Firma invitada: Francisco R. Breijo-Márquez

En puro instinto y sin pensar salí en tu busca. Vestido de anhelo y cargado de abandono.

Estrictamente tu nombreAnduve a paso corto las largas calles revestidas de asfalto, arena , limo y recovecos sin dirección fija y al pairo rotundo. Mirando, sin ver, rótulos, gentes y cimientos.

Salí en tu busca como el ave cuando ha perdido al hijo, que gira y gira por los aires sin lograr consuelo alguno.

Sola en la eterna noche , vendida al derribo.

Abandonando el nido, el árbol y el río en un vuelo penoso sin punto cardinal que la cobije y alivie.

Codiciando enseñar lo que el hijo no llegó a ver. Volando y volando en amargo borneo allá donde el viento tenga a bien llevarla. Olvidando el punto de partida.

Así salí en tu busca. Perdido de mi mismo. En un vano intento de buscarme de nuevo en tus ojos, eternamente. Y encontrarme una vez más.

Sintiendo el corazón sorprendido, viejo y oscuro. Cayendo sin cesar en un sueño pedregoso, fiel acompañante de mis pasos más confusos.

Recubierto de una esperanza que la primavera – que tanto y tanto me amó- se negará esta vez concederme.

Pero, allá voy… en tu busca. Y a tu encuentro.

Con todos los fracasos cumplidos; y a cumplir el siguiente si el destino lo precisa y así lo dispone.

Si la busca fuese vana y el encuentro inalcanzable, no dejaré de escribir cartas de amor hacia el viento. Echándolas en ese buzón amarillo que descubrí en un descampado y donde jamás llegará cartero alguno a recogerlas.

Infructuosamente recordaré tus ojos y sus miradas, regalándome interminable ternura.

Infructuosamente recordaré tu manera de andar, abriéndome de para en par los brazos a la espera de un abrazo interminable.

Infructuosamente recordaré tu forma de sentarte en la terraza de cualquier bar arrabalero preparándome, mimosamente, la taza de té que reclamé al camarero, marcando los tiempos de temperatura a mi gusto.

Entonces- será entonces- cuando volveré a soltar palomas mensajeras hacia el cielo que siempre perderán el rumbo. Volveré a encender fuego en la azotea haciéndote señales de humo que el viento se encargará de emborronarlas.

Cruel fortuna tendré contigo; bufa y chanzeante se reirá incansable de una renovada luna de miel.

No te encontraré cuando llegue a tu destino. Me sentaré en la acera invocando nuevos milagros que no acudirán a mi cita.

Será entonces cuando llenaré una botella plena de versos de amor y duelo por ti. La tiraré a cualquier lejano mar de olas risueñas rogando ayuda a sus dioses.

Pero, una ola fiera y desalmada la aplastará con empeño contra la escollera de cualquier roca inadvertida. Y yo veré cómo naufraga , otra vez y sin descanso, la tierna esperanza y el nuevo error a cumplir de este inagotable loco.

Volveré a mis andanzas. A perderme en la ciudad inhóspita. Donde las gallinas no ponen y los geranios no hacen flor.

Intentaré de nuevo atrapar el infinito y hablar con Dios. Rogaré a la primavera que no me olvide, que vuelva a amarme, si es que fuera posible…si pudiera ser.

Relegaré al olvido tu forma de mirar, tus andares y la delicadeza con que siempre me obsequiaste. Tu manera de vestir y los abalorios que siempre te adornan. A aquel mar que nos empapaba para que el sol volviera a secar nuestras compartidas gotas saladas.

Relegaré al olvido tu todo.

Quedarás disuelta en esos sueños que nunca recuerdo al despertar.

Pero algo quedará para siempre entre mis afectos, ceremonias y cariños : ¡Tu nombre!

Estrictamente tu nombre.