
Dos cabalgan juntos por Zagora. El punto de partida a las dunas de Erg Chegaga

Hemos amanecido en las jaimas de Aladín, esta mañana, y todo el día de dunas, divertidísimo, para arriba y para abajo, de atasco al desatasco, vamos, estupendo afirma, así de rotundo, Manuel Sanz, que, en esta etapa, ha dado mucho de sí acercándose al folclore marroquí, de Zagora, cuando, en la jaima, se ha unido al grupo de percusión local golpeando un enorme bombo.
Después hemos partido hacia Zagora por el lecho del río Draa y, por fin, en esta ciudad, casi, de hábitat disperso, como la mayoría, si es que la observamos desde el aire porque parece eso, una ciudad desierta aunque, a pie de calle, no lo sea.
Zagora, conocida como la “Puerta del Desierto”, junto al río Draa al que nos hemos referido en los últimos días, es una ciudad tranquila, ubicada en la región de Souss Massa Draa, en el sureste de Marruecos, a pocos kilómetros de la frontera con Argelia. Un destino popular para los viajeros interesados en explorar el desierto del Sahara y el punto de partida para las excursiones a las dunas de Erg Chegaga donde, los visitantes, pueden disfrutar de paseos en camello y acampar en medio de las dunas bajo las estrellas. Además, Zagora es también una buena opción para aquellos que buscan alejarse de las rutas turísticas más populares y descubrir las tierras más recónditas de Marruecos porque, la ciudad, está rodeada de paisajes áridos y desérticos, lo que la convierte en la ciudad más calurosa de Marruecos. La vegetación es escasa y, las pocas áreas verdes y palmeras aisladas que se pueden encontrar, son un verdadero oasis en el desierto.
Nos vamos a alojar aquí, en Zagora porque, mañana, nos espera otra aventura más. Hemos atravesado poblaciones del sur de Marruecos, que veréis en los vídeos, que además de espectaculares ante nuestra mirada, no escapa de la misma una situación económica, precaria y preocupante, con un sistema de vida muy rudimentario. Gente que vive en construcciones típicas del desierto, adaptadas a él, y expuestas a una erosión brutal porque no olvidemos que, la mayor parte de estas construcciones “rurales”, son de adobe y, el viento, llega a ser una lija cargada de arena. Es, si analizáramos comparativamente lo que vemos por estos lugares, como si, de repente, en Cuenca, ahora mismo, en un viaje al pasado, nos trasladáramos a nuestros pueblos en los años 50 del pasado siglo.
Dos cabalgan juntos por el “erg”, una palabra utilizada para referirse a una zona arenosa del desierto, es decir, a las famosas dunas que nos vienen a la mente, cuando pensamos en el Sahara, a pesar de que, en realidad, la inmensa mayoría de este desierto es de carácter pedregoso.
Erg Chegaga, por donde discurre la acción de la jornada, es una zona de grandes dunas de arena fina y dorada, modeladas por la acción del viento y que, precisamente por ello, no son inmutables y cambian con el tiempo. Su contemplación es una auténtica experiencia, pues da la impresión de ser un inmenso mar que abarca toda la vista en la provincia de Zagora por lo que, Erg Chegaga, también es conocido como “desierto de Zagora”.
Nos hemos levantado en el hotel Riad Lamane, en Zagora, el hotel de Aladín, donde ha descansado Luis Lapeña que es, simple y llanamente, el héroe de estos días porque es el que está conduciendo.
Hoy, viernes, toca viajar a Marrakech pero ,antes de iniciar el camino, hemos ido al taller de Hali Fali para que revisara nuestro coche así que, como todo está en perfectas condiciones, salimos hacia Marrakech por la ribera del Draa; un espectáculo de kilómetros y kilómetros de porque, por algo, la zona está considerada como el mayor palmeral de Marruecos, afirma, en esta ocasión Luis Lapeña.
Vamos atravesando poblaciones pequeñas en las que, el índice de natalidad, no tiene tope y hace que veamos niños, y más niños, porque, según nos han dicho, hay tres horarios de colegio. Que se dividen en turnos, como ya pasó en España, aunque eso esté olvidado.
Vídeo. Las dunas del Erg Chegaga

