Rodrigo, que además de ofrecer algunas reflexiones sobre la igualdad de género, animó a las almonacileñas a continuar la tradición y a añadirle nuevos valores, como hacen en Cogolludo, “que yo respetaré”, señaló. Surgieron también peticiones espontáneas a la Santa, relativas, por ejemplo, a que conserve la armonía y la amistad entre las almonacileñas, y a que la celebración no sólo no se pierda, sino que vaya a más cada año. La propia alcaldesa de las Aguedas, Amelia Serrano, leyó una poesía, escrita de su puño y letra, recordando a la Santa. “Me hace mucha ilusión venir todos los años. Cuando no puedo, me llevo un disgusto. Dijeron que iban a hacer un sorteo para elegir alcaldesa, pero antes, me animaron a ser yo, y acepté encantada”, contaba.

Después de la Misa y de la tradicional foto de familia, la celebración se prolongó por las calles de Almonacid. Antes, a las puertas mismas de la Ermita de la Virgen de la Luz, donde tuvo lugar el oficio religioso, los dulzaineros hicieron tres o cuatro piezas, que las almonacileñas bailaron con entusiasmo.

Después, la comitiva, siguió con la fiesta hacia el bar Don Chiqui, y terminó en el Hostal los Arcos, donde tenía lugar la comida de hermandad, a la que siguió el baile, y que terminó con un bingo. La alegría de este último tramo de la celebración, fue la extensión perfecta de la armonía que ha presidido, un año más, ‘Aguedas’ almonacileñas de 2020. Beatriz Sánchez acompañó y participó de la celebración a lo largo del sábado.

 
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