No sé si Alberto Einstein dijo o no aquello de “ …hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana. Y de la primera no estoy muy seguro…”.

Pero fuera quien fuera quien ideó la frase, acertó de pleno.

A orillas de la muerteAl menos así piensa el firmante. Él mismo incluido, que ya está bien de criticar al de enfrente de estúpido sin haber mirado nuestro ombligo aunque fuera de refilón.

Esto de las modas y sus consecuencias lo llevo bastante mal. Horroroso a buen decir y escribir.

El otro día, sin ir más lejos, una compañera de trabajo me comentaba que iba a salir antes del curro porque tenía cita con el dentista para que pusiese a su hija un aparato en los dientes, que aun sin saber cómo se llama, si sé que es una especie de metal que se pone en los mismos para ponerlos en su adecuado sitio. Ortodoncia o algo así parecido, creo.

Al comentarle el firmante que por qué no la retrasaba ( la cita digo) me dijo eso podía hacer… que menuda le armaría su hija si ni lograba llevar los alambres cuanto antes y lucirlos en franca e impertinente sonrisa casi perpetua a fin de que sus amistades los vieran y fardar un mucho ante ellos.

¿Cómo? – díjele yo, asombrado – .

Como te lo digo, díjome ella. Está de moda llevar esos artefactos en la boca, enseñar los dientes cuanto más tiempo mejor y quedar como la más cul de las cul (o sea, ‘cool’ en su acepción original).

¡Está de moda!

¡Increíble mi anacronismo y mi mal gusto!

Y mayor pecado por mi parte al no estar al loro de las tendencias nacientes con ánimo de perpetuidad. Una antigualla es lo que debo ser y parecer.         Cuando el firmante era más joven y más indocumentado, el ver a infantes con esos artefactos era motivo de “bullying”, fijo.

Tan de moda el vocablo y tan antigua la consecuencia de la que un día de estos escribiré.

Pues ahora, si los ‘pollitos y pollitas’ no llevan uno puesto, más les valdría no salir a la puerta de la calle. Por lo visto. ¡Menuda vergüenza salir por esos lares de dios sin cables dentarios! ¿Qué dirán los coleguitas?

Viene todo esto a colación del “ selfi” (léase selfie), moda que se puso de ‘moda’ hace unos años y que no cesa por mucho que al firmante le parezca repelente.

He podido valorar que los incondicionales del mismo, son capaces de arriesgar y dar su vida con tal de conseguir su cometido.

Una especie de dejar huella en este mundo cruel, digo yo, y que sus herederos – de haberlos – se sientan orgullosos de su hazaña. De otra forma, no se entiende. Al menos yo. Que ya tiene narices la cosa y un ‘valor’ inconmensurable lo heredado.

Hace un par de noches, en las noticias de atresmedia (creo) se hincharon de poner y reponer un vídeo sobre la muerte de un instructor de ala delta que llevaba a un pasajero con la finalidad de enseñarle el tema y provocarle experiencias nuevas.

El tío – es chino, o parecido – llevaba el puñetero selfie y su palo desde que despegó y no lo soltó ni a la hora de la más que probable muerte amén.

Se ve perfectamente como salta un tornillo – o algo así – y el instructor ,cuyo nombre desconozco, hace todo lo posible por enderezar el entuerto, salvar la vida del supuesto instruido y . a ser posible, la suya propia.

Lo primero lo consiguió agarrando al chino instruido del cuello para que no se soltase y cayese a las profundidades estampándose con cualquier roca mal puesta haciéndose mucha pupa. Lo segundo no lo obtuvo y se estampó él contra la mencionada roca quedándose frito a la primera de cambio. Muerte súbita en bajada libre y sin control se suele llamar a eso.

En cambio, el instruido chino no soltó ni un segundo el jodido palo de selfie. ¡Para la eternidad! Supongo que debió pensar.

¡Hay que ser gilipollas y maleducado! Si te están ayudando a no pegarte el castañazo, ¡Joer, intenta hacer lo mismo con el prójimo y suelta el palo selficiero para intentar socorrer también a quien lo está haciendo por ti!

Pues como si se opera de cataratas niagareñas, oiga.

A orillas de la muerte y sin soltar el puñetero palo.

¡Alucinante! ¡Fascinante! !Deslumbrante! Y…¡Estúpido a más no poder!

Por una maldita moda que no ha pasado, desgraciadamente, de moda.

El firmante será una obsoleta antigualla, vale.

Pero no le cabe en las mientes que una moda que viene y suele irse ponga en tela de juicio la propia vida y las de los demás.

Lo de los aparatos metálicos en los dientes y presumir de ellos es una chaladura como templo salomónico y motivo de ‘bullying’ en mis tiempos fijo.

Lo de los selfies y sus palos da de pleno en la más escabrosa estupidez.

Si de veras fue Alberto Einstein quien dijo la frase que escribo al principio…otro mérito para el buen señor.

¡Vivir para ver! Que dice el dicho.

Francisco R. Breijo-Márquez. Doctor en Medicina. Full Professorship of Clinical and Experimental Cardiology at East Boston Hospital, Boston. Massachusetts. (On voluntary leave, currently)