Si, ya sé que es el primer escrito del año dos mil diecinueve, que según la numerología al paño suma el numero tres, impar y falta. Claro que lo sé.

Mi propio gañote puede dar fe de ello cuando se atragantó allá por octubre, décima campanada, la uva con piel y pepitas que casi me impide zamparme a noviembre y diciembre.

Firma invitada: Francisco R. Breijo-Márquez. Doctor en Medicina. Full Professorship of Clinical and Experimental Cardiology at East Boston Hospital, Boston. Massachusetts. (On voluntary leave, currently)¡A mi me van a contar que es ‘año nuevo’…!

Cosas de la edad, dijeron incompasivamente mis hijas. Que esa infamia también tuve que tragármela. Y desazonarme en silencio, cual almorranas mentales.

En realidad, a mi me parece que es una noche más de todas las noches que he vivido y las que me queden por vivir. A la mañana siguiente no me noto ningún cambio respecto al anterior.

Por mucha vida nueva que digan, me sigo viendo las mismas arrugas  que el anterior y, posiblemente, algunos pelos menos en el cogote y unas cuantas canas de más. Francamente, algo nuevo si que es, pero desazonante.

Mi primera desazón de las muchas que seguro tendré. De las muchas que tuve. Como un aullido interminable que diría Jose Agustín a su  Julia.

Así pues, yo no soy de esos que pregonan el tan zarandeado ‘ de los errores es de lo que más se aprende’. Cometeré los  mismos o más que en año que se va. A mucha honra.

Ni lo pregono ni lo comparto por mucho que  encomien la frasecita tantos autores de culto y de inexcusable lectura (Coelho, Kipling, Anónimo y hasta Eisntein, Buda y otros citalologos tan destacados).

A  mi, los errores que cometo, – que son hartos y variados -, lo único que me producen es una desazón catedralicia; es más … un cabreo insolente y pertinaz que, por más que me empeñe en patalear mientras pienso algo así como «‘no aprendo, no aprendo’» que «no me la van a dar otra vez», pues me la dan y vuelvo a la desazón y el cabreo pataleante.

Ni aprendo de mis errores ni voy a aprender en lo que me quede. Y me alegro, nunca fui un estoico y siempre me cayeron mal los mismos.

Sin ser catódico, tampoco es que me enamoren los optimistas de prestado. Es más, me parecen sosos hasta el aburrimiento.

Prefiero aprender de mis éxitos. Tal vez porque son infinitamente menores que los errores y tardaré más en olvidar.

¡De los fracasos…allá tal cual!

Que , remedando al don Antonio, el gran poeta de lo sencillo, ni persigo la gloria ni quiero dejar huella en la memoria de nadie ni mis canciones (no canto en absoluto, salvo si me pimplo dos brandys semidestilados, en cuyo caso, Camarón, Gardel y Serrat se quedan en cueros vivos. Hasta la Callas, mire usted, en un aria de Mozart – desconozco qué pensarán mis contertulios festeros) ni mis escritos.

Con lo que me ahorro miles de desazones más, que añadidas a las cotidianas. Serían insufribles ya.

Para mi que una de las características de mi impoluta personalidad, -junto a la Paciencia – es la cantidad de desazones que me agarro a troche, moche, sin ton ni son que las acompañe y a «‘grito pelao’».

Como no aprendo, ni me da la gana, de los errores, pues siempre estoy medio cabreado sin compadres decepciones, porque las tales son desde ha tiempo costumbres tradicionales y me han hecho un callo enorme. Pero en todos los aspectos sin dejarme alguno. Sin callista que me socorra ni alivie.

A ver por ejemplo, ¿quién de ustedes ha visto u oído a cualquier candidato  (o candidata, ¡vayamos a liarla ya tempranito!) de cualquier puesto político al que pretenda , no prometer el oro, el moro y las diecisiete bienaventuranzas (o más)? Porque un servidor a ninguno (y ninguna). Se hinchan a decir tonterías inalcanzables y mejoras para todo el personal, fuere éste quien fuere. Luego ya, la cosa cambia.

Se inventan los más cretinos argumentos para explicar que , dada la situación actual -siempre provisional y recuperable – la cosa no se ha podido hacer todavía , pero que, ¿hacerla? ¡vamos que si la van a hacer…! No saben cuándo pero hacerla la harán. Y venga y venga la burra al trigo y con unas disculpas mal disimuladas, creen haber subsanado la cosa, aunque solo sea por un tiempo que les vendrá de perlas.

Lo que esta pasando en Andalucía – por simple ejemplo – es sangrante.

No tanto por los resultados de las elecciones sino por el tejemaneje de las interminables conversaciones entre los tres supuestos ganadores a la hora conquistar el gato y el agua. Y eso me desazona a base de bien. Que el partido ‘inesperado’ tenga las llaves del reino me produce risa.

No tanto por el propio partido en sí, sino por la pleitesía pasajera que le están ofreciendo los otros dos. Es para partirse la caja. No me digan que no. Eso si que son férreas convicciones éticas inamovibles. Todo lo demás, pura falacia, pura quimera.

Pronto llegaran las siguientes elecciones y pasará más de lo mismo. O sea, fingida firmeza en programa inamovible y desbarajuste total en coaliciones.

Para no alcanzar más metas que las de siempre: poco y mal trabajo, poco y mal sueldo y ‘ minutos de silencio’ en nombre de quien ya no puede oír ni silencio ni sardanas, ni el concierto de año nuevo en la uno – que cada año me resulta más tedioso, pero me lo trago – y el « lo tomas o lo dejas que hay cola y me lo quitan de las manos».

¿Existirá algunos de estos tipos que sea medio decente? Que ya no digo decente entero, puesto que es mucho más fácil que el olmo te de un manojo de peras.

Más de lo mismo, como se lo digo dentro de mi desazón inacabable. Y eso, francamente, cansa un montón. Que para eso está la frase de la variedad y el gusto. O la de renovarse o morir. O…muchas más que no me acuerdo ni quiero acordarme.

Mientras tanto, reconozco que en este primer escrito de dos mil diecinueve permanezco en constante y plena desazón.

¿Qué digo? ¿Desazón? ¡Cabreo puro, duro e interminable!

Me atraganté en octubre, tuve los santísimos de zamparme noviembre y diciembre chorreando zumo de uva por ambos carrillos.

Intenté sintonizar la Main street de Boston por ver si veía a algún colega en mi misma situación, pero nada. Mucha gente y además ya eran las cero seis aeme peninsular ibérica.

Otra tremenda desazón a añadir a mis múltiples.

Otra noche más, igual que ayer, igual que mañana. Ni más ni menos.

Tal vez – San Agapito me asista – más menos que más.

Feliz año nuevo a todo lector y lectora.

 

Firma invitada: Francisco R. Breijo-Márquez. Doctor en Medicina. Full Professorship of Clinical and Experimental Cardiology at East Boston Hospital, Boston. Massachusetts. (On voluntary leave, currently)