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Por un momento me pareció estar viendo una de las películas de Sissi Emperatriz en la que, María Vicente, guapísima, enfundada en un traje del XVI, precioso, le robaba el papel a la Schneider cuando entró en la iglesia Parroquial de La Asunción, de Huélamo, bajo el arco de honor formado por alabarderos y picas a lo largo del pasillo central. Los pies estaban en el suelo, sí, pero las emociones de los que allí estaban, salían por los ojos y de qué forma.

Antes, en la Misa mayor, además de la nota que puso el coro Alonso Lobo, José Antonio Campanero, párroco de Huélamo, fue capaz de soldar, en la homilía, un eslabón que unirá, creo que para siempre,  al Regimiento de Infantería “Tercio Viejo de Sicilia 67” con el pueblo de Huélamo. Tanto es así que su coronel, Manuel Alcalde, se llevó una copia del sermón que no fue tal.

Huélamo, estos días, estaba tomado por forasteros y por los que, en su día, se marcharon con sus padres en busca de ilusiones porque, los que viven aquí, saben de qué va la cosa. Y en ese ambiente del hola y, tú, ¿de quien eres?, se barruntaba algo especial que permanecía en el ambiente y, eso que, gracias a los programas de mano, se sabía que la jornada prometía lo suyo.

Desconozco si saben que, Huélamo, esparcido como en bancales, tenía arroyos con aguas que discurrían por algunas de sus calles siendo, el más principal, el que bajaba hasta el baile pero, como se ponía bravucón, lo canalizaron y, de esa forma, lo callaron para siempre porque lo que se ve ahora, son otros mini bancales entre sendos tramos de escaleras que te llevan a la Plaza de Julián Romero, en los que descansan macetas que alimentan pequeñas coníferas.

Pues bien, sabiendo que Huélamo estaba tomado, dejé el coche bajo una higuera que, al pie de un muro de contención, dejaba caer higos y más higos por el suelo -aunque no sé si maduros o no- pero, lo que llamó mi atención, fue un pequeño reguero de agua que discurría calle abajo en busca de la carretera que me condujo a la plaza del pueblo, a la de Julián Romero, en donde esperaban la llegada de la futura Comendadora que hizo su aparición por una calle paralela a la de la iglesia, hasta donde se personaron autoridades, caballeros, soldados con pinchos y alabardas y gente, mucha gente ataviada con vestidos del XVI a los que hay que añadir a los componentes del Regimiento ya citado con su banda de tambores y cornetas y, casi, de música.

Ya, en marcha, camino de la iglesia, la comitiva la componía mucha gente. Caballeros, alabardas, picas, damas, la aspirante a Comendadora, la nobleza de Huélamo y ya, autoridades civiles y militares reales como la vida misma: alcalde del pueblo vestido a la usanza de caballero de la Orden de Santiago, presidente de la Diputación Provincial, directora provincial de Educación, los coroneles citados en anteriores crónicas y todo un pueblo encantado y entregado a la labor de la jornada matinal.

La iglesia, de una sola nave, se presentaba como en la jornada de ayer con tres sillones en la zona del altar mayor cubiertos por tela azul oscuro, el repostero del Regimiento en la parte posterior y una gran bandera -con el escudo de la Orden de Santiago- que colgaba desde un coro que pide a gritos un arreglo urgente en las escaleras de acceso.

Bajo el arco formado por picas y alabardas en el pasillo central, fueron pasando los dignatarios y, con ellos, los tres poderes tradicionales de Huélamo que cobrarán especial relevancia e

l próximo viernes con los Cargos: el civil, el militar y el eclesiástico.

María entró en el templo como una reina ante las miradas de todos los asistentes y, tras algunas palabras del presentador, Miguel Romero, recibió el nombramiento de Comendadora al tiempo que ponían, sobre sus hombros, la blanca capa en la que destacaba, en rojo, el emblema de la Orden de Santiago. Un momento, roto por los aplausos, que quedará en la memoria del pueblo como el día en el que, María Vicente, secó el acuífero emocional de Huélamo: desde que nací, me siento huelamera. Mi madre me trajo al pueblo con apenas un año y, desde entonces, he disfrutado todos los momentos vividos aquí, dijo al principio de su alocución. Gracias por esta acogida. Que en un pueblo tan pequeño haya gente tan grande, es especial. Gracias.

Habló el coronel Manuel Alcalde agradeciendo el trato recibido durante estos días y casi se cuadra ante la recién nombrada Comendadora.

En el turno de la palabra, el presidente de la Diputación Provincial, Benjamín Prieto, que está estos días en todas partes, tras dar la enhorabuena a María por el nombramiento de Comendadora y por sus éxitos deportivos, dijo que quería agradecer al pueblo de Huélamo y a su alcalde, la invitación que se ha hecho a la Diputación Provincial para que estemos aquí. Muchas gracias al igual que al delegado de Defensa, a Ángel Cantera, por su presencia y esfuerzo para conseguir llevar adelante este evento y a todas las personas que, con esta recreación histórica, han conseguido lo que hemos visto y, a ti, María, qué decirte si ya eres embajadora de la provincia de Cuenca y de Huélamo desde donde te estaremos alentando.

La delegada de educación, cultura y deportes, Maria Ángeles Martínez, no salía de su asombro antes las escenas vividas:  me tiembla la garganta. Ha sido un acto muy emotivo, muy bonito, muy entrañable. Llevas el nombre de Huélamo y de Cuenca por todo el mundo, y quiero que sepas que te mandamos nuestro apoyo y energías. Lo que podamos hacer por ti, cuenta con nosotros, concluyó.

El alcalde, Leopoldo Martínez, comenzó su alocución teniendo un recuerdo para los que no estaban allí, en ese momento, porque estaban preparando la comida. Quiero agradecer a la Comisión formada hace un año: a Miguel Romero, a Ángel Jarque, Alberto, Inma…a todos los que han hecho posible esta especie de milagro plasmado en realidades que hemos hecho aquí, en Huélamo: alabardas, pinchos, vestidos, la peana donde se ha puesto el busto de J. Romero. A todos, un aplauso.

 

Tuvo palabras de agradecimiento la Guardia Civil, Diputación Provincial, Junta de Comunidades, al Regimiento Tercio Viejo de Sicilia 67 y, aunque se olvidara de muchos, para Ángel María Cantera. Seguro que me olvido de alguien pero, agradezco el tiempo dedicado y el que han quitado a su familia.

Dirigiéndose a María Vicente, emocionado ya, le dijo: Maria,  Huélamo es cultura y deporte. Tienes que seguir dando la imagen de nuestro pueblo por el mundo sin poder añadir palabra alguna porque, los sentimientos, así, en canal, lo dicen todo.

Solo queda esperar un año más para volver a soñar despierto porque, lo vivido en Huélamo, promete.