Las personas del signo acuario, como Isabel Castellanos, ven las cosas de otra forma si es que, de otra forma, se puede ver y mirar lo que uno quiere. Lo que uno amasa desde lo más profundo de su ser creativo cosiendo colores, juntándolos o, también, sacando hilos del río en el que se convierte una realidad a la que hay que poner partículas de polvo para dar volumen a los sueños.

Quizás por eso, Isabel ,  no se conforma con ver el agua a través del cristal con que se mira, sino que va más allá buscando vida en la ribera del alma. Como escribió A. Martínez Cerezo, en su Diccionario de Artistas españoles, “Isabel pone el espejo ante la vida para que, la vida, pinte en su espejo el paisaje”. Pero es que la vida misma es ella y, por eso, la vida pinta en su espejo las imágenes que le impactan y, también, las que le sorprenden.

Isabel Castellanos, Maribel, nace en esto de la pintura hace unos 30 años aunque, bien pensado, ya se manchaba las manos y plasmaba su realidad desde bien pequeña en el colegio de las Josefinas: cuando hacía el mapa en el colegio, con tinta china que se coloreaba con la pintura de polvillo y que, luego, había que rascarla con cuchilla. Me encantaba componer colores y colores y, por eso, pintaba los cielos a mi aire, dice Isabel recordando aquellos años de Josefinas, en la calle del Agua, a dos pasos de una plaza del mercado que un mal día se la llevó.

-El cielo es azul, decía la madre josefina.

-Pues yo lo veo así, respondía con cierto enfado. Cómo me entusiasmaba garabatear con los colores. Es que, es algo que llevamos dentro, añade Isabel.  Desde que uno nace, la moda, la pintura, el color… se nace con ello y, eso mismo, te va formando. Por eso siempre he sido autodidacta y, en cierto sentido, algo rebelde.

Los garabatos en el colegio eran la antesala de lo que, coloquialmente, definiríamos como vestir al desnudo utilizando esos hilos de colores y el polvo para dar forma y volumen. En mi pintura hay una conjunción de textura y color para dar volumen a lo que quiero representar. 

Lo hice antes y continué haciéndolo en mi fructífera etapa toledana en la que, por fin, tengo tiempo para mirar, asimilar, sorprenderme y plasmar mis emociones. En esas horas de espera a que salieran los niños del colegio, me asalta también la añoranza por mi tierra aunque, definitivamente, me he enamorado de Toledo sin perder de vista a mi Cuenca y, por eso, plasmo en mis cuadros ese Toledo que yo veo dice Isabel mostrándome cuadros de la etapa toledana. Pero, como digo, no me olvido de mi ciudad, de Cuenca, de sus colores invernales o de sus olores primaverales que plasmo desde mi interior añade Isabel Castellanos, sin olvidar  otoños de hojarasca pegada, en lo que cabe, a las ramas de unos árboles oníricos que parecen abrazar en esta exposición que, como su título indica, “Trayectoria”, define un camino que comenzó hace 30 años.  Es un recorrido genérico, sí. He tenido un pequeño negocio y por eso no me he podido dedicar a la pintura como hubiese querido. Por eso aquí, en esta exposición, se ve la evolución.

Es un impulso emocional con el que conjugo textura y color. Es el sentimiento que tengo cuando me pongo ante un lienzo en blanco porque, en ese momento, hay que llevar equipaje para que no te sorprenda nada.  Si no sabes lo que vas a hacer, mala cosa, asegura Isabel. Hay que llevar en lo más profundo de ti lo que quieres expresar.  Lo que intento plasmar es mi ánimo. Lo que he abstraído del paisaje, el color, el calor…es lo que quiero transmitir. Me gusta mi obra. Tiene mi sello. Es lo que intento con mis cuadros. Que sea una pintura que me identifique y todas las que se ven aquí, son mías en cuerpo y alma.

A Isabel la define muy bien su pintura que, en cierta forma, es textura, color y volumen en las formas. Una pintura que próximamente será vista en Andalucía. Textura y color. Mi color pastel, dice Isabel, en el momento en el que nos explica la evolución que ha experimentado con los árboles. El árbol es como una figura femenina, un duende que abraza y da calor a este otoño enrarecido. Ahí están las pinceladas y la magia de Cuenca. En esos árboles que, más que eso, son figuras femeninas que te atrapan. Algo onírico. Puro sueño.

Pues eso. Una serie de sueños que se podrán ver hasta el 9 de Diciembre en la sala de Exposiciones de la Diputación Provincial.