Chillarón de Cuenca convierte su Fiesta de la Iglesia en una celebración igualitaria que une a todo el pueblo
Chillarón de Cuenca, a solo ocho kilómetros de la capital, vive este fin de semana la edición más vibrante de su Fiesta de la Iglesia, una tradición única en España que cumple 185 años desde su inauguración el 21 de febrero de 1841. Lo que empezó como un esfuerzo colectivo para levantar un templo ante una ermita ruinosa se ha convertido, con los ayuntamientos democráticos, en un evento inclusivo que fortalece el tejido social del pueblo.
Orígenes humildes en el cerro del Pozuelo
Hace casi dos siglos, los vecinos de Chillarón se asentaron en el cerro del Pozuelo, dejando atrás una ermita deteriorada por un arroyo que amenazaba su cimentación. Bajo el impulso del cura don Frutos Mingote y el alcalde Fulgencio Ayllón, en 1839 se convocó al pueblo para afrontar la falta de fondos; fue Paulino González quien propuso que todos aportaran mano de obra y materiales, con el obispo Jacinto Rodríguez cubriendo a los albañiles. Las obras arrancaron en enero de 1840 y culminaron un año después, instalando retablos y un órgano que la Guerra Civil destruyó en 1936; un relato histórico que, Liberal de Castilla, ya recogió en coberturas previas como la de 2021 y 2022 cuando la pandemia limitó las fiestas y que marca el germen de una devoción colectiva.
De privilegios a igualdad democrática
El alcalde Vicente Reyes rememora cómo antes de la democracia, en los años 70, solo los pudientes —médicos, secretarios o veterinarios— disfrutaban de cordero asado mientras, el resto, recibía cacahuetes y un poco de vino. «Desde el primer Ayuntamiento democrático en 1978, en el que participé, lo cambiamos: fiesta para todo el pueblo, comiendo lo mismo y siendo iguales», explica Reyes, subrayando la evolución con lo que se sigue haciendo en la actualidad: la caridad repartida una vez finalizada la misa, las judías y la fritura del cerdo compaginadas con menús compartidos que hace que, la fiesta, dure casi tres días, con cenas de sobaquillo, discotecas móviles, conciertos y juegos infantiles como los que se han desarrollado en la mañana de hoy, bajo el amparo del AMPA.

Por cierto, otra sorpresa que deparó la mañana del sábado, en la misma iglesia, fue la exposición de arte sacro. Un conjunto de obras compuesto por cuatro cálices, un píxide (portaviático) de plata del siglo 18 y, sobre todo la custodia, del siglo 18, salida del obrador de Manuel García Crespo.
La Peña de la Cueva y el equipo incombustible en la cocina
Alfonso Bermejo, uno de los cocineros fijos junto a Honorio de las Heras, José Luis Lucas, Juan Durán o Gerardo Tejeda, detalla desde los “sartenones” exclusivos cómo preparan media canal de cerdo, caldereta de cordero, tocinillos y magras. Una tradición que arranca, que viene de cuando crearon la Peña de la Cueva “en un terreno cedido por el Ayuntamiento en el que había una cueva de piedra con boqueras, con huecos, que, poco a poco, entre todos, convertimos en nuestro local social y en donde aprendimos a hacer estas cosas. Somos los mismos, año tras año, pelando el gorrino dos horas la noche anterior; hay gente que ayuda en un momento dado pero confío en que vengan relevos aunque, nadie, es imprescindible», afirma Bermejo, evocando tiempos pasados de matazones caseros ahora prohibidos.
Reconocimientos que perpetúan la llama
Esta edición destacó, especialmente, por homenajes a personas del pueblo que, como Hortensia, esposa de Honorio, lleva más de 20 años elaborando las judías, poniendo el toque especial a las judías y homenaje póstumo a José María Romero Carralero, impulsor de los mayos.



