Vídeo entrevista

 

Antonio Hernansanz

Antonio, a la sombra de su tío Miguel, enraíza en esto de la alfarería con apenas 14 años en ese rincón, mágico, del Camino del Terminillo del que salían piezas emparentadas con la cultura griega. Figuras que, pronto, las alargan para adaptarlas a la vasija. Por eso Antonio Hernansanz se define como ceramista más que alfarero porque, del torno, salía lo que salía pero, de las manos, los objetos se multiplicaban como panes y peces: “cuando son piezas en el torno me fijo en la figura, que sea estilizada y si se trata de un encargo, pues me adapto a las circunstancias. Dibujo bocetos y, de ellos, sale la pieza”, explica Antonio al que hemos sorprendido a la puerta del alfar, en una mañana de mayo aunque falten 10 días para acabar febrero, idealizando una cuba de madera bajo el emparrado.

“La cerámica ha evolucionado mucho. Del torno, la atención la he volcado en los cuadros, en los trofeos deportivos…Es que este mundo, el de la cerámica, ha evolucionado muy rápidamente. Día a día cambia. De la cerámica turística hemos ido a otros mundos gracias a la genial idea que, en su día, tuvo Pedro Mercedes cuando se dio cuenta de que, en las casas, con el agua corriente, ya no era útil el botijo ni el cántaro pasando de la alfarería utilitaria a la cerámica de diseño y dibujo que, al tiempo, coincidió con el auge del turismo. Fue un momento cumbre, genial” dice Antonio, que cubre la cabeza con sombrero de paja mientras desglosa ocurrencias y  resbala el pincel por la madera, o por los aros de una cuba que pronto adornará uno de los bares de la Plaza Mayor de Cuenca.

El material que utiliza Antonio, el base, el fundamental, es la arcilla en sus distintas variedades según el objeto a realizar y el acabado que queremos. “Los esmaltes también los utilizo. Arcilla y esmalte negro. Depende de lo que te pidan. Pero mis colores son el rojo y el negro, el blanco y los azules con técnica de raspado que es la de Cuenca”.

 
Comparte esta noticia: