Por mucho y muy repetido que griten y arenguen los sabedores de todo y de todos, hay cosas que , por más que las pienso y analizo, no acaban de convencerme ni cuadrarme. Sin necesidad precisa de análisis minucioso. Me chirrian, me revuelven un poco la barriga y me pongo a olvidar fácilmente, cierto es.

Cuando las cosas no terminan de cuadrar
Francisco R. Breijo-Márquez

A este seguro servidor, el término ‘Política’ le resulta insulso, anodino, falto de rigor , ausente de significado cabal y solo un inmenso batiburrillo de pensamientos y acciones a cada cual mejor que las opuestas con un “que viva yo que tú no vales y punto en boca”. Al menos a lo que viene significando por pura exigencia de unos cuantos y cuantas y un apabullantemente asentimiento de la masa más mediocre.

“Política” no es otra cosa, desde que se fundamentó el término – allá por la la Grecia inmemorial – que todo lo que piensa, consulta, hace y evalúa la propia gente de de cualquier ciudad. Fuere ésta plebeya, aristocrática, eclesiástica o mediopensionista.

Y los llamados “políticos” deberían ser – solamente – los conductores de tales premisas. ¡Tan solo eso!

Inconcebible tal desde tiempos luengos y desarraigados. Pero me da que poco – nada en realidad – podemos hacer al respecto de cambios conceptuales y productivos.

La costumbre siempre será el alimento del anodino.

Así lo ve este seguro servidor sin ánimo alguno de innegociable tributo. Y me da que así continuará viéndolo.

Hoy me planto delante de las teclas, en incomoda postura y nebulosa mañana, para escribir someros apuntes acerca de la contaminación atmosférica, calentamiento global,y todas esas verdades relacionadas con la malas acciones del ciudadano de a pie.

Tengo entendido que para el veinticinco, todos los artefactos que utilicen gasoil, gasolina y sus similares van a ser prohibidos por la altísima contaminación que generan sus combustiones provocando gigantescos torbellinos de humo insano – que lo es – repleto de anhídrido carbónico y monoxido de carbono entre otros miles de elementos no clasificados todavía.

Y este seguro servidor está plenamente de acuerdo: todo maleficio debe ser objeto de inminente desaparición. Contaminar el planeta, los países y las ciudades es mala cosa para todos nosotros y nuestros descendientes. ¡No está nada bien dejar el planeta cual árido bancal!

Lo que ya no me cuadra tanto es que se limiten las autoridades altamente competentes (reunidas en altos e insignes congresos anuales para reconsiderar el tema y cuya sobra de comilonas debemos dar por hecho que son exquisitamente recicladas) en tan transcendental empeño a los nocivos vehículos de motor urbanos; al llamado reciclaje de basura en contenedores de distintos colorines – en mi cocina no caben tantos colores ni arrejuntandolos prietamente- y poco más. Si los ciudadanos fuéramos más conscientes de tales consideraciones, otro gallo cantaría al planeta.

No. No acaba de cuadrarme que seamos solo los ciudadanos incívicos los únicos causantes de tales tropelías al mantenimiento del buen orden y conservación del medio ambiente de pueblos, ciudades, países, continentes y planeta.

Absolutamente todos los días puedo observar en los cielos humaredas lineales – con algunas filigranas – de aviones reactores que salen de la base militar más cercana, en maniobras militares nos dicen: Despegan, van a Hamburgo a tomar unos potes con sus camaradas y vuelven puntuales a comer. Asómese usted a cualquier aeropuerto de pasajeros civiles y, si tiene tiempo y ganas, cuente cuántos aviones entran y salen de las pistas. Miren los videos de tanques y demás vehículos belicosos. Imaginen la cantidad de bombas atómicas y subatómicas que los gobiernos poderosos prueban en los lugares más solitarios y restringidos para probar si la tienen lo suficientemente grande.

Como poco, utilizan queroseno para moverse. Que no deja de ser uno de los productos más contaminantes – si no el que más – para el medio ambiente. Mezcla de hidrocarburos de todos los colores que se obtiene de la destilación del petroleo natural. O reacciones químicas de arranque y mantenimiento que vaya usted a saber su composición.

¿Ven como no puede cuadrarme? Son aparatos a motor o reacción millones de veces más contaminantes y tan abundantes como el parque automovilístico de su ciudad. Y de ellos…nada se dice, nada se comenta, nada se prohíbe.

¡Hombre! Basta ya de tanto agravio comparativo, digo yo. Que por el hecho de que estén petados de galones, chorreras y sables al cinto, no son más elegantes que el último chándal que me he comprado en los chinos para hacer ejercicio e inspirar el aire más puro del campo, cerca de la base aérea de mi pueblo.

Esos trastos en estricta vigilia de la completa paz que en todo el planeta se respira (como evidente resulta), si que contaminan el medio ambiente. Y a base de bien.

Pero no he oído nada acerca de si les regañan o no por no utilizar energía limpia. Que ya ni sé cuál es. ¿Híbrida? ¿Eléctrica? ¿A pedales?
Conservar el planeta está bien. Está muy bien. ¡Genial! Pero ‘o jugamos todos o rompemos la baraja’. Vamos…digo yo.

Lo que no me cuadra, no acaba de cuadrarme.

Bueno, voy a fumarme mi L&M que ya me toca. En el retrete por supuesto.

Firma invitada: Francisco R. Breijo-Márquez. Doctor en Medicina. Full Professorship of Clinical and Experimental Cardiology at East Boston Hospital, Boston. Massachusetts. (On voluntary leave, currently)