Hay momentos en los que una siente con claridad que algo importante está empezando, momentos en los que no solo se escuchan ideas, sino que se percibe una ilusión compartida. Eso es lo que viví hace apenas unos días en Madrid, en un encuentro con empresarios donde se habló de Castilla-La Mancha, de su presente y, sobre todo, de su futuro.
Desde hace unas semanas soy diputada autonómica y no había asistido previamente a actos de este tipo. Es por eso que lo viví con la curiosidad de quien quiere aprender y con el orgullo de quien representa a su tierra. No fui la única que se sintió así, ya que algunos empresarios manchegos que acudieron al encuentro, personas que conocen bien la realidad económica de nuestra región, se me acercaron después y me dijeron haber quedado impresionados al escuchar al presidente, Paco Núñez, ya que conoce nuestra tierra, cree en ella y confía en su gente. Además, se mostraron conscientes de su confianza en el potencial que tenemos y de que tiene un proyecto, con las medidas necesarias, para lograr que Castilla-La Mancha alcance el lugar que merece.

La sala estaba llena de pequeñas y medianas empresas, de hombres y mujeres que cada día levantan la persiana de su negocio, que arriesgan, que crean empleo y que sostienen nuestra economía con esfuerzo y sacrificio. Era un público exigente, que no acude a escuchar palabras vacías, sino a buscar certezas, dirección y compromiso.
Y el discurso fue claro, lleno de ideas frescas, transmitidas con agilidad, con convicción y con una fuerza serena que conecta con quienes aman esta tierra y creen en sus posibilidades. Pero más allá de las palabras, lo que se percibía era algo más profundo: un liderazgo ilusionante.
Castilla-La Mancha está ante una oportunidad histórica por nuestra posición, por la cercanía a Madrid, por el talento y la capacidad. Podemos convertirnos en el territorio natural de crecimiento del sur de Europa, ya que Madrid es hoy uno de los grandes motores económicos del continente, y nuestra región tiene todo para convertirse en su socio preferente. Por supuesto, no para competir, sino para crecer juntos, para complementarnos y generar oportunidades a ambos lados de esa frontera administrativa que nunca ha sido una frontera real para quienes vivimos y trabajamos aquí.
Como alcaldesa de El Pedernoso, un pequeño pueblo manchego, lleno de dignidad y de gente trabajadora y emprendedora, sé bien lo que significa luchar cada día por ofrecer oportunidades a tus vecinos. Sé lo que significa mirar a los jóvenes y querer que se queden, que construyan su vida aquí, que no tengan que marcharse para encontrar un futuro. Y como diputada autonómica, siento la responsabilidad de contribuir a que esa esperanza se convierta en realidad.
Castilla-La Mancha no carece de talento ni de capacidad, lo que necesita es confianza en sí misma, en su potencial y en que podemos aspirar a más. Necesitamos una tierra donde emprender sea más fácil, donde invertir sea más atractivo, donde el esfuerzo tenga recompensa y donde el talento encuentre oportunidades. Necesitamos una Castilla-La Mancha que deje de conformarse y empiece a liderar su propio futuro.
Por eso, lo que vi y sentí ese día en Madrid fue importante. Porque no solo se habló de economía, se habló de ilusión, de futuro y de una Castilla-La Mancha que quiere avanzar, progresar y ocupar el lugar que le corresponde.
Sin lugar a dudas, estamos ante un liderazgo ilusionante, que triunfó en una plaza importante como es Madrid, ante un público exigente que no regala aplausos, pero que supo reconocer un proyecto serio, ambicioso y lleno de esperanza. Salí de aquella sala con una convicción más fuerte que nunca: Castilla-La Mancha tiene futuro, y ese futuro empieza cuando creemos en nosotros mismos.
Opinión de Ana Cantarero Fresneda. Diputada autonómica del PP-CLM y alcaldesa de El Pedernoso

