A las 20 horas del sábado una tormenta eléctrica se desató en Setiles y la ‘doble sesión de cine de verano’ anunciada para esa noche peligraba. Pero parece que el cielo se quiso sumar a la fiesta y poco después de las 21 horas, entre un grupo de adolescentes y de amistades varias de la directora, Annabella Martínez Cejudo, consiguieron transformar el trinquete, en aquel momento desierto y con el suelo mojado, en una sala de cine al aire libre, con más de 100 sillas y una pantalla y un proyector prestados por la Asociación Cultural Amigos de Tordellego, un pueblo vecino.
Finalmente, a las 22:30 horas comenzó la proyección de El Diablo de Setiles, un documental de 22 minutos, que cuenta en qué consiste esta tradición que se celebra cada año el 28 de diciembre. Esta botarga, la única del Señorío de Molina incluida en la Ruta de las Botargas de Guadalajara, tiene algunas características que la hacen muy particular frente a otras similares. “Es una tradición que se celebra desde hace muchas décadas en el pueblo, y conocí que una familia del pueblo lleva años fotografiándola y grabándola en vídeo, y pensé que era un material audiovisual muy interesante y que un documental podría contribuir un poquito a preservar esta fiesta tan única”, explica la periodista Annabella Martínez Cejudo, valenciana, pero de origen setileño. El documental, financiado por el Ayuntamiento de Setiles, se estrenó el 18 de julio en el Espacio Anida de Molina de Aragón, “pero para mí era importantísimo, y muy especial, poder exhibirlo en el trinquete del pueblo, como ya hicimos hace 20 años”, señala Annabella.

Un lugar donde volver … dos décadas después
Tras el documental se proyectó Un lugar donde volver, un corto de ficción que se rodó en el pueblo hace nada menos que 20 años. La realizadora cuenta que presentó el guión a los Premios Bancaja de Cortometrajes y consiguió un premio de 6000 euros, “con el que pudimos hacer el cortometraje, sobre todo porque conté con un equipo de amigos y amigas que se volcaron en el proyecto, y sin cobrar nada, porque necesitamos todo el dinero para la producción: alojamiento del equipo y actores, comida, traslados desde Valencia”. Por eso el sábado se emocionó al recordar el rodaje, que contó con los actores valencianos Isabel Requena y Josep Manuel Gil en los papeles protagonistas, pero también con muchas vecinas y vecinos del pueblo que actuaron en papeles secundarios y como figurantes, “porque tengo la inmensa suerte de haber contado para el documental, dos décadas después, con prácticamente el mismo equipo que grabamos aquel corto del que todos tenemos un maravilloso recuerdo”.
Dinamización cultural y memoria
Iniciativas como esta ponen de manifiesto la importancia de seguir dinamizando la vida cultural de los pequeños municipios de Guadalajara y de acercar diferentes expresiones culturales a todos los rincones de la provincia, también a aquellos pequeños pueblos donde organizar una actividad cultural supone, muchas veces, un esfuerzo añadido.
“Yo creo que llevar el cine al pueblo es mucho más que proyectar una película. El sábado, entre imágenes del pasado y el presente, el cine reunió a los vecinos, recuperó historias y volvió a mirar a lugares y rostros que ya forman parte de nuestra memoria, y también disfrutamos de una tradición que perdura actualmente y goza de buena salud”, asegura la periodista. “Además, a mí me gusta pensar que ese sábado por la noche la pantalla consiguió hacer algo tan sencillo y tan poderoso como detener el tiempo, porque nos permitió volver a ver cómo era el pueblo hace 20 años, todo lo que ha cambiado, y recordar a esas personas que ya no están con nosotros”.

