El verano climatológico de 2026 se ha posicionado como el más cálido registrado en Castilla-La Mancha desde que comenzaron los registros oficiales de la serie en 1961, según el balance presentado este jueves en Toledo por el delegado del Gobierno en la región, José Pablo Sabrido, y el responsable territorial de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), Luis María Bañón. El trimestre arrojó una temperatura media regional de 25,9 grados centígrados, lo que representa una anomalía térmica positiva de 2,4 grados respecto a los valores normales del periodo de referencia 1991-2020. En las horas centrales del día, el termómetro fijó una media de máximas de 34,4 grados (2,7 grados más de lo habitual), mientras que las mínimas nocturnas alcanzaron los 17,4 grados, situándose 2 grados por encima de la norma.

El informe técnico califica el periodo estival como extremadamente seco tras constatar un déficit de precipitaciones del 43 por ciento en el conjunto de la comunidad autónoma, donde las tormentas puntuales y localizadas no consiguieron amortiguar la sequía generalizada. En el análisis por provincias, Albacete encabezó las desviaciones térmicas más elevadas, seguida inmediatamente por Cuenca, Guadalajara y Ciudad Real en un segundo escalón de anomalía térmica, y Toledo en tercera posición. La jornada más sofocante se vivió el pasado 22 de julio, fecha en la que la mitad de los observatorios de la red de AEMET alcanzaron o rebasaron la barrera de los 40 grados, si bien el registro absoluto del periodo correspondió a Hellín con 43,5 grados el 23 de junio. Para los meses otoñales de septiembre, octubre y noviembre, las proyecciones estacionales apuntan a la continuidad de un escenario térmico por encima de la media histórica, en consonancia con la tendencia cálida instalada en la última década.
Este registro pulveriza las marcas de calor precedentes en las provincias de Cuenca y Guadalajara, donde los veranos de 2022 y 2025 ya se habían situado en los primeros puestos históricos de la serie de la AEMET con anomalías térmicas continuadas y acusada escasez pluviométrica. La concatenación de estos tres ejercicios confirma una alteración estructural en el comportamiento estacional de la región, que durante los pasados meses de julio y agosto obligó a activar de forma reiterada el plan autonómico METEOCAM en comarcas como la Serranía de Cuenca o las Parameras de Molina debido a tormentas convectivas severas con granizo y fuertes rachas de viento sobre un territorio castigado por el estrés hídrico.

