Una biblioteca. Entro. Y lo hago sabiendo que una biblioteca no son sólo libros en una estantería, aunque todo fluye maravillosamente en torno a ellos. Quienes somos de Guadalajara tenemos la suerte de saber que nuestras bibliotecas son mucho más. Todo lo que confluye en ellas crea un oasis de convivencia.
En nuestra biblioteca, dos señores charlando en un banco al abrigo del hall, miran y saludan con los ojos. Al entrar, los buenos días, casi automáticos por la concentración, del trabajador y la trabajadora de la entrada.
Una decena de personas leen la prensa del día: noticias frescas, tiempo y un lugar ideal para ocuparlo y estar informado. Una rutina y un hábito que disfrutan escudriñando la actualidad.

Una niña sale con su madre de la sección infantil negándose a marcharse. Coge cualquier libro que encuentra a su paso y se sienta. Cualquier rincón del pasillo es buen sitio para ver cada cuento que llega a sus manos, retrasando su despedida de este lugar.
Y en la sala: libros, libros, libros… Silencio y un cómodo murmullo que te envuelve y te invita a disfrutarlo. Aquí está todo lo que te imaginas: una guía de viaje para tu escapada a Malta; la enciclopedia de la carpintería; la novela más triste; el relato de guerra más realista; el libro de chistes; el ensayo sobre las mujeres menos conocidas de la copla española; el cómic en el que ganan los buenos a los malos; la novela juvenil que se lee a deshoras bajo las sábanas; un libro sobre el placer; el clásico más clásico de los clásicos; uno de la historia de la moda… Y todos los que no te imaginas también están aquí esperando otras manos y otros ojos que los cojan y los lean.
El espacio de esta biblioteca se transforma cada día. Igual hay un coro, que una conferencia, un recital que un homenaje, un concierto que una exposición. La cultura busca sus formatos y aquí los encuentra todos.
Ahora mismo, conviven adolescentes de un instituto cercano que encuentran en esta biblioteca su refugio para el recreo; un señor mayor que ‘scrollea’ su Smartphone sin prisa y con interés; paseantes pausados entre las estanterías de cada sección esperando encontrar el libro buscado; personas de todas las edades que estudian desde las características del canto gregoriano hasta los poderes del estado; clubes de lectura y talleres de toda índole.
Las personas que acuden a una biblioteca son de lo más variopintas. En edad, de cero a cien diría yo. Y más diversidad: en este rato que llevo escribiendo estas líneas, he oído catalán, árabe y castellano. Cada cual va vestido como le da la gana. Nadie se incordia ni se juzga. Todas las personas encuentran su libro, su espacio y su momento en esta biblioteca.
La observación me produce una sensación reconfortante. La convivencia, la interacción, el conocimiento, la diversidad, el respeto… Y pienso en cuánta falta hace esto a la sociedad en general. Una biblioteca, nuestras bibliotecas son el ejemplo de lo que el mundo necesita. Acabo estas líneas y me voy pensando que ojalá el mundo tuviese un poquito más de biblioteca.
Por todo ello, hoy, como siempre:
FELIZ DÍA DE LAS BIBLIOTECAS
Opinión de Gemma Mínguez Pastor, concejala socialista en el Ayuntamiento de Guadalajara

